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Factfulness

Factfulness Resumen
Psicología y Sociedad y política

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

También disponible en audiobook

Resumen

En este bestseller de The New York Times, Hans Rosling afirma que estamos equivocados sobre el mundo. En realidad, las cosas están mejor de lo que pensamos, el problema es que no somos conscientes de todo lo que no sabemos. Junto a Ola Rosling y Anna Rosling Rönnlund, construyó la idea del factfulness, la consciencia plena de la realidad de los hechos. Con esa premisa, presentan y describen diez instintos que distorsionan nuestra visión. En este resumen revisaremos los puntos más relevantes de cada uno. ¡Empecemos!

El instinto de la separación

Los seres humanos tendemos a dividir todo tipo de cosas en dos grupos diferenciados e incluso contradictorios, generando una brecha dramática: países desarrollados y países en vías de desarrollo, ricos y pobres, héroes y villanos, buenos y malos. Ese extremismo implica conflicto y es fácil de entender.

Frecuentemente, ignoramos que existen puntos medios. Usando datos del Banco Mundial, Rosling demuestra que una división en cuatro niveles sería mucho más apropiada para categorizar a la población mundial a nivel económico. La gran mayoría (aproximadamente cinco mil millones de personas) viven en los países de nivel intermedio.

Para complicar las cosas, los medios de comunicación fomentan día a día esta brecha imaginaria. La mejor forma de frenar este instinto es informarse con datos de fuentes confiables y prestar atención a las cifras correspondientes a los puntos intermedios. Habitualmente, allí se encuentra la mayoría.

El instinto de negatividad

Rosling también comenta que tenemos una tendencia a notar más lo malo que lo bueno. Por eso, es muy común escuchar a las personas decir que el mundo está empeorando. El autor afirma lo contrario, y expone algunas decenas de estadísticas que lo respaldan.

Las divide en cosas terribles que están desapareciendo o que se vieron fuertemente reducidas en los últimos años, como el porcentaje de explotación infantil y las infecciones por VIH; y en cosas positivas que han ido en aumento, como la alfabetización y el número de países donde se ha legalizado el voto femenino.

En este instinto intervienen tres cosas: un recuerdo equivocado del pasado, donde lo sobrevaloramos, una perspectiva amarillista de los medios de comunicación y la sensación de que, como las cosas van mal, es cruel decir que están mejorando.

La peor consecuencia del instinto de la negatividad es la pérdida de la esperanza. Creemos que no hay manera de que las cosas vuelvan a ser como antes. Un buen remedio es pensar que las cosas pueden ser malas, pero al mismo tiempo estar mejorando. Muy frecuentemente, mejoran de manera demasiado gradual para ser noticia.

El instinto de la línea recta

Para ilustrar este punto, Rosling toma dos ejemplos. El primero es el crecimiento de la población mundial. Hasta el año 1800, vivían cerca de mil millones de personas en todo el mundo. Pero algo sucedió: 200 años más tarde, somos siete mil millones.

Esos datos colocados en un gráfico formarían una línea recta aterradora. ¿Cuántos miles de millones seremos en las próximas décadas? ¿Habrá recursos suficientes para todos?

Antes de perder la cabeza, piensa en el segundo ejemplo. El nieto menor de Hans midió 49,5 centímetros cuando nació. Durante los primeros seis meses, creció casi 20 centímetros más. A ese ritmo, mediría dos metros antes de cumplir cuatro años… una lógica bastante estúpida, ¿verdad?

Pues bien, así como estamos tan seguros de que el segundo ejemplo es imposible, tampoco deberíamos precipitarnos a sacar conclusiones sobre el primero. Los expertos de la ONU afirman que el crecimiento de la población ha comenzado a ralentizarse y continuará de esa forma durante las próximas décadas.

Las líneas rectas son poco habituales. Asegúrate de ver la imagen completa antes de enloquecer. Entiende si se trata de una curva en forma de S, de tobogán, de montículo o de duplicación. De lo contrario, sólo llegarás a conclusiones y soluciones equivocadas.

El instinto del miedo

Este instinto es cultivado por dos fenómenos. Por un lado, los miedos programados en nuestro cerebro por cuestiones evolutivas: temer al daño físico, a sentirnos atrapados en un lugar y a ser intoxicados o envenenados por alguna sustancia nos ayudó a sobrevivir durante siglos.

