Los Aztecas: Vida, Auge y Ocaso Resumen - Rafael Núñez Casona

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Los Aztecas: Vida, Auge y Ocaso

Los Aztecas: Vida, Auge y Ocaso Resumen
Historia & Filosofia

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9781545025925

También disponible en audiobook

Resumen

No puede entenderse a México sin los aztecas. En menos de 200 años lograron instalarse como una de las civilizaciones más avanzadas de la época precolombina. Núñez Casona explica de manera didáctica cómo nacieron, qué hicieron para llegar a la cúspide y cómo cayeron. ¡Es hora de aprender!

Antepasados y formación

Con orígenes asiáticos, los primeros indígenas que habitaron en América se dedicaron a la caza y la recolección. Aunque el verdadero salto en la calidad de vida la dieron cuando aprendieron a cultivar.

A partir de la agricultura se produjeron los grandes asentamientos. Debían esperar a obtener las cosechas, por lo que buscaron quedarse en lugares fértiles.

La organización principal de los aztecas, mayas, toltecas, zapotecas y demás era la familia. Se alimentaban preferentemente de los productos agrícolas y habían convertido al maíz en su “planta dios”. Además labraban las piedras como ningún otro.

Esas familias formaban clanes, los cuales se integraban en unas tribus, cuyos miembros se encontraban unidos por unos lazos de consanguinidad.

Se supone que los primeros aztecas pisaron el valle de México en el año 1.168, según dejaron registrado en su calendario.

Como eran fugitivos, vieron en una región de lagos el lugar ideal para instalarse. Así surgió Tenochtitlán: una serie de islotes que, unidos, formaron una gran ciudad. Fue construida manualmente, desafiando la lógica y confiando más en la leyenda divina.

Tuvieron grandes jefes, como Itzcóatl, Moctezuma I, Nezahualcóyotl -contrario a los Moctezuma- y Moctezuma II.

La sociedad azteca se componía de los guerreros agricultores, a los que llamaban macehua. En tanto que las mujeres se dedicaban al hogar y a recolectar. En los matrimonios se permitía la poligamia y también el divorcio.

Para los jóvenes contaban con dos tipos de escuelas: el telpuchcalli, donde entrenaban el uso de algún arma u oficio, y el calmécac, una especie de seminario para formar sacerdotes.

Lenguaje, literatura y existencia

Los aztecas hablaban el náhuatl, al igual que varias tribus mexicanas. Sin embargo lo cuidaron como si les perteneciera, sobre todo en el momento en que se convirtieron en los habitantes de un gran imperio.

Este idioma contaba con gramática, lo que corresponde a una sociedad culta. Les preocupaba la forma de hablar, priorizando la estructura a la hora de hablar y la riqueza de palabras.

Al mismo tiempo consideraban al papel como un objeto preciado. Lo obtenían de la corteza del ficus, un árbol de la familia de las moreras. También hicieron miles de libros y poseían bibliotecas para guardarlos.

Para tener noción del tiempo, el gobierno se hacía cargo de golpear las campanas de las iglesias seis veces al día. Esos avisos eran imprescindibles para mantener una vida ordenada.

Al comenzar el día todos los aztecas se daban un baño, llegando a tener dos por día. En resumen, eran una sociedad muy limpia y utilizaban algo similar al jabón: un detergente espumoso producido por las raíces del copalxocotl.

Su dieta estaba basada en el maíz, produciendo especialmente las tortitas de maíz para desayunar. Para fiestas podían incluir pavos, patos, frijoles, melones, chiles, aguacates, tomates y chocolates, entre otros.

Cuando un nuevo azteca nacía, ese momento era considerado un gran acontecimiento. Sobre todo porque era un pueblo guerrero que buscaba que su ejército creciera.

Otro aspecto fundamental: Cada uno de los aztecas era considerado un individuo en el más positivo sentido de la palabra, es decir, un ser imprescindible para su pueblo.

Para comercializar implementaron el trueque porque no tenían una moneda. A pesar de tener oro y plata (los utilizaban como adornos por su brillo), nunca les dieron importancia como método de pago.

Fiestas y juegos

Desde los comienzos, la existencia para los aztecas había sido muy dura. Por eso necesitaron introducir muchas fiestas en sus calendarios. Era una forma de “descansar” en medio de una batalla permanente por la supervivencia.

