El cuerpo lleva la cuenta - Reseña crítica - Bessel van der Kolk
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El cuerpo lleva la cuenta - reseña crítica

El cuerpo lleva la cuenta Reseña crítica Comienza tu prueba gratuita
Autoayuda y motivación, Psicología y Desarrollo personal

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9788494759208

Editorial: Eleftheria

Reseña crítica

El cuerpo lleva la cuenta ha sido traducido a 20 idiomas y ha vendido más de un millón de ejemplares en todo el mundo. Ha estado intermitentemente en la lista de bestsellers del New York Times de la sección de ciencia desde su publicación en inglés en 2015.

Su punto de vista profundamente empático es revelador y compasivo, lo que augura una mayor humanización y efectividad del tratamiento de las víctimas de traumas. ¡Anímate a superar tus traumas y ser feliz!

Redescubrir el trauma

Una de las cosas más difíciles para las personas que han sufrido un trauma es enfrentarse a los remordimientos de cómo se comportaron durante el episodio traumático, tanto si está objetivamente justificado (como en la comisión de atrocidades) como si no (como en el caso de un niño que intenta apaciguar a su abusador).

Ya es suficientemente difícil hacer frente al sufrimiento infligido a otras personas, pero muchos individuos traumatizados, en lo más profundo de sí mismos, sufren incluso más por los remordimientos que sienten por lo que hicieron o no hicieron bajo ciertas circunstancias.

Se desprecian a sí mismas por lo aterrorizadas, dependientes, excitadas o furiosas que se sintieron. Hace falta una confianza enorme y mucho valor para permitirse recordar.

La gente traumatizada tiende a superponer su trauma a todo lo que le rodea y le cuesta descifrar lo que sucede a su alrededor.

Además, les cuesta muchísimo imaginar. La imaginación es fundamental para nuestra calidad de vida, nos permite evadirnos de nuestra existencia rutinaria al fantasear con viajar, comer, el sexo, enamorarnos o tener la última palabra; todas las cosas que hacen que la vida sea interesante.

La imaginación nos da la oportunidad de contemplar nuevas posibilidades; es una plataforma de lanzamiento esencial para que nuestras esperanzas se hagan realidad. Enciende nuestra creatividad, mitiga el aburrimiento, alivia nuestro dolor, mejora nuestro placer y enriquece nuestras relaciones más íntimas.

Cuando las personas se ven arrastradas constante y compulsivamente al pasado, a la última vez en que sintieron una implicación intensa y unas emociones profundas, sufren falta de imaginación y pérdida de flexibilidad mental. Sin imaginación, no hay esperanza, no hay posibilidad de contemplar un futuro mejor, no hay sitio adonde ir, no hay objetivo que alcanzar.

Las personas traumatizadas miran el mundo de un modo fundamentalmente diferente al resto de personas.

Para la mayoría de nosotros, un hombre bajando por la calle es simplemente alguien dando un paseo. Una víctima de una violación, sin embargo, verá a una persona que va a abusar de ella y les entrará pánico.

Un maestro severo puede ser una presencia intimidante para un niño normal, pero para un niño cuyo padre le pega puede representar un torturador y provocarle un ataque de ira o dejarle encogido de miedo en un rincón.

Nadie quiere recordar un trauma. En este sentido, la sociedad no es diferente de las propias víctimas. Todos queremos vivir en un mundo seguro, manejable y previsible, y las víctimas nos recuerdan que esto no es siempre así.

Para comprender el trauma, debemos superar nuestra reticencia natural a confrontar esa realidad y reunir el valor para escuchar los testimonios de los supervivientes.

El funcionamiento del cerebro

Freud y muchos de sus seguidores creían que las recreaciones eran un intento inconsciente de lograr el control de una situación dolorosa, y que a la larga podrían llevarla a su dominio y resolución. No hay ninguna evidencia que respalde esta teoría; la repetición solo lleva a más dolor y más odio hacia uno mismo. En realidad, incluso revivir el trauma repetidamente en la terapia puede reforzar la preocupación y la fijación.

La adrenalina es una de las hormonas críticas para ayudarnos a luchar o a escapar en situación de peligro. El aumento de adrenalina acelera el ritmo cardíaco y la presión sanguínea.

En condiciones normales, la gente reacciona a una amenaza con un aumento temporal de las hormonas del estrés. En cuanto la amenaza desaparece, las hormonas se disipan y el cuerpo recupera la normalidad.

Las hormonas del estrés de las personas traumatizadas, en cambio, tardan mucho más en volver al nivel basal, y crean picos rápida y desproporcionadamente en respuesta a estímulos ligeramente estresantes.

