The Secret Life of Sleep Resumen - Kat Duff

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The Secret Life of Sleep

The Secret Life of Sleep Resumen
Salud & Dieta

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: The Secret Life of Sleep: An exploration of what happens after we close our eyes

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 1582704686; 978- 1582704685

También disponible en audiobook

Resumen

Nuestro organismo regula químicamente el sueño.

Avances recientes de la neurociencia indican que el sueño, no sólo abastece tu cuerpo, sino que también vigoriza tu mente, mejora tus funciones cognitivas y te deja menos vulnerable a la depresión y a la obesidad. Además de eso, los científicos descubrieron que los seres humanos tienen un interruptor de sueño. En 2001, un investigador del sueño, llamado Clifford B. Saper, de la universidad de Harvard, identificó un grupo de neuronas en el hipotálamo - región del cerebro que controla los procesos metabólicos y las actividades como el hambre y la temperatura corporal - llamado interruptor del sueño.

Nuestros cuerpos tienen un mecanismo para regular químicamente el sueño. Sus funciones independen del día o de la noche, y mantienen el equilibrio interno para hacerte dormir más, o menos, gracias a una substancia llamada trifosfato de adenosina (el famoso ATP). El ATP se agota con el pasar del día, haciéndonos sentir cansancio hasta dormirnos. Entonces, durante el sueño, otras sustancias se acumulan gradualmente hasta alcanzar un pico, y entonces nos despertamos.

Cuando esas neuronas se apagan y comenzamos a dormir entramos en el llamado estado de alucinaciones hipnagógicas, y su estado de transición paralela cuando nos despertamos, es llamado de hipnopómpico. Durante estos estados paralelos podemos sentirnos inspirados. Podemos también revivir eventos diarios, ver patrones geométricos en nuestra visión, sentir que estamos cayendo o flotando o pensar que estamos expandiendo o contrayendo de tamaño.

En estos momentos conseguimos conectarnos con el mundo y acceder a otras dimensiones o realidades. Salvador Dalí usó estas técnicas en sus cuadros, que fueron inspirados en sus sueños. Thomas Edison también usó estos estados paralelos para resolver problemas, él hacía eso semi-dormido mientras sostenía bolas de acero en sus manos. Al dormirse, sus manos relajaban y las bolas caían y lo despertaban, y con suerte él tendría la solución de sus problemas.

Nuestra forma de dormir está influida por nuestra cultura.

Todo el mundo duerme, en una hora u otra. Estudios demuestran que inclusive las persona que tienen insomnio crónico tienen microsueños, pequeñas cantidades de sueño que duran de 1 a 30 segundos. Todos dormimos de diferentes formas y la cultura es un factor crítico para determinar cómo lo hacemos. En nuestro mundo postindustrial occidental, tenemos normalmente una rutina de sueño, y lo hacemos en cuartos particulares y por un tiempo determinado. Estos hábitos son definidos para organizar las demandas de trabajo y elecciones y ajustarnos a un padrón de tiempo. Pero otras culturas pueden tener patrones de sueño más fluidos, durmiendo en períodos cortos y usando prácticas diferentes.

En la Europa medieval, por ejemplo, el sueño era muchas veces dividido en dos partes, con sesiones de sueño de una hora entre actividades sexuales o las colaciones. Actualmente, las personas en climas más calientes, como España, prefieren la siesta para completar el sueño de la noche.

En regiones como Asia, África, América, Sur de Europa y partes de Escandinavia, las personas practican una técnica llamada co-sleeping, en la cual los niños duermen próximos de sus parientes. Aunque esa práctica sea considerada extraña para quienes no viven en esos lugares, algunos piensan que el co-sleeping tiene efectos positivos en el comportamiento adulto. Las madres del pueblo Maya afirman que sus niños se sienten conectados con las otras personas y eso mejora la habilidad de aprender con el prójimo.

Para los anglo-sajones, la técnica del co-sleeping dejó de ser utilizada a mediados del 1800, porque los americanos aprendieron que los niños debían dormir en cuartos separados para desarrollar su independencia. Sin embargo, dejar un bebé llorando puede dejarlo súper sensible y eso puede perjudicar el desarrollo de su resiliencia. Además de eso, estudios en diferentes culturas descubrieron que los niños que comparten el cuarto con sus padres entre el nacimiento y los cinco años serán probablemente más felices, cooperativos, independientes y tendrán más confianza en sí mismos que los niños que duermen solos.

