Cuando la terapia nunca puede equivocarse
Ray Osheroff llegó a Chestnut Lodge como un nefrólogo exitoso hundido en depresión. Allí, el psicoanálisis lo trató sin medicamentos: caminaba hasta dieciocho millas diarias en pantuflas y perdió cuarenta libras, mientras los médicos interpretaban su deterioro como resistencia terapéutica. Trasladado a Silver Hill, los antidepresivos lo recuperaron en semanas. Su demanda contra el primer hospital marcó el giro de la psiquiatría estadounidense hacia el modelo biomédico y el DSM-III.
Una misma devoción, dos lecturas opuestas
En la India de los años sesenta, Bapu encontró en la devoción a Krishna una salida a la asfixia de su casta brahmán. Sus vecinos leían sus poemas como inspiración divina, en la tradición de la mística Mirabai; su familia, en cambio, vio vergüenza y diagnosticó esquizofrenia. Fue internada contra su voluntad y recibió electroshocks. Sus hijos, Bhargavi y Karthik, heredaron no un diagnóstico, sino una pregunta sin cerrar sobre fe y enfermedad.
Delirios que nacen de una historia real
Naomi Gaines creció entre la pobreza y la violencia de los Robert Taylor Homes en Chicago. Tras dar a luz a gemelos, desarrolló psicosis posparto y llegó a creer en un programa gubernamental, MKNAOMI, que buscaba exterminarla a ella y a sus hijos. El proyecto existió realmente como experimento de la CIA. Saltó de un puente para 'salvar' a sus bebés; uno murió. El sistema legal ignoró el trasfondo racial verdadero detrás de su delirio.
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