Por otro lado, el sesgo que nos imponen los medios de comunicación, aumentando drásticamente nuestro miedo a morir producto de desastres naturales, accidentes aéreos, fugas nucleares y ataques terroristas.

La imagen de un mundo peligroso nunca ha sido retransmitida más eficazmente que ahora, mientras que el mundo nunca ha sido menos violento y más seguro.

Este sesgo también evita que demos la relevancia suficiente a cuestiones que son mucho más letales, como conducir un automóvil.

Para controlar este instinto, calcula los riesgos que el miedo conlleva. ¿Hasta qué punto es peligroso? ¿En qué medida estás expuesto a él?

El instinto del tamaño

Los humanos tendemos a exagerar las cosas. Sobreestimamos de manera natural el tamaño o la importancia de una determinada cifra.

Como la proporción de inmigrantes en los países con mayoría de ingresos de nivel 4, que los medios de comunicación y políticos se empeñan en exagerar.

Existen tres herramientas para controlar este instinto. La primera es la comparación. Evita las cifras aisladas, nunca creas que una cifra puede ser significativa por sí misma. Cualquier número puede asustar si no lo ponemos en perspectiva.

La segunda herramienta es la regla 80/20. Cuando tengas que comparar una gran cantidad de estadísticas, identifica cuáles son las más importantes, las que representan el 80% del aspecto analizado. Así podrás darles la debida relevancia, dejando en un segundo plano el resto de las cifras.

Por último, para comprender mejor una cifra muy grande, divídela por un total. Así obtendrás un índice, que puede ser mucho más significativo que una simple cantidad. Por ejemplo, dividiendo la cantidad de niños de una población por el número de escuelas, calcularás el índice de niños por escuela.

El instinto de generalización

Solemos categorizar la información que recibimos. Eso nos ayuda a procesarla y a funcionar en sociedad, no tiene que ver con ser prejuiciosos. Aunque debemos saber que esas categorías no son incuestionables. Negarnos a cambiarlas es lo que nos genera problemas.

Perpetuar estereotipos y repetir comentarios del tipo “nosotros” somos esto y “ellos” son aquello acaba bloqueando nuestra mente.

Debemos identificar cuáles de nuestras categorías están equivocadas y sustituirlas por otras mejores. Quizás la manera ideal de lograr esto sea viajando, pero no comprando el paquete turístico promedio, sino intentando vivir la experiencia diaria de los habitantes de una región diferente a la nuestra.

Si los viajes no son una posibilidad, no te preocupes. El autor plantea cinco métodos para deconstruir la estructura de tus pensamientos: buscar las diferencias dentro de los grupos y las similitudes y diferencias entre grupos; tener cuidado con “la mayoría” y con los ejemplos excepcionales; y no subestimar al otro.

Acepta que existen varias perspectivas para cada cosa y toma una postura curiosa y humilde ante lo que te parezca extraño.

El instinto del destino

Es la idea de que las características innatas determinan los destinos de las personas, los países, las religiones o las culturas. El pensamiento de que las cosas son como son por razones inevitables e invariables: siempre han sido así y siempre lo serán.

Dentro de esta mentalidad cerrada se ubican ideas como “el mundo islámico es fundamentalmente diferente del mundo cristiano” y “África nunca estará a la altura de Europa”. El autor desmiente ambas afirmaciones en el libro, basándose en datos.

Es fácil comprender cómo esta rigidez de pensamiento puede resultar útil para diferenciar a un grupo por sobre otros, creando una sensación de superioridad.

Pero, para la tristeza de esos grupos, las cosas cambian. Las sociedades, culturas y personas se mueven constantemente.

Puedes deshacerte de este instinto al analizar los avances graduales: un cambio lento continúa siendo un cambio. Muéstrate abierto a nuevos datos y actualiza tus conocimientos periódicamente. Cuestiona por qué tu cultura es de la manera que es, e investiga cómo fue en el pasado.

