Todo lo que debes saber sobre la pandemia del coronavirus (COVID-19) Resumen - 12min Originals

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Todo lo que debes saber sobre la pandemia del coronavirus (COVID-19)

Todo lo que debes saber sobre la pandemia del coronavirus (COVID-19) Resumen
12min Originals

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

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Resumen

El 11 de marzo de 2020, unos meses después de que un brote de coronavirus-2 del síndrome respiratorio agudo grave golpeó China, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una pandemia global. ¿Pero cómo inició? ¿Y qué tan serio es? Prepárate para descubrir todo lo que necesitas saber sobre el nuevo coronavirus y aprender qué puedes hacer para prevenir su propagación.

Virus - Los zombies de la naturaleza

Los virus son microorganismos más pequeños que las bacterias que cuentan con material genético pero no pueden reproducirse fuera de una célula viva. Es decir que no pueden hacer prácticamente nada por sí solos: para vivir y sobrevivir necesitan insertarse en las células de otra criatura que se convierte en su anfitrión o huésped. No estaríamos exagerando si dijéramos que, por su cuenta, los virus ni siquiera están vivos: no están compuestos por células y no pueden crecer ni fabricar su propia energía. Comúnmente se los describe como “organismos al borde de la vida”. Ocupan una área gris entre el mundo vivo y el no vivo.

Fueron descubiertos por primera vez por el científico ruso Dmitri Ivanovsky en 1892. El biólogo sospechaba que una enfermedad del tabaco que estaba azotando la península de Crimea en ese momento era causada por un agente infeccioso desconocido. Su teoría fue confirmada por el microbiólogo holandés Martinus Beijerinck en 1898. Sin embargo, la mayoría de los científicos tenía dificultades para comprender cuál era la naturaleza de este agente. Para diferenciarlo de la bacteria, Beijerinck propuso llamarlo “virus”, por la palabra en latín que significa “veneno”.

Fue mucho después, en el siglo XX, que los virólogos descubrieron que los virus no son veneno ni agentes químicos, sino algo mucho más vivo y, por lo tanto, siniestro. Si necesitas una analogía, piensa en los cyborgs de la saga “Terminator”: a pesar de haber nacido con su forma completa, los virus también confían en un huésped material para desarrollarse, ganar fuerza y completar su misión. Desafortunadamente, esa misión suele estar en nuestra contra. Para que el virus viva, necesita las mismas células que nosotros para funcionar correctamente: las células de nuestro cuerpo.

Coronavirus: introduciendo la familia del COVID-19

Los virus están en todas partes. Es probable que sean “el tipo de entidad biológica más numerosa”. Se estima que existen millones de tipos diferentes pero, hasta ahora, apenas conseguimos describir con detalle algunas miles de especies, clasificándolas en alrededor de 30 familias. Una de estas familias es la Coronavirus, llamada así por los picos con forma de corona que sobresalen de la superficie de estos agentes infecciosos.

El primer coronavirus fue descubierto hace sólo medio siglo en los pollos. Ahora conocido como el avian coronavirus o, más comúnmente, “virus de la bronquitis infecciosa aviar” (IBV, por sus siglas en inglés). Se trata de un patógeno altamente infeccioso que afecta severamente las vías respiratorias de las aves. Luego se descubrió que algunos coronavirus también pueden afectar a los mamíferos, causando diarrea en vacas y cerdos.

Los coronavirus humanos más antiguos que fueron descubiertos (aburridamente llamados 229E y OC43) no parecían tan dañinos, causando infecciones respiratorias leves a moderadas, no muy diferente a las que produce el resfriado común. Lo mismo ocurre con otras dos cepas, llamadas NL63 y HKU1. Aunque las tres cepas restantes, dentro de las siete descritas hasta ahora, parecen ser mucho más peligrosas. Son las responsables por los brotes virales más conocidos del actual milenio:

  • Coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV). Descubierto por primera vez en 2003, provocó un brote de la enfermedad del SARS en el sur de Asia, infectando a más de 8.000 personas y dejando 774 muertes en 71 países diferentes. Una tasa de mortalidad de casi el 9%. Afortunadamente, el último caso reportado data del 2004.
  • Coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV). En un principio llamado el “nuevo coronavirus”, MERS-CoV fue un virus identificado por primera vez en Arabia Saudita, en 2012. Causó tres brotes separados: dos epidemias en Medio Oriente en 2012 y 2018, y otra en Corea del Sur en 2015. En total, hasta fines de 2019, se confirmaron 2.500 casos y 851 muertes: una tasa de mortalidad de casi 35%.
  • Coronavirus-2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2). Esta es la última cepa de coronavirus humano en ser descubierta y es la responsable de la pandemia del coronavirus 2019 (o COVID-19).

