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Mujeres y Poder

Mujeres y Poder Resumen
Sociedad y política y Historia y filosofía

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

También disponible en audiobook

Resumen

Este libro recopila algunas de las más famosas conferencias que ha brindado la académica feminista Mary Beard. La británica analiza cómo fue considerada la mujer dentro de las estructuras de poder a lo largo de la historia y lo poco que ha cambiado su apreciación hasta hoy. En momentos donde este tema está en auge, resulta fundamental comprometerse. ¡Empieza por aquí!

La voz pública de las mujeres

Más allá de los grandes avances que han conseguido las mujeres en materias políticas y sociales en el último siglo, aún falta para la verdadera igualdad con el hombre.

Mary Beard sostiene que hay muchas cosas para festejar como tantas otras para preocuparse o trabajar.

¿Pero cuál fue el primer registro del machismo dentro de la literatura occidental? El texto más antiguo que contiene claras referencias de un hombre diciéndole a una mujer “que se calle” es la Odisea, de Homero. Hace tres mil años atrás.

Allí, Telémaco, hijo de Ulises y de Penélope, ordena a su madre que vaya a hacer tareas “propias” de una mujer luego de que ésta propusiera otro tema a la hora de recitar poesías.

La voz femenina ya era callada y menospreciada en esferas públicas.

Esto se puede palpar aún hoy en lugares tan disímiles como el Parlamento o Twitter.

Para hacer un análisis profundo, Beard toma una postura más distante. Así logra despegarse del simple término “misoginia”, que es atinado para describir lo que sucede pero muchas veces resulta indolente.

En síntesis, su objetivo es entender por qué las mujeres “deben pagar un alto precio para hacerse oír”.

Retomando el contexto histórico, acude a las Metamorfosis de Ovidio. En esta épica historia, la charlatana Eco es castigada al despojarle su voz para que nunca fuera suya. Queda como un simple instrumento que repite lo que dicen los demás.

Existen algunas excepciones de mujeres que pudieron hablar en tiempos romanos. Sin embargo, todas repiten algún patrón en común. O son descritas como “de aspecto masculino”, andróginas o gritonas, o porque recibieron la posibilidad de hacerlo antes de morir.

En la Antigüedad queda escaso decir que a las mujeres no se les permitía tener voz en la política. Era algo mucho peor: estaban excluidas de forma malintencionada. El discurso público y la oratoria era sólo para varones, definían a la masculinidad como género.

Estas tradiciones clásicas han influido en la creación de un claro patrón a la hora de disertar que ha llegado hasta nuestros tiempos. Siempre con el género como una parte importante.

Se repite lo mismo. Cuando las mujeres tienen lugar para practicar la oratoria, es para apoyar los intereses de su propio sector o en condición de víctimas.

Durante mucho tiempo su discurso ha estado encasillado en el ámbito feminista. No es que nuestras luchas no sean importantes -alguien tiene que hacerlo-, pero solo nos han dado espacio para eso.

Y en ocasiones peores, directamente han sido silenciadas. Pasó con la senadora Elizabeth Warren en los Estados Unidos en 2017 o en Las bostonianas, novela de 1880 de Henry James.

Hoy en día seguimos calificando a la voz femenina con palabras como “estridentes”, “lloriquean” y “gimotean”. No muy lejos de lo que pasaba en los tiempos antiguos.

De esta forma se despoja de autoridad a la mujer, al igual que de fuerza y hasta de gracia. La ubica en el ámbito privado y vulgariza sus expresiones.

Esto es justamente lo contrario a lo que sucede a los hombres de voz grave.

También puede apreciarse a otros niveles. Por ejemplo, un lugar común para las mujeres en los gobiernos suele ser el Ministerio de Igualdad. Sin embargo, no es usual que ocupen el mayo cargo en Hacienda.

“Estas actitudes, supuestos y prejuicios están profundamente arraigados en nosotros: en nuestra cultura, en nuestro lenguaje y en los milenios de nuestra historia”, dice la autora.

Beard hace hincapié en que para poder superar de una vez por todas este tema es necesario estudiar “las fallas y fracturas que subyacen en el discurso masculino dominante”.

Mujeres en el ejercicio del poder

Dellas. Un mundo femenino fue una peculiar historia publicada por Charlotte Perkins Gilman en 1915. Con mucha ironía, Mary deja entrever que las mujeres no son conscientes de sus propios logros.

