Cómo piensa el hombre - Reseña crítica - James Allen
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Cómo piensa el hombre - reseña crítica

Cómo piensa el hombre Reseña crítica Comienza tu prueba gratuita
Autoayuda y motivación

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: As a man thinketh

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9781640954359

Editorial: Sound Wisdom

Reseña crítica

Este libro es el resultado de meditación y experiencia, no pretende ser un tratado exhaustivo sobre lo mucho que ya se ha escrito acerca del tema del poder del pensamiento. Es más bien sugerente que explicativo, y su objetivo es estimular a los hombres y las mujeres a descubrir y percibir la verdad de que ellos mismos son creadores de sí mismos según los pensamientos que eligen y estimulan. ¿Vamos?

Pensamiento y carácter

Un hombre es literalmente lo que piensa, su carácter es la suma completa de todos sus pensamientos. Así como la planta brota y no podría existir sin la semilla, igualmente cada acto de un hombre surge de las semillas escondidas del pensamiento, y no podrían haber aparecido sin estas.

El pensamiento en la mente nos ha hecho. Lo que somos fue forjado y fabricado por el pensamiento. Si la mente de un hombre tiene malos pensamientos, el dolor viene sobre él como viene la rueda del buey detrás. Si uno permanece en la pureza del pensamiento, el gozo lo sigue como su propia sombra, sin duda.

El hombre es un crecimiento por ley, y no una creación por artificio, y la causa y el efecto son tan absolutos y sin desviaciones en el ámbito escondido del pensamiento como en el mundo de las cosas visibles y materiales.

El hombre se hace o se deshace por su propia cuenta. El pensamiento forja las armas con las que se destruye a sí mismo. También forja las herramientas con las que construye para sí mismo mansiones celestiales de gozo, fuerza y paz. Por medio de la elección correcta y la aplicación verdadera del pensamiento, el hombre asciende a la perfección divina.

El hombre es siempre el amo, incluso en su estado más débil y abandonado, pero en su debilidad y degradación es el amo insensato que mal gobierna su casa. Cuando comienza a reflexionar sobre su condición, y a buscar diligentemente la ley sobre la que está establecido su ser, entonces se convierte en el amo sabio, y dirige sus energías con inteligencia y moldea sus pensamientos hacia asuntos fructíferos.

El efecto del pensamiento en las circunstancias

Se puede comparar la mente con un jardín, el cual se puede cultivar inteligentemente, o simplemente dejar que crezca de manera silvestre. Pero sea que se cultive o descuide, debe, y de hecho así sucederá, producir vegetación. Si no se plantan semillas útiles, entonces una abundancia de semillas de maleza inútil caerá y seguirá produciendo de su misma clase.

Así como un jardinero cultiva su parcela, manteniéndola libre de maleza y cultivando las flores y las frutas que él requiere, de la misma manera puede un hombre cultivar el jardín de su mente, eliminando todos los pensamientos equivocados, inútiles e impuros, y cultivando hacia la perfección las flores y los frutos de pensamientos correctos, útiles y puros. 

Al seguir este proceso, el hombre, tarde o temprano, descubre que él es el jardinero maestro de su alma, el director de su vida. También revela, dentro de sí, las leyes del pensamiento, y comprende, con una precisión cada vez mayor, cómo las fuerzas del pensamiento y los elementos de la mente operan en la formación de su carácter, sus circunstancias y destino.

El pensamiento y el carácter son uno, y como el carácter sólo puede manifestarse y descubrirse a través del ambiente y las circunstancias, las condiciones externas de la vida de una persona siempre se encontrarán armoniosamente relacionadas con su estado interior.
 

En general, los hombres están ansiosos por mejorar sus circunstancias, pero no están dispuestos a mejorarse a sí mismos. Esto es cierto tanto para aquellos que se sienten descontentos con su entorno como para aquellos que están satisfechos con él. 