Las fiestas podían ser seglares o religiosas. En las primeras todo era jolgorio sin mucho control. Mientras que en las segundas, la población seguía los pasos brindados por los sacerdotes-astrónomos.

Tenían meses dedicados a la sangre, las danzas y la alegría. En tanto que había otros para las flores, los sacrificios masivos y la guerra. También para las borracheras, la castidad y de fríos.

Los sacrificios eran ofrendas a los dioses, que según su creencia habían apoyado a sus antepasados en tiempos difíciles.

Por otro lado, encontraron en los juegos una forma de canalizar una pasión exacerbada. Terminaron transformándose en competiciones entre tribus o pueblos.

“Los hombres son más apasionados en los juegos que en las cuestiones serias”.

Practicaron algunos juegos con gran violencia. Por ejemplo, el tlachtli o la pelota. Comenzaron viéndolo como un deporte y, luego, lo convirtieron en todo un ritual.

La gente se agolpaba para ver los duelo de tlachtli, que consistía en dos equipos intentando meter una pelota en un orificio de piedra a gran altura. Al terminar, los jugadores necesitaban ser asistidos por los sacerdotes debido a los duros golpes que sufrían mientras lo practicaban.

Asimismo tenían el juego de los frijoles, el juego sagrado del perdedor fijo o el de “los pájaros voladores”. Mientras que la caza suponía un juego para los aztecas poderosos.

Calendario, religión y medicina

Es imposible comprender a una civilización sin su calendario. Los aztecas utilizaban dos. Al ritual lo llamaban tonalpohualli, que tenía 260 días y respondía a la voluntad de los sacerdotes que a la astronomía.

El segundo era el solar, conocido como nemontemi, formado por 360 días y otros 5 llamados “nefastos”.

La relación que el azteca mantenía con el tiempo era algo emocional, porque lo temía. A los sacerdotes-astrónomos el proceso mental de establecer un calendario les había supuesto un esfuerzo enorme, cuyos resultados suponían un privilegio, algo que les pertenecía.

Igualmente, cada uno de los aztecas era consciente de que se hallaba atado a un signo de su Horóscopo, que era el correspondiente al día de su nacimiento.

Para ellos la religión estaba intrínsecamente relacionada a la guerra. En especial por la necesidad de hacer sacrificios humanos a los dioses. Por eso mismo se debía contar con una buena provisión de prisioneros, mejor si eran famosos por su bravura.

El papel de los sacerdotes-astrónomos era tan importante que consiguieron acercar la figura de Dios al hombre. Tenían muchos dioses, casi tantos como actividades realizaban.

Eligieron primero al dios Sol. De él se esperaba el calor de la vida, el fuego y la propia existencia.

En México-Tenochtitlán las cuestiones religiosas y civiles eran dirigidas por el Jefe los Hombres y la Mujer Serpiente. Al primero le correspondía el gobierno de los servicios de la ciudad. Mientras que al segundo el cuidado de los templos, la organización de los rituales y el trato de los sacerdotes.

La muerte

El azteca entendía la vida y la muerte como dos caras de una misma realidad. Antes de morir, realizaban una confesión a un sacerdote. Eso funcionaba como descarga o de neutralización al contar a alguien en privado los malos que se habían podido cometer.

Esto permitía que “viajara al otro mundo sin el peso de la culpa, lo que facilitaría el recorrido por los senderos misteriosos”.

Creían que los muertos estaban vivos, debido a que sólo habían dejado de poder ser vistos. Desde ese momento pasarían a ser unos miembros invisibles del clan.

Pensaban que era como “cambiar de habitación sin marcharse del todo de la casa, que era la existencia”.

Como los seres invisibles no necesitan para nada el cuerpo utilizado en su existencia terrestre, se procedía a quemarlo con las debidas ceremonias para luego introducir las cenizas en una urna y colocar a esta en el lugar principal de la casa.

Cuando se enfrentaban a la idea de la muerte adoptaban la posición de “no creemos, ¡tememos!”. Lo ponían de manifiesto con ochenta días de luto, porque en ese periodo de tiempo debían permanecer cerca de la sepultura.