Entre los efectos insidiosos de tener las hormonas del estrés permanentemente elevadas figuran problemas de memoria y de atención, irritabilidad y trastornos del sueño. También contribuyen a muchos problemas de salud a largo plazo, en función del sistema corporal más o menos vulnerable de cada persona.

Algunas personas simplemente recurren a la negación: sus cuerpos registran la amenaza, pero su mente consciente sigue como si no hubiera pasado nada. Sin embargo, aunque la mente pueda aprender a ignorar los mensajes del cerebro emocional, las señales de alarma no se detienen.

El cerebro emocional sigue funcionando y las hormonas del estrés siguen enviando señales a los músculos para que se tensen para actuar o se inmovilicen colapsados. Los efectos físicos sobre los órganos siguen sin cesar hasta que reclaman atención expresándose como enfermedad.

Las medicaciones, las drogas y el alcohol también pueden apagar o anular temporalmente las sensaciones y los sentimientos insoportables, pero el cuerpo sigue llevando la cuenta.

Por mucho conocimiento y comprensión que desarrollemos, el cerebro racional es básicamente incapaz de sacar al cerebro emocional de su realidad hablando.

Estar traumatizado significa continuar con tu vida como si el trauma siguiera, invariable e inmutable, ya que cada nuevo encuentro o acontecimiento está contaminado por el pasado.

Tras el trauma, el mundo se vive con un sistema nervioso diferente. Ahora, la energía del superviviente se centra en eliminar el caos interno, en detrimento de vivir espontáneamente su vida.

Si nos sentimos seguros y amados, nuestro cerebro se especializa en la exploración, el juego y la cooperación. Si nos sentimos atemorizados y no deseados, se especializa en el manejo de los sentimientos de miedo y de abandono.

Superar el trauma, ser dueños de nosotros mismos

Sentir, nombrar e identificar lo que pasa por dentro es el primer paso hacia la recuperación.

Estar anclado en el presente mientras se revisita el trauma abre la posibilidad de saber profundamente que esos acontecimientos terribles pertenecen al pasado. La terapia no funcionará mientras las personas sigan viéndose arrastradas hacia el pasado.

Nadie puede “tratar” una guerra, un maltrato, una violación, un abuso sexual o cualquier otro acontecimiento horrendo en este sentido. Lo que ha sucedido no se puede deshacer.

Pero lo que sí se pueden tratar son las huellas del trauma en el cuerpo, la mente y el alma: las sensaciones aplastantes en el pecho que podemos etiquetar como ansiedad o depresión, la niebla que nos impide concentrarnos y dedicarnos totalmente a lo que estamos haciendo, la incapacidad de abrir por completo nuestro corazón a otro ser humano.

El reto de la recuperación es volver a adueñarnos de nuestro cuerpo y de nuestra mente, de nosotros mismos. Esto significa sentirnos libres de saber lo que sabemos y de sentir lo que sentimos sin acabar abrumados, enfadados, avergonzados o colapsados.

Para la mayoría de las personas, ello implica: 

  1. Encontrar el modo de permanecer tranquilos y centrados.
  2. Aprender a mantener esta calma ante imágenes, pensamientos, sonidos o sensaciones físicas que nos recuerdan el pasado.
  3. Encontrar el modo de estar completamente vivos en el presente interactuando con las personas que nos rodean.
  4. No tener que guardar secretos sobre nosotros mismos, incluyendo secretos sobre las cosas que nos han permitido sobrevivir.

Estos objetivos no son etapas que haya que superar una a una en una secuencia fija. Se superponen y algunos pueden ser más difíciles que otros, dependiendo de las circunstancias individuales.

Tarde o temprano, deberemos enfrentarnos a lo que nos ha sucedido, pero solo cuando nos sintamos seguros y cuando no nos vuelva a traumatizar.

La primera consigna es encontrar el modo de manejar la agitación provocada por las sensaciones y las emociones asociadas con el pasado. Entender por qué nos sentimos de cierta manera no cambia cómo nos sentimos, pero puede evitar que nos rindamos ante reacciones intensas.

La cuestión fundamental para superar el estrés traumático es restablecer el equilibrio adecuado entre los cerebros racional y emocional, para poder sentir que mantenemos el control de nuestra respuesta y de nuestro comportamiento ante la vida.

La investigación neurocientífica ha demostrado que la única forma de cambiar cómo nos sentimos es siendo conscientes de nuestra experiencia interior y aprendiendo a ser amigos de lo que nos sucede internamente.

Aprender a respirar tranquilamente y a permanecer en un estado de relajación física relativa, incluso mientras se accede a recuerdos dolorosos y terribles, es una herramienta fundamental para la recuperación.

Cuando prestamos una atención centrada en nuestras sensaciones corporales, podemos reconocer los altibajos de nuestras emociones y, con ello, tener más control sobre ellas.