Como ser de evolución y progreso, el hombre está en un punto en el que debe aprender que ha de crecer; y mientras aprende la lección espiritual que cada circunstancia le ofrece, ésta termina y da lugar a otras circunstancias. El hombre es abofeteado por las circunstancias mientras se piense a sí mismo como un ser creado por las condiciones exteriores, pero cuando se da cuenta de que es un poder creativo, y que puede manejar las tierras y semillas de su ser de las que las circunstancias nacen, se convierte en el dueño y señor de sí mismo.

Cuando un hombre tenazmente se dedica a subsanar los defectos de su carácter, y realiza un progreso rápido y marcado pasa rápidamente por una sucesión de cambios repentinos.

Cada semilla de pensamiento sembrado dejado caer en la mente, y que echa raíces, se reproduce a sí misma, floreciendo tarde o temprano en acciones, produciendo sus propios frutos de oportunidad y circunstancias.

Buenos pensamientos producen buenos frutos, malos pensamientos dan malos frutos. El entorno de las circunstancias toma forma en el mundo interno de los pensamientos, y todas las condiciones externas, agradables y desagradables, son factores que finalmente existen para el bien del individuo, el hombre aprende tanto sufriendo como disfrutando.

Siguiendo los más íntimos deseos, aspiraciones, pensamientos, por los cuales se deja dominar (persiguiendo visiones engañosas de impura imaginación, o caminando con pie firme el camino de elevadas aspiraciones), el hombre finalmente recibe por completo los frutos de estos en el entorno de su vida.  Las leyes del crecimiento y adaptación se cumplen en todo lugar.

El efecto del pensamiento en la salud

El cuerpo es el siervo de la mente. Siguiendo pensamientos indebidos el cuerpo rápidamente se hunde en la enfermedad y el decaimiento; siguiendo pensamientos virtuosos se viste de juventud y belleza. 

La salud y la enfermedad, al igual que las circunstancias, tienen su raíz en los pensamientos, pensamientos enfermizos se expresan a través de un cuerpo enfermo. Se ha sabido que los pensamientos de temor matan a un hombre tan rápido como una bala, y continuamente matan miles de gentes, tal vez no tan rápido, pero sí con igual efectividad. 

La gente que vive con temor a las enfermedades es la gente que las contrae. La ansiedad rápidamente debilita el cuerpo, y lo deja expuesto a la enfermedad; mientras pensamientos impuros, aunque no tengan un origen físico, pronto destruirán el sistema nervioso. Pensamientos energéticos, de pureza y dicha producen en el cuerpo vigor y gracia.

El cuerpo es un instrumento muy delicado y plástico, que responde rápidamente a los pensamientos que lo dominan, y los hábitos de pensamiento producirán sus efectos sobre él, sean estos buenos o malos.

De una mente contaminada proceden una vida y un cuerpo corruptos. El pensamiento es la fuente de toda acción, de la vida y su manifestación; construye una fuente que sea limpia y todo será puro.

No hay mejor medicina que los pensamientos felices para disipar los males del cuerpo; no hay mejor reconfortante que la buena voluntad para disipar las sombras de la pena y la amargura. Vivir continuamente con pensamientos malévolos, cínicos, y envidiosos, es confinarse en una prisión hecha por uno mismo. 

Pero pensar bien de todos, ser amable con todos, y pacientemente aprender a encontrar el lado bueno de las cosas, tales pensamientos son las verdaderas puertas del cielo; y vivir el día a día en pensamientos de paz hacia toda criatura atraerá paz en abundancia a su poseedor.

Pensamiento y propósito

Hasta que el pensamiento no esté acompañado de un propósito no habrá logro inteligente alguno. La mayoría permite que sus pensamientos naveguen sin rumbo y a la deriva por el océano de la vida. Tal falta de propósito es un vicio, y no debe permitirse aquel que quiere estar a salvo de la catástrofe y la destrucción.

