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Padres conscientes

Padres conscientes Resumen
Parentalidad

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9788490199923

También disponible en audiobook

Resumen

La doctora Shefali Tsabary nos explica que nuestros hijos sólo pueden convertirse en adultos conscientes si nosotros, como padres, también nos elevamos a un estado superior de consciencia. Fomenta una relación de aprendizaje mutuo donde los niños toman el papel de “facilitadores” de nuestro desarrollo. Al recuperar la esencia que nos define, descubrimos junto a los más pequeños que tenemos la capacidad de relacionarnos en un estado de presencia. ¡Demos inicio a este viaje espiritual!

Educa a través de tu propia transformación

Shefali comienza aclarando que no existen padres ni hijos ideales. El objetivo de este libro es, de hecho, repensar nuestras imperfecciones, que pueden ser herramientas valiosas para transformar la relación con nuestros niños.

“Padres conscientes” pretende sacar partido de las lecciones emocionales y espirituales inherentes al proceso de crianza, para poder usarlas en pos de nuestro propio desarrollo. Esto, a su vez, nos permitirá ser padres y madres de una manera más efectiva.

Es fundamental comprender que no estamos criando una versión pequeña de nosotros mismos, sino a un espíritu que tiene sus propios sueños e intereses. Identificándolos como personas individuales, podemos adaptar la educación a sus necesidades en lugar de moldearla para que satisfagan las nuestras.

Lo normal es que siempre queramos lo mejor para nuestros hijos pero, al imponerles nuestro estilo, estamos limitando sus espíritus. Todos los niños tienen el derecho a ser personas autónomas y deben vivir su destino particular.

Debemos preguntarnos: “¿Cuál es mi proyecto o mi filosofía parental? ¿Cómo lo pongo de manifiesto en la interacción cotidiana con mi hijo?”.

Aunque no nos guste pensar que somos padres inconscientes, sólo cuando empezamos a tomar consciencia es cuando rediseñamos la dinámica que compartimos con nuestros hijos.

Con nuestra falta de consciencia les trasladamos nuestras necesidades emocionales no resueltas, nuestras expectativas insatisfechas y nuestros sueños frustrados.

Ser conscientes implica abandonar nuestro ego y nuestro sentimiento de superioridad sobre los niños. También debemos dejar atrás las expectativas que tenemos sobre cómo debe comportarse una persona. En lugar de eso, debemos aceptarla por lo que es en realidad.

Nosotros mismos necesitamos educarnos y convertirnos en los individuos más presentes y comprometidos que sea posible. Además, reconociendo que nuestros hijos están en la vida para promover un sentido renovado de quiénes somos, descubriremos su potencial.

Esa es la única manera de formar una conexión real con nuestros hijos y de descubrir nuestro verdadero ser.

Celebra la existencia de tus hijos

Para volverte un padre consciente debes estar dispuesto a afrontar y resolver problemas internos que derivan de la educación que recibiste durante tu infancia. El proceso demanda atravesar una transformación personal.

En este camino, tus hijos se vuelven tus aliados, debido a que reflejan constantemente aspectos de tu inconsciencia, dándote la oportunidad de reconocerlos, reflexionar sobre ellos y cambiar lo que creas necesario.

Un niño entra en tu vida con sus propios problemas individuales, dificultades y temperamento para ayudarte a ser consciente de todo lo que te falta crecer.

Esto ocurre porque los hijos son capaces de conducirnos a los restos de nuestro pasado emocional y estimulan sentimientos que se encuentran en un lugar profundo de nuestro inconsciente.

La autora, curiosamente, advierte que el estilo de crianza consciente no puede aprenderse completamente en libros o cursos. Se trata de un proceso constante y largo que se comprende mediante la experiencia real de la relación con los hijos. La consciencia no es un destino o un estado al que podamos llegar, sino un viaje en curso que se extiende durante toda la vida.

Cualquier momento cotidiano puede ser útil para volverse más presente en la relación con los niños. A través de la presencia se alimentan la autodefinición, la resiliencia, la tolerancia y la conectividad.

Por otro lado, Tsabary aborda el asunto de la aprobación. Observa que, sin darnos cuenta, obligamos a nuestros hijos a esperar nuestra aprobación, volviéndolos esclavos de lo que opinamos sobre ellos.