COVID-19: ¿de dónde vino y cómo se propagó?

Los cuatro tipos de coronavirus humanos más comunes (229E, NL63, OC43 y HKU1) son transmitidos por el hombre, es decir que usan a los humanos como sus anfitriones naturales. Puede que esta sea la razón por la que no resultan una amenaza para nosotros: parece que evolucionaron para maximizar su propagación en lugar de su patogenicidad, y la mejor táctica evolutiva en tal caso es transmitirse rápida y fácilmente sin dañar al huésped. Sin embargo, las otras tres cepas de coronavirus son zoonóticas, lo que significa que usan animales como huéspedes principales, al mismo tiempo que pueden infectar humanos. Y el punto de partida para las tres parecen haber sido los murciélagos.

Debido a su amplia distribución, alta movilidad y larga vida útil, los murciélagos son reservorios naturales de numerosos patógenos zoonóticos, transportando incluso más virus por especie que los roedores. No obstante, debido a que han evolucionado coexistiendo con la mayoría de estos virus, los murciélagos son muy resistentes a ellos. Lamentablemente, muchos de ellos pueden transmitirse fácilmente a ganado y mascotas por causa de la depredación e interacciones accidentales. A partir de aquí, también pueden alcanzar e infectar a las personas. Y debido a que estos virus son, por naturaleza, desconocidos para el sistema inmunológico humano, pueden causar inmediatamente problemas graves dentro de nuestras células.

Existe la teoría de que tanto el SARS como el MERS fueron originados en los murciélagos. El virus del SARS habría saltado de los murciélagos de herradura a los humanos a través de las civetas, unos mamíferos delgados y nocturnos vendidos como carne en los mercados locales chinos. De forma similar, antes de afectar a los humanos, el MERS infectó a los camellos. Por ese motivo los primeros pacientes detectados eran de Arabia Saudita. La evidencia sugiere que el virus que causó la pandemia actual debe haber seguido una ruta similar, usando un intermediario para pasar de murciélagos a humanos.

Todavía no tenemos total conocimiento sobre la identidad de este animal misterioso. Originalmente, se suponía que podía haber sido el pangolín -osos hormigueros escamosos utilizados en la medicina tradicional china-, pero pruebas posteriores descartaron esta posibilidad. Sea como fuere, la pandemia del COVID-19 se transmitió por primera vez desde un mamífero a un ser humano en uno de los "mercados húmedos" de Wuhan, China, donde los animales exóticos son amontonados en jaulas y a menudo asesinados en el momento para demostrar la frescura de la carne. El paciente cero parece haber sido un hombre de 55 años con una “neumonía de causas desconocidas” internado en un hospital de Hubei el 17 de noviembre de 2019. Apenas un mes y medio después se confirmó la transmisión entre humanos que, desde entonces, ha sido la principal fuente de contagio.

Síntomas, diagnóstico y tratamiento del COVID-19

Como indica su nombre, el SARS-CoV-2 comparte similitudes genéticas con el SARS-CoV original que apareció en 2003. A pesar de que las dos cepas pertenecen a la misma especie viral, el nuevo coronavirus se transmitió hacia los humanos de forma separada y tampoco es un descendiente directo del primer brote. De igual forma, los síntomas de las enfermedades causadas por ambos virus son bastante parecidos.

La enfermedad del COVID-19 demora entre dos y catorce días para desarrollarse luego de que el cuerpo fue expuesto al SARS-CoV-2. Los síntomas varían entre una intensidad leve y grave, y suelen incluir fiebre (i.e., temperaturas que superen los 100.4 °F o 38 °C), tos seca y dificultad para respirar. También puede producir secreción nasal, estornudos y dolor de garganta, así como fatiga y dolor muscular. Diarrea, náuseas y dolor de cabeza son menos habituales, pero igualmente se han reportado como síntomas. En casos más graves, el COVID-19 puede avanzar hacia una neumonía, fallo multiorgánico e incluso la muerte.