Quien no tiene un propósito central en su vida cae presa fácil de preocupaciones banales, miedos, problemas, y auto-compasión, y así se dirige, tan seguro como si lo buscara con intención (aunque por un camino distinto), al fracaso, la infelicidad, la pérdida de lo querido, porque la debilidad no puede perdurar en un universo de poder.

El hombre debe concebir un propósito legítimo en su corazón, y luchar por alcanzarlo. Debe hacer de este propósito el centro de sus pensamientos. Puede tomar forma de un ideal espiritual, o puede ser un objeto terrenal, de acuerdo con su naturaleza y los tiempos; pero cualquiera sea, debe firmemente enfocar la fuerza de sus pensamientos hacia el objetivo que tiene ante él.

Debe hacer de este propósito su tarea suprema, y debe dedicarse por completo a conseguirlo, evitando que sus pensamientos divaguen en caprichos, antojos y fantasías, este es el camino real del dominio de sí mismo y la verdadera concentración del pensamiento. 

Habiendo concebido su propósito, debe marcar mentalmente una línea recta que lo lleve a su objetivo, sin mirar a la derecha ni a la izquierda. La duda y el miedo deben excluirse rigurosamente; son elementos que desintegran, que rompen la línea recta del esfuerzo, y la desvían, son inútiles, ineficaces. Los pensamientos de duda y temor nunca han logrado una meta, y nunca podrán. 

Siempre conducen al fracaso. El propósito, la energía, el poder, y los pensamientos enérgicos se detienen cuando la duda y el temor se arrastran entre ellos. La decisión y el propósito emanan de saber lo que podemos hacer.

La duda y el miedo son los grandes enemigos del conocimiento, y aquel que los aliente, y no los elimine, encontrará la frustración a cada paso. Aquel que haya conquistado la duda y el miedo ha conquistado al fracaso. Cada uno de sus pensamientos está aliado al poder, y las dificultades son valientemente enfrentadas y derrotadas con sabiduría. 

El factor del pensamiento en el logro

En un universo justamente ordenado, donde la pérdida del equilibrio significaría la destrucción total, la responsabilidad individual tiene que ser absoluta. La debilidad y la fuerza, la pureza y la impureza de un hombre son de él, y no de otro.

Son ocasionadas por él mismo, y no por otro. Y solo pueden ser alteradas por él mismo, nunca por otro. Su condición también es suya, y no de otro hombre. Su sufrimiento y su felicidad evolucionan desde dentro. Como él piensa, así es. Cómo sigue pensando, así permanece. 

Un hombre fuerte no puede ayudar a uno más débil a menos que el más débil esté dispuesto a ser ayudado, e incluso entonces el hombre débil debe hacerse fuerte por su propia cuenta. Debe, por su propio esfuerzo, desarrollar la fuerza que admira en otro. Nadie más que él mismo puede cambiar su condición.

Un hombre sólo puede elevarse, conquistar y alcanzar el éxito, elevando sus pensamientos. Sólo puede permanecer débil, abatido y miserable al negarse a elevar sus pensamientos. No debe rendirse, si quiere triunfar, ante su animalidad ni egoísmo, de ninguna manera; pero una parte de él debe, al menos, ser sacrificada.

Un hombre cuyo pensamiento principal es de indulgencia animal no puede pensar claramente, ni planear metódicamente; Si no empieza a controlar con valentía sus pensamientos, no está en capacidad de controlar otros asuntos y adoptar responsabilidades serias. No está preparado para actuar de forma independiente y por sí solo. Pero sólo lo limitan los pensamientos que él escoge. 

Los logros intelectuales son el resultado de un pensamiento consagrado a la búsqueda del conocimiento, o de la belleza y la verdad en la naturaleza. Tales logros pueden estar a veces ligados a la vanidad y la ambición pero no son el resultado de estas características; son el resultado natural de un arduo y prolongado esfuerzo, y de pensamientos puros y desinteresados.