Esta idea de que los niños necesitan ser aprobados, afirma, es sencillamente falsa. Debemos superarla y entender que, por el simple hecho de haber nacido, cada persona tiene el derecho a decir lo que piensa, expresar sus sentimientos y plasmar su espíritu. Cada uno es el único dueño del derecho a aprobarse a sí mismo.

Por lo tanto, nuestros hijos necesitan crecer sabiendo que ser quienes son es digno de celebración. Celebrar su ser significa permitirles que existan sin depender de nuestras expectativas.

Algunas formas de expresar esta práctica en el día a día son abrazarlos, decirles lo contento que estás de pasar tiempo con ellos, agradecerles por estar en tu vida y decirles que los has extrañado cuando los buscas de la escuela.

No importa si son pequeños o adolescentes, tus hijos necesitan saber que te deleitan por el simple hecho de existir, y que no necesitan hacer nada para tener toda tu atención.

Cuando tenemos dificultades para aceptar quienes son nuestros hijos o las decisiones que toman para su vida, probablemente sea porque, con sus acciones, nos están reabriendo viejas heridas, lo que amenaza nuestro ego.

Aprende a lidiar con los obstáculos

Cuando los niños observan en nosotros que creamos oportunidades para la introspección y no tenemos problemas en admitir los errores, aprenderán a no tener miedo de sus defectos y a ser capaces de superarlos.

La autora introduce un ejemplo muy simple. Al momento de interactuar con tus hijos, puedes preguntarte “¿Me ocupo de mi hijo de manera consciente o dejo que me condicione lo que yo viví?”.

Debes recordar que, sobre todo en los primeros años, los padres actuamos como espejos para nuestros hijos.

También es importante llevar este aprendizaje a nuestra propia infancia. Con la educación que recibimos, nuestros padres nos transmitieron roles y actitudes relacionadas con el ego, además de una firma emocional. Es decir, una energía emocional que nos rodeó en nuestros primeros años de vida.

Es normal que hoy tengamos reacciones fuertes y dramáticas cuando nuestros hijos no se comportan del modo que esperamos, siendo que ni nuestros padres ni la sociedad nos enseñaron a acceder a la calma interior.

Se nos ha enseñado a reprimir las emociones más conflictivas, generación tras generación, y éstas pueden formar una sombra en la que nos aislamos.

Durante la adultez, las personas despiertan en nosotros emociones que ya formaban parte de nuestra sombra.

Por lo tanto, en vez de ver al otro como un enemigo contra el que debes reaccionar y defenderte, haz una pausa y piensa: “¿Qué percibo que me falta?”. Así reconocerás que la carencia externa que estabas sintiendo tiene en realidad un origen interno.

La próxima vez que tus hijos te irriten, en lugar de reaccionar con rabia, analiza tu reacción y averigua qué la desencadena. Esta práctica te permitirá parar los pensamientos el tiempo suficiente para no reaccionar por impulso y elaborar una respuesta mejor fundamentada, resultando en un intercambio beneficioso para todos los involucrados.

Por último, la autora menciona que explotar es, sencillamente, mostrar resistencia a lo que pasa en la vida. Si nos oponemos al modo en que la vida se manifiesta a través de los hijos, la pareja o los amigos, es porque nos negamos a aceptarla tal como es.

Sentimos que los hechos de la vida afectan a nuestro ego, la opinión ideal que tenemos de nosotros mismos, y los percibimos como una amenaza.

Ten una relación saludable con la vida

La autora señala que la gran mayoría de las personas tiene una perspectiva errónea de la vida. No confían en su sabiduría y pasan el tiempo esperando que suceda algo malo, porque la vida quiere hacerles daño.

Esto, como todo, proviene de la forma en que fuimos educados. Si entendemos que la vida es una profesora sabia, dispuesta a mostrarnos nuestro ser superior, cambia totalmente nuestro modo de vivir y educar.

Tenemos que reconocer que somos cocreadores de la realidad en la que vivimos. Todos tenemos un contexto más o menos favorable, pero también tenemos el poder de actuar para modificar ese contexto con los recursos que tenemos a nuestro alcance.

La vida nos pasa a nosotros, debemos experimentarla, no luchar contra ella.

Los niños aprenden a relacionarse con sus experiencias partiendo de cómo nos relacionamos nosotros con las nuestras. Tendemos a proyectar nuestra falta de confianza en ellos. En consecuencia, la sociedad cree que la confianza hay que ganársela.