Nuestros dos estados de sueño

Científicamente hablando, dormir es un estado fluctuante que tiene 2 formas principales: el movimiento rápido de los ojos (REM) y las ondas lentas (SW). Esas formas se alternan entre 5 y 6 veces por noche, en media a cada 90 minutos. Ambos estados son descritos por 2 características: respuestas atenuadas para estímulos externos y la habilidad de despertarse. Estas características diferencian estos estados de otros como el coma. El sueño REM es llamado así después que nuestros ojos se mueven para debajo de nuestros párpados cuando dormimos. Ese es el estado más activo del sueño, y literalmente calienta nuestro cerebro, exigiendo que los otros estados lo calmen. En el REM, nuestros sueños son vívidos y abundantes.

Los neurocientíficos Antti Revonsuo e Patrick McNamara descubrieron que también utilizamos el REM para aprender. Revonsuo cree que los sueños REM, como por ejemplo soñar que estás huyendo de un terremoto, funcionan como métodos para ensayar y refinar estrategias de sobrevivencia. Ya McNamara ve los sueños REM como versiones de eventos pasados, que pueden ser interpretados como un proceso de aprendizaje.
Por otro lado, SW es un sueño profundo, que representa lentitud, alta amplitud y ondas cerebrales sincronizadas. Y es mucho más difícil despertarnos en ese estado. SW es nuestra forma de sueño más restauradora, y ella también quema grasa, lo que explica por qué no dormir lo suficiente puede llevar a la obesidad. Es probablemente nuestra forma más necesaria de sueño y durante el sueño SW, nuestros sueños son fragmentados y vagos.

En las personas que tienen más de 50 años, la cantidad de sueño SW comienza a caer con el tiempo. En realidad, cerca de un cuarto de las personas con más de 50 años no tiene más sueño SW. Ese puede ser un factor característico de envejecimiento, así como la disminución de los tonos musculares y de la fuerza física, el aumento de la gordura corporal, la pérdida de memoria y la disminución de la inmunidad.

La privación de sueño puede traer consecuencias muy graves para nuestra salud.

Infelizmente, tener problemas para dormir de noche es una situación común, de acuerdo con una investigación norteamericana, hecha por la National Science Foundation en 2008, el 35% de los norteamericanos afirmaron que se despiertan en el medio de la noche tres, o más veces por semana. Para tener una noción del drama, la mayoría de los americanos prefiere dormir bien a tener relaciones sexuales. La privación del sueño nos deja cansados y también es malo para nuestro cerebro y nuestro cuerpo. En un estado de privación de sueño tu desempeño sufre, tu inmunidad se ve comprometida y aumentan las hormonas del estrés. Además de eso, tu habilidad para aprender, evaluar situaciones y responder a los estímulos disminuye. Todavía más preocupante es que estudios descubrieron que una semana durmiendo sólo cuatro o cinco horas por noche puede tener implicancias cognitivas semejantes a tener 1% de alcohol en la sangre.

Por eso es bueno dividir el sueño en dos partes. En 1990 el siquiatra Thomas A. Wehr condujo un experimento en el que 8 voluntarios pasaron 14 horas en la oscuridad, todas las noches, durante un mes. Entonces comenzaron a definir gradualmente 9 horas de sueños distribuidas en un período de 12 horas, despertándolos por un corto tiempo entre ese período.Cuando el estudio acabó, los participantes sintieron falta de ese período de paz. Los participantes también experimentaron altos niveles de calma, y niveles satisfactorios de las hormonas melatonina y prolactina, que también apoyan el crecimiento de las células nerviosas; esos niveles cayeron después del experimento.

Nuestras propias actitudes también pueden ayudar a aliviar el insomnio. Las sociedades modernas ven el dinero, el éxito y la realización como más importantes que tener un sueño reparador. Por eso un cambio en esa perspectiva puede llevar a un ciclo de sueño más saludable. Además de nuestras actitudes sociales, la luz artificial también nos afecta. Nuestros cuerpos están ligados al nacimiento del sol para regular nuestro ciclo de sueño. La melatonina sólo es producida de noche y es crucial para producir el sueño. Mirar para la pantalla de la computadora hasta las 2 de la mañana interrumpe ese proceso natural.

Cuando no sabemos si estamos dormidos o si estamos despiertos.