El primer paso es permitir a nuestra mente centrarse en nuestras sensaciones y observar cómo, a diferencia de la experiencia atemporal y siempre presente del trauma, las sensaciones físicas son transitorias y responden a ligeros cambios en la posición corporal, la respiración y el pensamiento.

En el yoga, centramos la atención en la respiración y en nuestras sensaciones momento a momento. Empezamos observando la conexión entre las emociones y nuestro cuerpo, y es de muchísima ayuda.

El ser humano traumatizado se recupera en un contexto de relaciones: con la familia, con las personas queridas, en reuniones de Alcohólicos Anónimos, en las organizaciones de veteranos, en las comunidades religiosas o con terapeutas profesionales.

El papel de estas relaciones es proporcionar una seguridad física y emocional, incluyendo la seguridad de sentirse avergonzado, regañado o juzgado, así como reunir el coraje de tolerar, hacer frente y procesar la realidad de lo ocurrido.

La manera más natural que tenemos los seres humanos de calmar nuestro malestar es siendo tocados, abrazados y mecidos. Esto ayuda a reducir la activación excesiva y nos hace sentir intactos, seguros, protegidos y bajo control. El tacto es la herramienta más básica.

Una vez que los pacientes pueden tolerar ser conscientes de sus experiencias físicas basadas en el trauma, es probable que descubran unos potentes impulsos físicos (como pegar, empujar o correr) que surgieron durante el trauma pero que fueron reprimidos para sobrevivir.

Estos impulsos se manifiestan en sutiles movimientos corporales como retorcerse, girarse o alejarse. Amplificar estos movimientos y experimentar con maneras de modificarlos empieza el proceso de completar las “tendencias a la acción” incompletas y relacionadas con el trauma, y a la larga puede llevar a su resolución.

Estar traumatizado no es simplemente cuestión de permanecer atascado en el pasado, es también un problema de no estar totalmente vivo en el presente.

Si bien muchas veces ayuda la implementación de fármacos durante el tratamiento, es importante recordar que estas medicaciones funcionan bloqueando el sistema de dopamina, el sistema de recompensa del cerebro, que también funciona como motor del placer y de la motivación.

El arte y la superación del trauma

Es sorprendente que haya tan pocos estudios sobre cómo las ceremonias colectivas afectan a la mente y al cerebro, y cómo pueden prevenir o aliviar el trauma.

La confrontación de las realidades dolorosas de la vida y una transformación simbólica mediante la acción comunitaria. El amor y el odio, la agresividad y la rendición, la lealtad y la traición son el contenido del teatro y del trauma.

Para encontrar nuestra voz, debemos estar en nuestro cuerpo, poder respirar completamente y acceder a nuestras sensaciones interiores. Esto es lo opuesto a la disociación, a estar “fuera del cuerpo” y desaparecer.

También es lo opuesto a la depresión, a permanecer de bajón ante una pantalla que nos ofrece un entretenimiento pasivo. Actuar es la experiencia de usar nuestro cuerpo para adoptar un lugar en la vida.

A las personas traumatizadas les aterroriza sentir profundamente. Les da miedo experimentar sus emociones, porque las emociones conducen a la pérdida de control. En cambio, el teatro consiste en encarnar emociones, en darles voz, en participar rítmicamente, asumiendo y encarnando diferentes papeles.

Por su parte, el movimiento colectivo y la música crean un contexto mayor para nuestra vida, un significado más allá de nuestro destino individual.

La música une a las personas que individualmente puede que estén aterrorizadas, pero que colectivamente se convierten en poderosas defensoras de sí mismas y de los demás. Junto con el lenguaje, el baile, las marchas y las canciones, son formas únicamente humanas de instalar una sensación de esperanza y valor.

Notas finales

Las personas pueden aprender a controlar y a cambiar su comportamiento, pero solo cuando se sienten suficientemente seguras para experimentar con nuevas soluciones.

La mayor esperanza para los niños traumatizados, maltratados y abandonados es recibir una buena educación en escuelas en las que sean vistos y conocidos, donde aprendan a autorregularse, y en las que puedan desarrollar una sensación de agencia. En el mejor de los casos, las escuelas pueden servir como islas de seguridad en un mundo caótico.

Más que otra cosa, sentirse seguro con otras personas define la salud mental; las conexiones seguras son fundamentales para tener una vida significativa y satisfactoria.

La inteligencia emocional empieza poniendo nombre a nuestros propios sentimientos y sincronizandolos con las emociones de las personas que nos rodean.

El trauma nos confronta constantemente con nuestra fragilidad y con la inhumanidad del ser humano hacia otros seres humanos, pero también con nuestra extraordinaria resiliencia.

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¿Quién escribió el libro?

Es profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston. Ha investigado el trauma durante más de 30 años y ha publicado más de 150 artículos cientí... (Lea mas)

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