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La Vida Secreta Del Cerebro

La Vida Secreta Del Cerebro Resumen
Psicología y Ciencia

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

También disponible en audiobook

Resumen

La catedrática, Lisa Feldman Barrett, nos propone una nueva perspectiva para abordar las emociones. Sus múltiples estudios nos demuestran que somos los arquitectos de nuestras propias experiencias. Si quieres saber cómo construyes tus propias emociones, puedes descubrirlo aquí.

La nueva ciencia de las emociones

A partir de estudios de medición de la «granularidad emocional» (capacidad de diferenciar las experiencias emocionales) se descubrió que no existen criterios objetivos para medir las emociones. 

Según la visión clásica, las emociones, sus expresiones y reconocimientos son universales. Cada una de ellas tiene pautas concretas de movimiento que forman parte de la «huella dactilar» de las emociones. De esta forma, los humanos seríamos capaces de reconocer todo tipo de emoción independientemente de dónde y cómo hayamos crecido.

Sin embargo, los experimentos llevados a cabo por la autora demuestran que no existen tales huellas y, de hecho, se ha demostrado que el contexto juega un rol indispensable.  El reconocimiento de las emociones son convenciones culturales que se enseñan a los niños desde pequeños.

La «misma categoría emocional supone respuestas corporales diferentes». Lo normal es la variación. Una emoción no es una cosa, sino que es una categoría de casos, y que cualquier categoría emocional presenta una variedad enorme. 

Se adoptó una perspectiva del pensamiento poblacional: una categoría es una población de miembros diferentes que varían unos de otros sin una huella dactilar y sólo se puede describir en términos estadísticos abstractos.

El concepto de «degeneración» también resulta relevante: muchas combinaciones de neuronas pueden producir el mismo resultado. El cerebro contiene sistemas centrales que participan en la creación de una gran variedad de estados mentales. Una sola área cerebral contribuye a muchos estados mentales diferentes.

El cerebro usa nuestras experiencias pasadas para construir hipótesis y la compara con la cacofonía que llega a nuestros sentidos. A esto se lo llama «simulación» y permite que nuestro cerebro imponga significado, seleccionando lo que sea pertinente e ignorando el resto. Todo lo que percibimos del mundo a través de los sentidos son simulaciones del mundo, no reacciones ante él. 

La simulación es clave para descubrir cómo el cerebro crea emociones. Cada vez que el cerebro simula estímulos sensoriales, prepara cambios automáticos en nuestro cuerpo que tienen el potencial de cambiar lo que sentimos.

Los conceptos son fundamentales para que nuestro cerebro suponga el significado de inputs sensoriales. Constituyen moldes útiles y convenientes. Nuestro cerebro los utiliza para simular el mundo exterior. Cuando los conceptos implicados son emocionales, nuestro cerebro construye casos de emociones. El cerebro construye de una manera invisible todo lo que experimentamos, incluyendo las emociones: <<teoría de la emoción construida>>.

Un suceso físico, como un cambio en el ritmo cardíaco, se convierte en una experiencia emocional solo cuando nosotros, con los conceptos emocionales que hemos aprendido de nuestra cultura, damos a esas sensaciones unas funciones adicionales por medio del acuerdo social. Estos ayudan a conformar el «cableado» de nuestro cerebro y los cambios físicos de nuestro cuerpo durante una emoción.

Los humanos construimos nuestras experiencias emocionales y las percepciones de las emociones ajenas en el acto, según se necesite, mediante una compleja interacción de sistemas.

Cuanto más remotos son los conceptos emocionales, más se dificulta el reconocimiento de las emociones. Un estudio realizado en una comunidad aislada reveló que sus habitantes, quienes carecían de los conceptos emocionales occidentales, eran incapaces de describir las emociones de un conjunto de fotografías de la misma forma que lo haríamos nosotros.

¿Cómo se construyen las emociones?

Las sensaciones de placer y de desagrado surgen de un proceso continuo en nuestro interior llamado «interocepción» y son universales. La «interocepción» es la representación que hace el cerebro de todas nuestras sensaciones y un ingrediente básico de la emoción.

El cerebro hace predicciones: mediante la predicción, el cerebro construye el mundo que experimentamos al combinar fragmentos del pasado y calcular las probabilidades de que cada fragmento se aplique a la situación actual. Sin embargo, no siempre son correctas al compararlas con el input sensorial real y el cerebro hace ajustes para corregirlas.

