Animarse y saltar - Reseña crítica - Rosario González
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Animarse y saltar - reseña crítica

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Autoayuda y motivación

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9788472453722

Editorial: PLAN B

Reseña crítica

“Ser feliz es darse cuenta” es la frase que la autora elige para presentarnos este libro al que confiesa sentir como un “rompecabezas” que fue armando a partir de experiencias propias y de otras personas en relación con vidas atravesadas por la ansiedad, la soledad y la tristeza.

Acompaña a Rosario González en este camino de autorreflexión y autodescubrimiento.

Identidad

“Todavía tengo secretos que no me animo a contarme. Por eso escribo”, afirma Rosario González. La autora nos habla de buscar y encontrar una identidad propia a partir de vernos en otras personas, y reconocer también en nosotros lo que llevamos de los demás.

“Porque llevo tu nombre, porque ahora que soy más grande nos parecemos, porque me enorgullezco hasta de los defectos que heredé de vos. Aunque no te pueda ver más. Te llevo acá para siempre, yo estoy hecha de vos”, expresa la autora en relación con su familia.

La autora continúa reflexionando sobre el momento de adultez y se pregunta si ser adulto implica adaptarse al medio y resignarse a cumplir con los deberes y las reglas del juego, relegando los propios deseos a un segundo plano.

Pero, ¿y si hubiera otra opción? González nos invita a repensar esta situación, entendiendo que es posible ser responsables sin resignar lo que se desea o necesita, y que también debe ser una prioridad darle lugar a ello.

Tenemos derecho a sentirnos perdidos y a no poder cumplir con todo. También tenemos derecho a tener necesidades, a buscarlas y exigirlas.

Las luces y las sombras

La autora reflexiona acerca de la tristeza y comienza el capítulo hablando de lo tristes que son las personas que nos ponen tristes. La tristeza, cuando tiene forma de personas que nos utilizan o de personas que nunca ayudan, no es buena.

A veces nos pasan cosas malas y nos preguntamos por qué nos suceden a nosotros. Sentimos un dolor profundo y sentimos que tenemos que pedir ayuda, pero no siempre sabemos cómo hacerlo.

Muchas veces sentimos que nadie nos escucha y la desesperación se apodera de nosotros. Sentimos que estamos luchando con un monstruo que no da tregua.

González nos invita a recordar todas las veces que nos sentimos así y cómo después de un tiempo ese monstruo se fue y la angustia pasó. Está bien que lloremos si así lo sentimos, pero es importante que recordemos que podemos salir de esa oscuridad.

La tristeza cuando es grande duele en el cuerpo, incluso más que cualquier afección física. Y no es tan fácil curarla ni combatirla, porque siempre parece que se resiste a las anestesias temporales y a los atajos.

Frente a esto, solemos pensar que si necesitamos llorar, lo mejor es calmarnos o salir a tomar un poco de aire, pero González dice que lo mejor es llorar todo lo que nuestra alma nos pida, porque la pena tiene sus tiempos y hay que respetarlos.

El mundo sigue, siempre. Y nosotros también somos parte de ese mundo, aunque a veces no lo entendamos. Aunque a veces no sepamos cómo ni por dónde empezar, tenemos que recordar que vamos a poder seguir.

Un día nos despertamos y todo pareciera haber cambiado de color. El aire entra sin obstáculos en nuestro cuerpo. Logramos dormir bien y aclarar nuestros pensamientos. No hay angustia al acecho. Volvió la calma y podemos sentir que estamos presentes en el aquí y ahora, con las ideas en orden.

La autora pregunta entonces: ¿Cambiaron tanto las cosas a nuestro alrededor? Lo más probable es que la respuesta sea negativa. Seguramente, nadie ni nada haya venido a darte sentido. Lo que pasó es que te diste cuenta y ahora estás a salvo.

González utiliza como metáfora las tormentas que arrasan con todo, durante las cuales es muy difícil ver, pero luego todo se aclara. Lo importante después de estas tormentas es pensar con qué contamos para seguir y qué quedó de todo lo que había, y que reflexionemos sobre aquellas cosas que ya no necesitamos más.

Lo más importante es poder volver a estar presentes y conectados con nuestra realidad. La autora dice que cuando nuestra mente está ocupada en cosas que nos angustian en vez de pensar en el aquí y ahora, estamos perdiendo una gran cantidad de momentos felices que no podremos recuperar.

El dolor que estás sintiendo

La autora plantea dos cuestiones a tener presentes en un momento de mucho dolor:

  1. Tienes derecho a pedir ayuda.
  2. El dolor que sientes no es un castigo.

Nadie es autosuficiente cuando el dolor golpea fuerte y nadie merece guardarse las ganas de pedir ayuda ni convencerse a sí mismo de que siempre puede solo. Nacemos con la necesidad de ser protegidos y guiados. La verdad es que no podríamos sobrevivir sin el cuidado de alguien.

No somos débiles por asumir nuestra vulnerabilidad. No debemos considerar un fracaso el aceptar el apoyo de otra persona o incluso reclamarlo a alguien que creemos que debiera habernos acompañado.

Por otro lado, la autora hace hincapié en no considerar nuestro dolor como un castigo, porque no debemos pensar que merecemos que nos pasen cosas malas y que sufrir es nuestra culpa. Frente a esto, González dice que lo mejor es darle nuestro propio sentido a ese dolor.

El dolor puede estar ahí para que aprendas, para que busques, reclames, te enojes, decidas y cambies. La autora dice que no debemos dejar pasar la oportunidad de convertirnos en una mejor persona, más fuerte, más empática y más sabia.