Ese luto de ochenta días no terminaba nunca, ya que había que repetirlo cada cuatro años. De esta manera funcionaba, desde el momento de su nacimiento hasta la muerte, la existencia de los aztecas.

La guerra

La guerra o yaoyotl para el azteca era una necesidad, al estar obligado a capturar prisioneros para entregar sus corazones a los dioses luego de un sacrificio humano. También servía para obtener los tributos que imponía el Estado.

Al participar de la guerra, estos hombres estaban convencidos de que obedecían la voluntad de los dioses. Esto les había sido impuesto desde el principio del mundo.

Cabe recordar que el azteca tenía la condición de guerrero-agricultor. Entonces formaba parte de una milicia, de la que sólo quedaban excluidos los enfermos y algunos sacerdotes, lo mismo que las mujeres.

¿Por qué necesitaban ir a la guerra? Porque estaban convencidos de que necesitaban el favor de los dioses para vivir en una tierra hostil, donde acechaban enfermedades, sequía y catástrofes naturales.

Así se transformaba en un ser capaz de someterse a los mayores sacrificios, sin protestar y manteniendo una disciplina que podía llevarle a la muerte sin dar un paso atrás.

Una figura importante era la de El Señor de la Muerte. Estaba relacionado directamente, casi siempre por lazos de sangre, con el máximo gobernante.

El objetivo principal de la guerra era abatir al jefe supremo. Con su deceso se producía el cese de la batalla, lo que necesitaban para tomar prisioneros a todos los rivales sobrevivientes.

Por lo general conseguían sus objetivos a los dos o tres días, debido que el pueblo o la tribu amenazada prefería entregar a una parte de los suyos como prisioneros. Al mismo tiempo los obligaban a pagar unos tributos, antes de que todos fuesen aniquilados.

El gran Moctezuma

Como todos los gobernantes de aztecas, Moctezuma era distinguido por su valor en la guerra y por sus grandes conocimientos en todas las parcelas de la existencia.

Fue elegido en 1503, se comportó como los demás mandamases hasta que consideró que su poder era tan inmenso que debía ser considerado un semidiós.

Entonces sobre su persona confluían los cargos de sumo sacerdote, comandante supremo de los ejércitos y Jefe de Estado. Consultaba al concilio, pero la última decisión era suya.

Fue el primer soberano de los aztecas que fue el noveno en los derechos de sucesión, lo que nunca había sucedido.

Los enigmas que rodearon al Imperio

Resulta extraño que una civilización con cinco millones de habitantes y de las más de avanzada para la época haya sido vencida por un grupo de españoles que no llegaba a los mil hombres.

Aunque hay un aspecto clave: los ibéricos tuvieron apoyo de las tribus rivales. Estas encontraron la oportunidad de vengarse de su enemigo, que aprisionaba a los suyos para hacer sacrificios humanos. Hernán Cortés supo aprovechar ese odio que iba creciendo cada vez más.

Además sufrieron varias catástrofes naturales. Las aguas crecieron, un rayo incendió un templo y las tormentas adquirieron unas proporciones aterradoras.

En la guerra con los españoles perdieron tiempo haciendo sus tradicionales sacrificios. Estaban convencidos que iban ganando pero ese lapso les dio tiempo a los europeos a acomodarse y encontrar lugares donde fortificarse.

Notas finales

El legado de los aztecas ha dejado, por ejemplo, una rica literatura. Los investigadores se han sorprendido por las poesías de gran calidad, el uso de refranes y los conocimientos científicos y matemáticos que utilizaban.

Aunque hay aspectos negativos: la mayoría de los templos fueron destruidos, lo mismo que la totalidad de sus ídolos y de sus libros o papeles.

No obstante, los restos quedaron bajo la tierra, con lo que transformaron casi toda la nación en un inmenso depósito arqueológico.

Los indígenas mexicanos han llevado, en esencia, el peso de toda la prosperidad de su país, sin que hayan obtenido todo el reconocimiento que merecían. Desde la independencia hasta la abolición de la esclavitud.

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¿Quién escribió el libro?

Rafael Núñez Casona es un catedrático de historia precolombina oriundo de México. Su título Los Aztecas: Vida, Auge y Ocaso, donde repasa con lujo de detalles la historia de esta poder... (Lea mas)