Las neuronas participan en lo que la autora llama «bucles de predicción» con otras neuronas y consisten en predecir, simular, comparar y resolver errores. El cerebro está estructurado como millones de bucles de predicción que generan actividad cerebral intrínseca y estas predicciones están controladas por los inputs sensoriales del mundo exterior, que el cerebro puede priorizar o ignorar.

Durante la vigilia, el cerebro da significado a nuestras sensaciones. Algunas de esas sensaciones son interoceptivas y el significado resultante puede ser un caso de emoción.

Hay varias regiones del cerebro que forman una red interoceptiva la cual consiste en dos partes fundamentales: «regiones de presupuestación corporal» (envían predicciones al cuerpo para controlar su entorno interno y calcula los recursos necesarios para mantenernos vivos) y «corteza interoceptiva primaria» (representa sensaciones dentro del cuerpo). 

El cerebro predice las respuestas corporales basándose en experiencias anteriores con objetos y situaciones similares y la consecuencia es una sensación interoceptiva. Cada simulación impacta en nuestro presupuesto corporal.

El «afecto» es una sensación de sentir que experimentamos a lo largo del día que tiene dos características: «valencia» (sensación agradable o desagradable) y «arousal» (sentimiento de tranquilidad o excitación). Está presente desde que nacemos y depende de la interocepción.

El cerebro usa constantemente las experiencias pasadas para predecir qué objetos y sucesos tendrán un impacto en nuestro presupuesto corporal modificando nuestro afecto.

Sin embargo, aunque la interocepción sea un ingrediente clave para la emoción, por sí sola no puede explicarla. Todo lo que percibimos está representado y el cerebro aprende regularidades como conceptos de los cuales hace uso para categorizar el input que se encuentra en constante cambio.

Nuestras percepciones nos obligan a creer que experimentamos el mundo tal como es cuando en realidad experimentamos un mundo construido por nosotros. La tarea del cerebro es predecir las señales sensoriales antes de que lleguen al cerebro, rellenar los detalles que puedan faltar y encontrar regularidades donde sea posible para que experimentemos el mundo tal como lo hacemos.

Categorización y metas

La autora sostiene que el cerebro «categoriza» en cada momento de vigilia. Los conceptos se representan en el cerebro como el mejor ejemplo de su categoría. A esto se lo llamó «prototipo». Los prototipos emocionales podrían construirse de la misma manera. 

El cerebro tiene muchos casos e impone similitudes entre ellos en el acto en función de nuestra «meta» en una situación dada. Los conceptos basados en metas son adaptables a cada situación. Además, un solo objeto puede ser parte de conceptos diferentes como un coche puede ser un medio de transporte, un arma mortal o una cama para alguien sin hogar.

Nuestro cerebro puede reunir diversos elementos dentro de una categoría sólo porque sirven para la misma meta, como un matamoscas hasta un coche para defendernos de insectos que pican. Esto revela que la categorización no es simple y estática. Estos elementos no comparten características perceptuales, no están sujetos a cuestiones meramente físicas.

Cuando categorizamos creamos similitudes.

El cerebro de un bebe tiene la capacidad de aprender pautas. A esto lo llaman «aprendizaje estadístico». Los inputs que reciben presentan ciertas regularidades y los niños aprenden a partir de esas regularidades. También aprenden de lo que se encuentra en las mentes de las personas del entorno, pueden inferir preferencias e incluso las metas de otros.

Pero existe otro ingrediente esencial. Las palabras dan al cerebro del bebé acceso a una información que no se puede encontrar observando el mundo y que solo está en las mentes de otras personas, es decir, la palabra da acceso a similitudes mentales. Y es a partir de las palabras que se proporcionan las herramientas para construir emociones y los ayudan a buscar similitudes más allá de lo físico.

Los niños van desarrollando y puliendo el concepto y aprenden que no todos los casos de, por ejemplo, «ira» se construyen para la misma meta en cada situación. Estas palabras necesitan estar contextualizadas para que los niños aprendan los conceptos emocionales.

Ante una situación particular nuestro cerebro selecciona un caso ganador de, por ejemplo, «ira» que encaje mejor con nuestra meta en esta situación concreta. El caso ganador determina cómo actuamos y qué experimentamos. Este proceso constituye una categorización. Por ejemplo, ante un enfado con nuestro jefe podríamos gritarle o hacerlo cambiar de opinión para que nos dé un aumento.