Allí vivían en un mundo ideal, únicamente habitado por ellas. Hasta que llegan tres hombres y varias sucumben ante sus ideas. Finalmente, logran sacarlos de su tierra para retomar la senda ideal.

Esto lleva a Beard a pensar que no nos podemos imaginar a una mujer poderosa. Si bien en tiempos actuales hay algunas que ocupan cargos políticos, el modelo cultural y mental de una persona poderosa sigue siendo masculino.

No sabemos cómo luce una mujer poderosa. A excepción de que es similar a un hombre.

Mujeres con autoridad como Angela Merkel o Hillary Clinton visten la convención del traje pantalón. Dejando de lado la comodidad que seguramente tienen con ese atuendo, es probable que sea una estrategia para que luzcan más viriles.

Hasta hoy, la debilidad sigue siendo algo adjuntado al género femenino. En consecuencia, las mujeres son vistas como ajenas al poder.

“Si queremos dar a las mujeres como género un puesto dentro de las estructuras de poder, hemos de reflexionar sobre cómo y porqué pensamos del modo en que pensamos”, explica Mary.

La autora sostiene que hay un patrón cultural para despojar de poder a las mujeres.

Volviendo a la Antigüedad, tenemos la fantasiosa idea que nos dejaron los personajes femeninos poderosos en los relatos. No obstante, vimos que no era así. La mujer apenas podía salir de la casa.

Y muchas veces se las retrata como usurpadoras del poder, en vez de legítimas merecedoras. Por lo que las que “ganan” en esas historias tampoco son un “modelo a seguir”.

Cada vez que retrocedemos en el tiempo buscando antecedentes en el mundo occidental encontramos que en todo momento hubo una división contundente entre las mujeres y el poder.

Es el caso de la cabeza de Medusa de la diosa Atenea. Representa el peligro que traería la simple posibilidad de llevar a cabo el poder femenino. Esos rizos -reflejados muchas veces con serpientes- reivindican de forma implícita al poder fálico.

Todas las líderes actuales han sido representadas con esta imagen: Merkel, Clinton y la brasileña Dilma Rousseff.

Ahora, ¿qué debemos hacer para darle un lugar adecuado a la mujer en el poder?

Beard señala que hay que reconocer dos perspectivas. Una individual y otra más general.

Si analizamos los casos de las mujeres que “llegaron”, una gran característica que tuvieron es que fueron capaces de tomar a los símbolos que normalmente las hubiesen despojado de poder en una ventaja a su favor.

Margaret Thatcher utilizó a los bolsos, un elemento femenino, como un término político. En un sentido figurado, “correr a los bolsazos”.

El problema es que seguimos viendo al poder como algo elitista. Allí la estructura parece inalcanzable, básicamente porque está ideada para los hombres. Entonces hay que cambiarla.

Para eso hay que separar al poder del prestigio público. Tenemos que pensar de forma colectiva, comenta la autora. Esto significa reflexionar sobre el poder del público y no acerca del de los líderes.

La británica propone ver al poder como un atributo o como un verbo. De marcar la diferencia en el mundo, del derecho a ser tomado en serio. Tanto a nivel individual como grupal.

“Es el poder en este sentido que muchas mujeres perciben que no tienen, y que lo quieren”, afirma.

Quizás deberíamos ser optimistas, agrega. Beard se sorprende que uno de los movimientos sociales más fuertes de los últimos años como el Black Live Matters haya sido fundado por tres mujeres.

No obstante, aún falta mucho para mejorar realmente la situación.

Algunas actualizaciones

Como el primer capítulo está basado en una conferencia que Mary Beard dio en 2014, realizó unas pequeñas actualizaciones.

No es un intento de agregar nuevas formas de repensar al poder. Tampoco de desmontar el nuevo concepto de “liderazgo” que se está instalando en ambientes como el gobierno, los negocios o las universidades.

Si bien cuenta que le gustaría analizar esos términos, la autora se enfocó en dos entrevistas radiofónicas realizadas a la parlamentaria laborista Diane Abbott y al conservador Boris Johnson. Eran rivales en las elecciones generales del verano de 2017 en el Reino Unido.

Ambos tuvieron declaraciones poco precisas -en el caso de Abbott- e ignorantes -Johnson-. Pero las repercusiones en internet fueron diferentes.

Abbott fue puesta en ridículo y señalada como “gorda idiota” y “pedazo de cretina”, entre otros. Además de que, por ser negra, también padeció comentarios racistas.

Le dijeron de una muy mala forma que no estaba preparada para el cargo.