El instinto de la perspectiva única

Es la preferencia por las causas y soluciones únicas, las explicaciones simples y fáciles de comprender. Sentir que comprendemos algo se siente tan bien y nos permite saber a qué nos debemos oponer y qué debemos apoyar, ¿por qué no querríamos creer en las ideas sencillas?

En este instinto se encajan los fervientes defensores del libre mercado, que creen que la solución de todos los problemas radica en reducir los impuestos y eliminar la intervención del estado. Así como los soñadores que confían en la redistribución de los recursos como única vía hacia el desarrollo total de una población.

Pero el mundo es mucho más complejo. Tener una única perspectiva puede limitar tu imaginación. Es mucho mejor que analices los problemas desde diversos ángulos. 

Conversa con personas que no estén de acuerdo contigo. No intentes saber y opinar de todo, es mejor tener conocimientos sólidos y respaldados sobre pocas cosas. Tampoco escapes a la complejidad, tómate tu tiempo para comprender las diferentes opiniones de un asunto.

El instinto de la culpa

Se trata de la necesidad de encontrar una razón clara y simple por la cual sucedió algo malo. Tendemos a buscar a un culpable con malas intenciones como única causa de todos los males. De lo contrario, el mundo nos parece impredecible, confuso y aterrador.

Apuntar hacia un chivo expiatorio nos impide tener aprendizajes reales que eviten que el problema o error se repita en el futuro. Es una salida demasiado simple para no lidiar con la raíz del conflicto.

En lugar de buscar villanos, busca causas. Acepta que las cosas malas pueden suceder sin que nadie lo desee. Entender las múltiples causas o el sistema que llevó a ese desenlace generará soluciones sustentables.

Del mismo modo, cuando suceda algo bueno, presta atención al sistema y no a los supuestos héroes. Pregúntate si el hecho hubiera sucedido sin la intervención de esas personas.

El instinto de la urgencia

Es la idea de que debes actuar ahora, ya. Si no lo haces, algo terrible sucederá. La mayoría de las veces, esa predicción no es cierta. Esta sensación de urgencia, muy usada por publicistas y activistas, hace que pienses de manera menos crítica y que decidas de forma poco acertada.

Respira e intenta calmarte. Pide más información y datos que sean relevantes y exactos. Recuerda que cualquier predicción sobre el futuro es incierta y desconfía de las acciones drásticas. Por lo general, las soluciones graduales y lentas son más eficaces.

Lo gracioso -y trágico- es que solemos ser mucho más perezosos ante riesgos futuros. Puede parecerte curioso, pero Rosling escribió -antes de 2017, cuando publicó el libro- cinco problemas que realmente le preocupaban: una crisis financiera, una guerra mundial, la pobreza extrema, el cambio climático… y una pandemia global.

El factfulness en la práctica

Hans defiende la idea de que el factfulness debe implementarse en la educación de los niños. Conocer estos datos desde una edad temprana permitirá que las próximas generaciones sitúen las noticias del mundo en su contexto y perciban cuando los medios, los políticos, las marcas o los activistas intenten activar sus instintos dramáticos.

Debemos volvernos consumidores conscientes. Una visión del mundo basada en datos es más útil y cómoda para moverse por la vida. Provoca menos estrés y desesperación que una visión dramática, mucho más negativa y aterradora.

Notas finales

Factfulness es un libro agradable que ayuda al lector común a comprender mejor el mundo. Presta atención a la presencia de cada uno de los instintos en tu día a día e implementa las técnicas aquí descritas para controlarlos.

Hans Rosling fue diagnosticado con cáncer de páncreas en septiembre de 2015, durante la redacción del libro. Falleció antes de su publicación, en febrero de 2017, conservando la curiosidad y la pasión por el mundo hasta el último momento.

Ola y Anna acabaron el libro y continúan hasta hoy con la misión de Hans de construir una visión del mundo basada en datos reales.

Consejo de 12min

Para profundizar en la importancia de los datos desde una perspectiva tecnológica, lee “Big Data: ¿Importa el tamaño?”, de Timandra Harkness.

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¿Quién escribió el libro?

Hans Rosling fue un médico, investigador y conferencista sueco. Falleció en 2017, a los 68 años. Escribió este libro en colaboración con su hijo, Ola Rosling, y su nuera, Anna Ro... (Lea mas)