Todo el mundo ya se despertó alguna vez sin entender si el sueño era real o fruto de la imaginación. Lo cierto es, que después de que nos despertamos es muy difícil distinguir el sueño de la realidad. Cada cultura tiene su forma de interpretar esa división de sueño y realidad. Las tradiciones africanas, por ejemplo, ven el sueño como una forma de comunicarse con sus antepasados y recibir consejos.

Todos soñamos y algunos de nosotros tenemos alucinaciones, síncopes o pérdida de conciencia. Distinguir entre esos estados y estar despierto a veces es difícil. Dormir y despertar están interrelacionados, son estados que se complementan y por eso es difícil separar uno del otro. Nuestras preocupaciones diarias invaden nuestros sueños y, al mismo tiempo, nuestros sueños demoran en desaparecer por la mañana.

En 2008, el psicólogo James M. Krueger de la a Universidad de Wisconsin, descubrió que el sueño puede suceder en algunas partes del cerebro mientras que otras partes todavía están despiertas. Con esa información, un amigo del autor comparó ese proceso a las palomitas de maíz cuando explotan: un nunca sabe cuál grano de maíz va a explotar primero, pero, eventualmente, todos van a explotar y, en consecuencia, entrar en modo de sueño.

Por lo tanto, cuando grupos pequeños e independientes de neuronas se cansan, liberan más ATP y entran en un estado de sueño, mientras que otras neuronas permanecen despiertas. Pero cuando un grupo de neuronas están en estado de sueño, los grupos vecinos siguen esa tendencia. Esto sugiere que la transición entre el modo despierto y el modo sueño, y viceversa, puede demorar más y ser más compleja de lo que se pensaba.

Dormir bien mejora nuestra memoria y nuestro raciocinio.

Muchos de nosotros, incluso sin querer, estamos obligado a despertarnos por la mañana, con mucha pereza, pues estamos siendo forzados. Pero dormir por tiempo suficiente es esencial para nuestro bien estar cognitivo, físico y emocional. El sueño SW preserva nuestras memorias al recapitular la información que aprendemos durante el día, mientras que el sueño REM incorpora esas memorias en aquello que ya conocemos.

El resultado de eso es lo que los investigadores llaman de consolidación de la memoria. Eso pasa cuando las conexiones neurales que usamos raramente se debilitan y las memorias más nuevas se fortalecen, pues nuestro cerebro las repite. De esa forma, mientras dormimos, las memorias de corto plazo, pasan a ser memorias de largo plazo. Este proceso fue descubierto en la década de los 90 por el científico neurológico Matthew Walker en sus experimentos con ratones.

Él descubrió que los ratones “practicaban” en el cerebro la corrida en un laberinto, 20 veces más rápido cuando dormían que cuando estaban despiertos. Esos mismos ratones corrieron mejor por los laberintos después de haber dormido. En ese mismo sentido, nosotros funcionamos como los ratones; nos acordamos mejor de las cosas después de dormir y muchas veces nos despertamos con más capacidad de resolver problemas. Por eso los investigadores le aconsejan a los estudiantes que duerman para ayudar en los estudios.

Dormir también nos ayuda a lidiar con las emociones, un beneficio demostrado por la especialista en sueños Rosalind Cartwright. Durante 5 meses, ella catalogó los sueños de 20 personas recién divorciadas y la mitad de ellas presentaron síntomas de depresión clínica. Aquellas personas que recordaban sus sueños con más frecuencia, tenían sueños más complejos y largos, que muchas veces estaban integrados a sus experiencias emocionales recientes.

Ese grupo se recuperó mejor que aquellos con sueños más cortos. Los sueños eran ensayos que el paciente hacía para recuperarse. Además de eso, nuestros sueños pueden ayudarnos a superar traumas emocionales, mostrándonos múltiples perspectivas y ayudándonos a entender y procesar las experiencias de manera más eficiente.

Todo el mundo sueña, pero no todo el mundo recuerda sus sueños.

Soñar es una característica innata de los seres humanos; los investigadores descubrieron que soñamos aproximadamente cuatro o seis veces por noche, por lo tanto no debemos cuestionar si soñamos o no; pero, ¿por qué algunas personas se acuerdan y otras no?