A Johnson también lo criticaron. Aunque los mensajes iban en otra sintonía. Mary lo considera “un ejemplo de la rebeldía del macho: debería esforzarse más, dejarse de bravuconadas, concentrarse y dominar mejor su materia”.

Sería un “hazlo mejor la próxima vez” para él. En cambio, a ella le dejaron en claro que no habría una próxima vez.

Para las mujeres no sólo es más difícil triunfar, sino que también se las mide con una vara más alta.

El trato desigual del público hacia Abbott y Johnson, cuenta Beard, no tiene un antecedente histórico en el que pueda reflejarse.

Por suerte, no todo lo que hacemos o pensamos tiene como base a los griegos o los romanos.

De Mujeres y poderes al #MeToo

Tras la publicación del libro llegó a las redes sociales el hashtag más famoso del mundo, el #MeToo.

El caso -y las denuncias- contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein puso sobre la mesa el debate público sobre cuestiones de violación y acoso sexual. Nunca había pasado a esa escala.

No obstante, Beard oscila entre el optimismo y el pesimismo con esta cuestión.

Desea que este hecho marque el inicio de una revolución sexual y social. Sobre todo, que anime a las mujeres a no quedarse calladas frente a estas situaciones.

Pero es consciente que llevar esto de las redes sociales a la práctica es mucho más complejo de lo que parece.

“Siento el temor de que acabemos mirando hacia atrás al movimiento Me Too como a un glorioso heraldo de un cambio que jamás se produjo, aunque las cosas nunca volvieran a ser como lo habían sido antes”, explica.

Otro tema a analizar es que el Me Too encaja con lo visto en este libro. El acoso sufrido por las mujeres está asentado en las estructuras de poder.

Apenas el 10% de los directores de Hollywood son mujeres. Si ese número no aumenta, nada habrá cambiado porque los hombres continuarán teniendo la última palabra.

Seguiremos revolviendo la superficie en vez de encarar el problema de fondo.

Ella misma narra cómo fue violada por un hombre en un viaje en un tren nocturno entre Milán y Roma, en 1978.

“No me ha quedado ningún rastro de temor a los trenes italianos, ni a las estaciones por la noche ni —por utilizar la broma que solía hacerme sonreír— aversión alguna a las galletas italianas. Pero estaba enfadada y sigo estándolo”.

A pesar de esto y de que le costó mucho tiempo reconocerse como víctima de una violación, Mary sostiene que es necesario prestar atención a los hombres acusados.

No con el objetivo de que sean liberados, sino para que las mujeres puedan ejercer el poder como corresponde: refutando los relatos mentirosos que muchos hombres se han creído. Así se derrumban estas jerarquías.

“Nuestro objetivo, fundamental para el futuro, no es solo procurar que el culpable reciba castigo, sino también asegurarnos de que estas historias autocomplacientes dejen de parecer verosímiles, incluso a aquellos que se las cuentan a sí mismos”.

Notas finales

En “Mujeres y poder”, Mary Beard logró hacer un rico análisis sobre el rol de la mujer dentro de las esferas públicas.

Desde la Antigüedad, con los griegos y los romanos, hasta nuestros tiempos, poco ha cambiado.

Es cierto que las mujeres han logrado muchos avances en estos tres mil años, especialmente en los últimos dos siglos.

Pero sigue sin ser suficiente porque están estancadas en los mismos lugares. Reclamando sus propios derechos o en el rol de víctimas.

Aún continúan siendo calladas, menospreciadas y poco valoradas a la hora de dar una opinión en público.

Ni hablar de lo que sucede en la política, donde grandes líderes como Angela Merkel o Hillary Clinton han sufrido mucho por parte de sus colegas hombres y la opinión pública.

La única solución posible es desmoronar esa estructura basada en la visión masculina y repensar el concepto de poder. Así, las mujeres tendrán un verdadero lugar preponderante en la sociedad.

Consejo de 12min

En caso de que quieras conocer más sobre el feminismo, mira los casos que muestra “Mujeres Bacanas Latinas”, de Sofía García-Huidobro, Isabel Plant, Fernanda Claro y Concepción Quintana. Podrás aprender de las pioneras de muchas actividades en nuestra región.

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¿Quién escribió el libro?

Mary Beard es una reconocida historiadora británica especializada en estudios clásicos. Asimismo, imparte clases en prestigiosas instituciones académicas como la Universidad de Cambridge, el Newham College y... (Lea mas)