La mala noticia es que todavía no sabemos qué tan contagiosas son las personas durante el período incubatorio, cuando aún no se presentan síntomas. Incluso se han llegado a reportar casos raros asintomáticos. Esto significa que puede que existan muchos jóvenes que desconocen que están infectados con COVID-19 y están contagiando a las personas dentro de las categorías de riesgo: adultos mayores y enfermos crónicos que sufren condiciones como diabetes o afecciones respiratorias o vasculares. Las primeras estimaciones indican que la tasa de mortalidad de este subconjunto de personas podría ser varias veces mayor que la tasa de mortalidad promedio de la enfermedad, que varía de un país a otro y se encuentra entre el 1,4% y el 3,5%.

La única forma de saber si estás infectado con COVID-19 es haciéndote un test. El test específico sólo puede ser hecho por profesionales médicos en muestras respiratorias que, generalmente, se obtienen de la parte posterior de la nariz o la garganta del paciente sospechoso. En la mayoría de los países, los resultados están disponibles luego de unas horas.

Como sucede con todos los tipos de coronavirus, actualmente no hay tratamiento ni vacuna para el COVID-19. Los síntomas, en la mayoría de las personas, generalmente desaparecen por sí solos. Descansar mucho y beber líquidos debería ayudar. Sin embargo, debes buscar ayuda médica inmediata si te encuentras en las categorías vulnerables y/o sientes problemas al respirar. Y es incluso más importante que hagas todo lo que puedas por no contagiar el virus a otras personas. Por lo tanto, debes quedarte en casa.

Q&A: Cinco mitos y hechos sobre el coronavirus

Las noticias falsas y las suposiciones siempre son peligrosas pero, durante una epidemia, pueden llegar a tener consecuencias desastrosas. Aquí tienes cinco mitos comunes sobre el coronavirus que están circulando en internet, contrarrestados con hechos respaldados por el conocimiento científico actual:

  1. Sólo es otra gripe. No, no lo es: si bien la mayoría de las personas que se infecten con el COVID-19 apenas sentirán síntomas leves similares a los de la gripe común, incluso con las estimativas más optimistas, el coronavirus será al menos diez veces más mortal que la gripe estacional.
  2. Los niños no pueden contagiarse de coronavirus. Sí, claro que pueden. Nuevos estudios indican que tienen tantas chances de contagiarse como los adultos. Sólo parece menos probable que desarrollen síntomas severos. Por lo tanto, las escuelas están cerradas no sólo para protegerlos, sino por la seguridad de los grupos vulnerables.
  3. Los barbijos son una exageración. El nuevo coronavirus se está transmitiendo en gran medida a través de gotitas respiratorias producidas cuando respiramos, hablamos, estornudamos o tosemos. Los barbijos sirven para capturar estas gotitas, por lo que no estás exagerando si usas uno, especialmente si vives en un área de alto riesgo o tienes probabilidades de estar en contacto con alguien infectado. Si ya has contraído el virus, usar un barbijo puede proteger a los demás.
  4. Falta poco para que se desarrolle una vacuna. No. Incluso en el mejor de los casos, tomará más de un año para que una vacuna efectiva se encuentre disponible al público.
  5. Todo se terminará en unas pocas semanas. Desafortunadamente, no sabemos cuándo acabará: depende mucho de cómo actuemos ahora. Además, es probable que empeore antes de mejorar. Pero puede que el verano nos ayude (en el hemisferio norte): el clima cálido restringe la propagación de patógenos similares, como la influenza y los coronavirus más leves. Con suerte, el SARS-CoV-2 no será una excepción.

Consejo de 12min

La mejor manera de detener al coronavirus es lavándote las manos regularmente y en profundidad. Evita tocar tu cara tanto como sea posible: el virus no puede afectarte a través de la piel, pero sí mediante tus ojos, nariz y boca. Cuando tosas o estornudes, hazlo sobre la parte interior de tu codo. Y quédate en casa tanto como puedas. No, no estamos exagerando.

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