Recordar los sueños está relacionado con la personalidad de la persona, cómo se despierta, su actitud en relación al sueño, cuánto tiempo duerme y la intensidad de sus sueños. Estudios demuestran que nos olvidamos de la mitad de nuestros sueños en los 5 minutos posteriores al despertar; y nos olvidamos del 90% de ellos en los 10 minutos. Y cuando nos despertamos con despertador o dormimos poco nuestra memoria retiene todavía menos.

¿Entonces cómo podemos recordar nuestros sueños? Especialistas sugieren que durmiendo bien de noche y mentalizándonos sobre el hecho de que queremos recordar por la mañana. Al despertarnos, debemos continuar acostados y reconocer lo que estamos sintiendo, observando cualquier imagen o sensación y, lo antes posible, escribir todo.

Aunque nuestros sueños sean diferentes, la mayoría de nosotros hace una distinción entre sueños diarios y sueños extraordinarios. Carl Jung, fundador de la psicología analítica, los llama de sueños grandes y sueños pequeños.

Los sueños grandes son inolvidables y resultan en considerables cambios de vida o experiencia; ellos no sólo contiene memorias, también crean nuevas experiencias, más allá de nuestro conocimiento actual. Los más comunes involucran la visita de alguien que ya murió. Esos sueños son profundos, como el del psiquiatra William Dements, lo que lo llevó a parar de fumar al día siguiente. Abraham Lincoln soñó que era asesinado algunos días antes de su asesinato en la vida real. Los sueños pequeños son lo opuesto y son caracterizados por preocupaciones más mundanas.

Precisamos de un tiempo para despertarnos completamente.

Son raras las personas que se despiertan con disposición, la mayoría de nosotros se despierta con cierta dificultad. Eso sucede debido al jet lag social y a la inercia del sueño. El jet lag social describe el desacuerdo entre nuestro ritmo interno biológico y nuestro horario de sueño, que son, generalmente, determinados por nuestro trabajo o la escuela. Nuestros relojes circadianos son responsables por la mayoría de nuestras fluctuaciones diarias, incluyendo la presión sanguínea, la temperatura corporal, el sistema inmune, las hormonas, el apetito, la sed y nuestros ciclos de sueño. Esos cambios afectan la duración necesaria del sueño, determinan si seremos lechuzas nocturnas o animales diurnos y afectan cómo nos despertamos. Sin embargo, debido a nuestra vertiginosa rutina y al uso constante de luz eléctrica, ahora dormimos y trabajamos en horarios que no siempre son compatibles con nuestros ritmos naturales.

El crono-biólogo Till Roenneberg, que creó el término jet lag social, estima que cerca del 40% de la población de Europa Central tiene un pasivo constante de dos o más horas de sueño. A largo plazo eso puede comprometer seriamente la salud, produciendo fatiga crónica, problemas digestivos y aumento de peso.

Además de eso, la Organización Mundial de la Salud afirmó que las interrupciones en los ritmos circadianos a través de los cambios en el trabajo pueden ser, inclusive, cancerígenas. Además del jet lag social, muchas personas sufren con la inercia del sueño; esto es, la dificultad para salir de la cama. Esta idea está basada en la Primera Ley de Newton, que afirma que un cuerpo en reposo tiende a mantenerse en reposo. Nuestro cerebro no se enciende rápidamente enseguida que nos despertamos, como si fuera una lámpara; en vez de eso, algunas regiones se activan más rápido que otras.

Las investigaciones demuestran que la memoria, la destreza manual y la toma de decisiones complejas, son perjudicadas por la inercia del sueño. Y uno de los pesquisidores afirma que esa condición puede ser tan mala como los límites legales de alcohol en la sangre.

Notas finales

La falta de sueño es un gran problema de salud y un gran misterio para la ciencia. Actualmente, nuestras vertiginosas rutinas nos llevan a ignorar la importancia de una buena noche de sueño, pero la verdad es que muchas enfermedades modernas podrían ser prevenidas o por lo menos amenizadas con eso. ¡No debes ser negligente con tus horas de sueño! ¡Duerme bien y garantiza el buen funcionamiento de tu cerebro!

Consejo de 12’: ¿quieres aprender más sobre la importancia del sueño? Lee también “La Revolución del Sueño”.

 

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¿Quién escribió el libro?

Kat Duff es el autor de La vida secreta del sueño (marzo de 2014) y la alquimia de la enfermedad. Ella escribe en la intersección del mundo natural y de la imaginación humana como ocurre... (Lea mas)