El cerebro de un bebé no predice bien y a medida que va creciendo, comienza a predecir con mayor eficacia. Convierte las sensaciones del mundo exterior en conceptos y le da la oportunidad de hacer predicciones coordinadas que abarcan los sentidos.

El cerebro del bebé debe transferir información con eficacia pasándola al menor número posible de neuronas y crea similitudes que son resúmenes de la información cada vez más eficientes. Al final, el cerebro del bebé forma representaciones resumidas de suficientes conceptos visuales para que pueda ver un objeto estable a pesar de la increíble variación de los detalles sensoriales de bajo nivel.

Para ilustrarlo, la autora propone que un niño oye la palabra «triste» en tres situaciones distintas. Estas se representan como fragmentos. El niño ve llorar a otro niño de su clase y la maestra usa la palabra «triste» y así el cerebro del niño construye los tres casos anteriores como predicciones, junto con otras predicciones que sean estadísticamente similares a la situación actual. Esta colección de predicciones es un concepto creado en el momento en virtud de alguna similitud puramente mental entre los casos de «Tristeza».

Nuestro cerebro crea muchas predicciones que compiten entre sí mientras es bombardeado por input sensorial. El cerebro tiene una «red de control» que ajusta constantemente el flujo de información entre neuronas, colocando el input sensorial dentro y fuera del foco de la atención y haciendo que algunas predicciones encajen y que otras se vuelvan irrelevantes.

La red de control y la red interoceptiva son fundamentales para construir emociones.

Las emociones como realidad social

Las emociones se convierten en reales para nosotros mediante dos capacidades humanas que son esenciales para la realidad social: la «intencionalidad colectiva» (acuerdo sobre un concepto) y el «lenguaje». 

No puede haber exactitud en las emociones. Lo mejor que podemos hacer es encontrar consenso, lo que implica que son realidades sociales, no físicas. Necesitamos un concepto emocional para experimentar o percibir la emoción asociada. Es un requisito. Sin un concepto para «Miedo» no podemos experimentar miedo.

La cultura ayuda a «cablear» el cerebro y los conceptos son instrumentos de la cultura. Los conceptos emocionales son variables y propios de cada cultura («Litost» es un concepto complejo e intraducible de la cultura checa). 

Incluso podemos experimentar lo que llaman «aculturación emocional» que implica la adaptación cultural a nuevos conceptos emocionales. 

¿Por qué adoptar esta nueva perspectiva?

Tenemos responsabilidad sobre nuestros conceptos (y emociones) y podríamos cambiarlos si quisiéramos. La neurociencia ha desmitificado todo lo que se creía desde la visión clásica y el esencialismo (que ha dominado la forma de pensar las emociones durante siglos).

Desde la nueva perspectiva podemos cambiar nuestras vidas. Para mantener un presupuesto corporal equilibrado y una vida emocional sana, la autora nos propone buenos hábitos alimenticios, dormir correctamente y ejercicio físico, el yoga, visitar amigos e incluso aprender nuevos conceptos.

Sus consejos nos volverán más inteligentes emocionalmente, aumentarán nuestra granularidad emocional, nos ayudarán a controlar nuestras emociones, a percibir mejor las de los demás e incluso nos puede ayudar contra las enfermedades

Además, esta nueva perspectiva es tan poderosa que hasta podría cambiar las leyes considerando que nuestro sistema legal se basa en la visión clásica de las emociones. 

Notas finales

Este libro elucida algo que ha estado oculto durante mucho tiempo: nosotros construimos nuestras emociones y no estamos dominados por ellas. Propone una nueva perspectiva que desmitifica todo lo que se ha creído sobre las emociones hasta el momento y nos explica cómo esta nueva visión puede cambiar la realidad a través del entendimiento de algo que consideramos universal e innato.

Consejo de 12min

Si quieres saber más sobre las emociones, “La Inutilidad del Sufrimiento”, de María Jesús Alava, es para ti. 

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¿Quién escribió el libro?

Lisa Feldman Barrette, nacida en Toronto en 1963, es una catedrática de Psicología en Northeastern University (Boston, Massachusetts). Es pionera en la investigación de las emoc... (Lea mas)