Los logros espirituales son la consumación de aspiraciones divinas. Aquel que vive constantemente en la concepción de nobles y elevados pensamientos, que vive puro y desinteresado, se convertirá, tan seguro como que el sol alcanza su cúspide, y la luna llega a ser llena, en un hombre sabio y noble de carácter, y se elevará a una posición de influencia y buena fortuna.

El éxito, de cualquier tipo, es la corona del esfuerzo, la diadema del pensamiento. Con la ayuda del dominio de sí mismo, resolución, pureza, rectitud, y pensamientos bien orientados, el hombre asciende; llevado por la irracionalidad, indolencia, impureza, corrupción, y pensamientos confusos el hombre desciende.

Visiones e ideales

Los soñadores son los salvadores del mundo. Así como el mundo visible se sostiene por fuerzas invisibles, así el hombre, entre todos sus juicios, pecados y vocaciones sórdidas, se nutre de las visiones de belleza de sus soñadores solitarios. La humanidad no puede olvidar a sus soñadores, no puede dejar sus ideales desaparecer y morir; la humanidad vive en estos, los conoce como las realidades que un día serán vistas y conocidas.

Valora tus visiones; valora tus ideales; valora la música que agita tu corazón, la belleza que se forma en tu mente, la gracia que viste tus más puros pensamientos, de ellos crecerán condiciones encantadoras, un ambiente celestial; de ellas se construirá, si te mantienes fiel, tu mundo. Querer es poder; soñar es lograr.

¿Deberán los bajos deseos del hombre recibir la máxima gratificación, y sus aspiraciones más puras morir sin sustento? Esa no es la ley. Tal condición nunca ocurrirá: “Pide y recibirás”. Sueña con nobles sueños, y mientras sueñes te convertirás. Tu visión es la promesa de lo que un día serás. Tu ideal es la profecía de lo que un día llegarás a revelar.

Tus circunstancias pueden no ser de tu agrado, pero no han de seguir siendo las mismas si concibes un ideal y luchas por alcanzarlo. No puedes movilizarte por dentro y permanecer estático por fuera.

Serenidad

La tranquilidad de la mente es una de las bellas joyas de la sabiduría, es el resultado de un esfuerzo largo y paciente en el dominio de sí mismo. Su presencia es indicadora de una experiencia madura, y de un conocimiento más que ordinario de las leyes y el funcionamiento del pensamiento. 

Un hombre alcanza la tranquilidad en la medida que se entiende a sí mismo como un ser que evoluciona del pensamiento. Para tal conocimiento necesita entender a los otros como el resultado del pensamiento, y mientras desarrolla el entendimiento, y ve con mayor claridad las relaciones internas de las cosas por la acción de causa y efecto, cesa su agitación, su enfado, su preocupación y su congoja, y permanece en equilibrio, inalterable, sereno.

El hombre calmado, habiendo aprendido cómo gobernarse, sabe cómo adaptarse a otros; y estos, a su vez, reverencian su fortaleza espiritual, y sienten que pueden aprender de él, y confiar. Cuanto más tranquilo sea un hombre, mayor es su éxito, su influencia, su poder para el bien. El hombre fuerte y calmado es siempre amado y reverenciado.

Notas finales

Debemos seleccionar y nutrir los pensamientos que deseamos que florezcan en nuestras vidas. Nuestras actitudes mentales afectan directamente nuestra salud física y bienestar. Tienes que adoptar una mentalidad de crecimiento, reconocer el valor de los sueños y abrazar la responsabilidad de nuestro propio progreso. 

Utiliza esta guía para la autorrealización a través de la autorreflexión y la autodisciplina. Eres el maestro de tus pensamientos, el forjador de nuestro carácter y creador de tus circunstancias. 

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¿Quién escribió el libro?

James Allen (28 de noviembre de 1864 - 24 de enero de 1912) fue un escritor filosófico británico conocido por sus libros inspiracionales y de poesía, y por haber sido un pionero en el movimiento de autoayuda. Su trabajo más conocido, Como piensa... (Lea mas)

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