Somos energía

La autora plantea que lo que decimos sobre otros no solo habla sobre nosotros, sino que además construye nuestra realidad.

Cuando participamos en una conversación donde criticamos o nos burlamos de otra persona, es importante reflexionar por qué elegimos divertirnos con algo que podría causar mucho dolor, y que quizás a nosotros mismos nos hizo sufrir alguna vez. ¿Cómo nos sentimos cuando alguien menosprecia nuestro trabajo o se burla de nuestro aspecto físico?

“Las palabras tienen valor”, dice González. Según ella, todo lo que decimos, toda la energía que proyectamos tiene consecuencias y atrae vibraciones similares, porque somos energía pura.

Sobre esto, la autora sugiere cuidar nuestras palabras, actitudes y pensamientos. Esto no significa que neguemos nuestra libertad de manifestar nuestros sentimientos o reprimir lo que pensamos. Se trata de comprender que lo que hacemos, a favor o en contra de quienes nos rodean, repercute directamente sobre nuestro mundo.

Es importante que aceptemos la responsabilidad que tenemos sobre nuestra propia realidad.

Ansiedad

¿Qué es esa inquietud que nos mueve las piernas desesperadamente, que nos hace apretar los dientes, contraer los músculos y cerrar los puños? ¿De dónde viene y qué nos quiere decir?

Cuando sentimos ansiedad, todo el cuerpo pide irse, quedarse, esconderse y salir, todo eso que no se puede hacer al mismo tiempo. Tener sueño, pero no poder dormir. No poder cerrar los ojos aunque el cuerpo esté agotado. Pensar una y otra vez en algo que nos atormenta.

La autora nos dice que el primer paso para enfrentar la ansiedad es tomar conciencia. Y tomar conciencia no se trata de repetirnos una y otra vez que debemos calmarnos.

Tomar conciencia es darnos cuenta en cuerpo y alma de lo que está pasando, permitirnos sentir todo eso incómodo que nos ocurre y ver cómo vamos a pararnos frente a eso. Es aprender a escuchar a nuestro cuerpo para poder ver más allá de él.

González insiste con la idea de que la felicidad es darse cuenta, pero plantea que también es entendible que a veces no tengamos ganas de absolutamente nada, y que esto no es un muro voluntario que nos pongamos para dejar de ver todo lo bueno de alrededor. Quizá, en esos momentos, darse cuenta tiene que ver con animarse a pedir ayuda.

Está bien que tengamos miedo, pero no tenemos por qué atravesar ese sentimiento en soledad, porque no nos lo merecemos.

La autora cita una frase que le solía decir su psicóloga: “La leona, para ser leona, duerme tremendas siestas”.

En relación con eso, reflexiona sobre cómo la ansiedad nos vuelve incapaces de estar donde estamos, viviendo lo que nos toca porque el presente se transforma solo en un paso para lo que aspiramos en el futuro.

Además, solemos sentir que tenemos que esforzarnos más que el resto porque hay algo malo en nosotros y nos resulta todo más difícil. Sobre esto, González nos invita a tomarnos el tiempo de pensar que quizá a los demás les cueste expresarlo pero también pueden estar un poco perdidos. Todos somos humanos y tenemos derecho a cansarnos.

Es muy importante recordar siempre que tenemos un cuerpo con necesidades, que no sabemos todo de todos y que el mañana puede ser muy distinto a como creemos que será.

Nuestra meta tiene que ser pensar solo en el día de hoy. No se trata de tener todas las certezas, sino de aprender a vivir con las incertidumbres.

No quieras controlarlo todo, es inútil y solo te trae sufrimiento. Solo existe este momento y lo demás solo habita en tu imaginación. Respira profundo y recuerda que estás bien.

Cuando los malos pensamientos regresen, es importante que recuerdes que cuidar tus pensamientos es una manera de cuidarte. Mereces ser más compasivo contigo mismo, tratarte bien y darte cuenta de que tienes derecho a estar mejor.

Deshojando margaritas

Cuando estamos en una relación, puede suceder que no nos sintamos a gusto con ciertas actitudes de nuestra pareja, o que estas nos hagan sufrir. Incluso, podemos sentirnos peor por el hecho de no poder expresar ese malestar.

En esta situación, lo más importante es que podamos darnos cuenta de que no merecemos nunca que nadie nos haga sentir mal y debemos poder decir y explicar a esa persona lo que nos pasa.

Si una vez que pudimos expresarlo la otra persona no nos entiende y no modifica esas actitudes, debemos hacernos cargo de que en nosotros está la decisión de sostener o terminar esa relación.

Darse cuenta implica hacerse cargo, y si ya pudimos darnos cuenta de cómo son las cosas, la decisión es nuestra.

A ti te pertenecen la libertad y el orgullo. Es tuya la felicidad, y es tuyo el derecho de habitar tu piel y todos los espacios que decidas habitar, seas como seas, le gustes a quien le gustes. No necesitas la validación de nadie.

González plantea que le parece realmente injusto que en general nadie nos diga que está bien ser como somos y que son los demás los que tienen un problema si les incomoda mirarnos. No somos la opinión de nadie.

Notas finales

Date a ti mismo la oportunidad de cambiar, moverte y probar cosas nuevas. Aunque no siempre salga bien, la respuesta no está en quedarnos quietos. Ilusionarse siempre está bien. Intentar siempre está bien.

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¿Quién escribió el libro?

Es una escritora argentina nacida en 1985. Actualmente, se desempeña como redactora publicitaria especializada en redes sociales y marketing digital. Bajo el seu... (Lea mas)

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