Esa idea no podría estar más equivocada. Los hijos deben saber que tienen nuestra confianza incondicionalmente por su mera presencia.

Veamos otro escenario: entendemos los acontecimientos de nuestra vida como experiencias llenas de significado, que pueden tener mejor o peor resultado, pero de las que tenemos la oportunidad de aprender. Cada desafío es una nueva ocasión para crecer.

Tus hijos también tomarán esta forma saludable de ver la vida para lidiar con su propia existencia.

La mejor lección que puedes enseñarles es que deben aceptar las situaciones sabias que les presenta la vida. Con esa perspectiva, sentirán gratitud, aunque las lecciones parezcan duras.

Acepta la locura de ser padre

Nadie nos explica realmente cómo será el trascendental acontecimiento de ser padres o madres. Nadie nos dice que deberemos soportar la muerte de nuestro viejo yo y que no tendremos idea de cómo desarrollar un nuevo sentido de identidad.

Cuando decidimos tener hijos y, aún más, cuando decidimos criarlos de forma consciente, la vida deja de existir como la conocemos.

Criar a otra persona y ser responsable por su vida y su bienestar es uno de los esfuerzos más difíciles a los que podemos enfrentarnos.

Puede que la paternidad sea el papel que más nos haga cuestionarnos a nosotros mismos. Podemos dudar de nuestra competencia, nuestra valía e incluso nuestra cordura.

Lo importante de tener todo esto en claro es que, una vez que lo aceptas, puedes reconocer el potencial espiritual del viaje de ser madres y padres.

En lugar de sentirte culpable por los sentimientos que surgen en el camino de criar a un hijo, acepta las locuras de la paternidad sacando provecho del modo en que tener un hijo te transforma, quiebra tu vieja identidad y la sustituye por una expansión de ti mismo.

Las alas del águila

Para desarrollar una conducta consciente, los niños necesitan dos flujos de aprendizaje que la autora imagina como las dos alas de un águila: autenticidad y contención.

La autenticidad surge de una conexión fuerte con el ser interior. Para un niño, significa aprender a reconocer su propia voz, respetarla y expresarla de la forma que es.

Cuando desarrolla esta cualidad, un niño se acepta a sí mismo, abraza su voluntad y la manifiesta en el mundo.

La contención es el medio por el cual absorbemos la voluntad de otro. Nos permite relacionarnos de forma saludable con el ser interior de los demás.

Los niños necesitan aprender a vivir en un mundo de reglas y a llevarse bien con los otros. Deben escuchar su voz interior y, en la misma medida, absorber las voces de los demás.

Cuando educamos a un niño para que exprese su voz, es lógico que a veces esa voz sea motivo de desacuerdo con los padres. Esta es la secuela inevitable de criar a un niño lleno de vida y seguro de sí mismo.

Pero, a medida que el niño ve que el mundo no gira a su alrededor, aprende a lidiar con la frustración.

Si conectamos con nuestros hijos aceptándolos por lo que son, se sienten cómodos con esa conexión. Entienden la dinámica de una relación de concesiones mutuas y son más capaces de prosperar pese a las dificultades que puedan surgir.

Por lo tanto, es fundamental enseñarles a contener apropiadamente su autenticidad y a controlar sus emociones.

Criar a nuestros hijos de manera consciente significa responder a sus necesidades, no atender peticiones.

Notas finales

“Padres conscientes” nos demuestra que la clave de la crianza es la presencia. Estar con nuestros hijos es la mejor forma de criar personas independientes, confiantes y empáticas.

Aunque este proceso también requiere de un camino introspectivo, donde debes primero mirar hacia dentro para reconocer los puntos que necesitas mejorar y las heridas que precisan ser sanadas.

Tus hijos son los compañeros ideales en el viaje de tu vida. Abrázalos y demuéstrales todo lo que representan para ti.

Consejo de 12min

En “Dar voz al niño”, Yvonne Laborda plantea que sentir a tu niño interior puede ayudarte a reforzar el autoestima de tus hijos. ¡Lee el microlibro completo aquí!

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¿Quién escribió el libro?

Es una psicóloga clínica de renombre mundial, formada en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Se especializa en la integración de la filosofía or... (Lea mas)