La historia detrás del desastre Resumen - Roberto Rock L.

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La historia detrás del desastre

La historia detrás del desastre Resumen
Sociedad & Política

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: La historia detrás del desastre: Crónica de una herencia envenenada

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9786073176033

También disponible en audiobook

Resumen

“El país se desmoronó día a día, durante seis años. Hoy pagamos las consecuencias”, señala en su obra Roberto Rock L. En este libro analiza con lujo de detalles, referencias y hasta diálogos lo que pasó durante el gobierno de Enrique Peña Nieto como presidente de México entre 2012 y 2018. Empezó como un símbolo salvador de su país y terminó como uno de los mandatarios peor valorados de la historia. ¿Estás dispuesto a saber todo lo que pasó?

El origen

Para entender la actualidad de México es necesario establecer un origen. El estilo político de Enrique Peña Nieto no lo llevó jamás al debate en la tribuna ni en las plazas. Lo suyo fue el acuerdo en discretos coloquios.

Urgido por urdir la derrota de Isidro Pastor Medrano en las elecciones presidenciales, su antiguo contrincante en el PRI. Por eso apoyó a Felipe Calderón, sucesor de Vicente Fox en el PAN.

Con todo ese antecedente de un camino pavimentado por un intenso cruce de intereses, Peña Nieto llegó a la presidencia en 2012.

Desde fines de 2011, los integrantes de las generaciones de gobernadores priistas que asumieron el poder entre 2009 y 2011 fueron invitados a realizar aportaciones en efectivo, proveniente de fondos públicos, para la campaña del abanderado del PRI a la presidencia, Enrique Peña Nieto.

Ya iniciado el gobierno de Peña Nieto, el conjunto de estas historias de mutua colaboración con gobernadores a lo largo de al menos el lustro previo generó una atmósfera de complicidades que funcionó de forma armoniosa durante los primeros meses de la administración federal.

Sin embargo entró en un rápido deterioro cuando estalló el caso de corrupción en Veracruz. El esquema de encubrimientos mutuos sostenido durante una década comenzó a crujir. El derrumbe se anunciaba inminente e inevitable.

Durante la mayor parte de su gestión, un círculo de acero llamado La Triada capturó al presidente. Con Luis Videgaray como líder y Miguel Ángel Osorio Chang y Aurelio Nuño como laderos, Peña Nieto entregó su suerte a este grupo.

Durante al menos cinco años no hubo junta de trabajo que encabezara el mandamás en la que no se hiciera acompañar por estos tres. No importaba si era pública o privada, con miembros del gabinete, gobernadores, líderes partidistas, embajadores o mandatarios extranjeros. Ellos siempre estaban ahí.

La Triada fue especialmente eficaz, implacable, para “purgar” del gabinete a funcionarios que sostenían una cercanía personal con Peña Nieto. Especialmente si podía ejercer influencia para que cambiara, durante el día, la decisión que hubiera tomado la noche anterior.

Osorio Chang tuvo un rol preponderante en la caída de la dirigente gremial Elba Esther Gordillo. Por su trabajo fue detenida por cargos por delitos fiscales, entre ellos lavado de dinero.

Así empezó a cerrarse un nuevo ciclo en la historia del sindicalismo mexicano. Se estaba desmoronando un imperio construido bajo las reglas del sistema, y bajo esas mismas reglas estaba cambiando de mando conforme la voluntad del presidente de la República.

En esta ocasión, sin embargo, flotaba en el ambiente la pregunta de si la derrota de la maestra sería definitiva o no. Nunca se puso en evidencia el supuesto delito de Gordillo y finalmente salió de la cárcel tras casi cuatro años por un amparo que bajo el argumento de su edad -72 años- le permitió seguir el proceso bajo arresto domiciliario.

Finalmente, en agosto de 2018 le fueron retirados todos los cargos y obtuvo su libertad absoluta. La conclusión fue que Peña Nieto lastimó a su adversaria, pero no la pudo vencer. Era un signo de su debilitamiento político.

La incompetencia oficial ante la crisis de inseguridad, los escándalos por la tragedia de Ayotzinapa, la “Casa Blanca” y las evidencias de una galopante corrupción no pueden entenderse sin revisar el manejo otorgado a las instituciones de procuración y administración de justicia durante el mandato de este presidente.

Si la política en el gobierno estuvo profundamente influida por los estilo engendrados durante décadas por la cultura gubernamental del Estado de México, la política hacia las instituciones judiciales tuvo el mismo origen.

Esto se expresó en que un círculo cerrado de abogados cercanos al equipo gobernante alineó estrategias para copar espacios, pagar favores e imponer a incondicionales en múltiples áreas.

Más escándalos

En octubre de 2017, el fiscal federal electoral Sebastián Nieto fue despedido. Eso generó una crisis política porque la oficina de Nieto indagaba sobre presuntos sobornos de la empresa brasileña Odebrecht a Emilio Lozoya, exdirector de Pemex. Especulaban que ese dinero habría ido a parar a la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto.

Agrupaciones ciudadanas y políticos de la oposición vieron en el cese de Nieto un golpe de la administración de Peña Nieto para deshacerse de un fiscal incómodo y tener control sobre la FEPADE.

Una nueva estafa surgió con la Cruzada Nacional contra el Hambre, con Rosario Robles al frente de la Sedesol. En cinco años, esa secretaría no acreditó que la estrategia de esa campaña constituyera una solución para superar el problema de la pobreza extrema alimentaria.

En ese tiempo no monitorearon su avance y no comprobaron en qué medida fueron atendidas las carencias de cada una de las personas en esa condición. Tampoco que su atención haya logrado que abandonaran dicha situación, concluyó la ASF en un informe presentado en 2017.

La ASF encontró irregularidades: el dinero destinado al programa salió del país dispersado entre decena de empresas y un porcentaje, convertido a dólares, fue colocado en cuentas bancarias de siete naciones distintas.

Veinte meses le tomó a Enrique Peña Nieto consolidar su propuesta de país a través de una amplia batería de reformas calificadas como estructurales. Desde antes de su llegada a la presidencia, su proyecto subyugó a amplios segmentos de México. Logró cautivar a los analistas extranjeros y dotó de una clara solidez a su partido, el Revolucionario Institucional. El PRI regresaba a Los Pinos en una atmósfera casi de euforia.

Fue un período que luego fue referido como el Mexican moment, acompañado por homenajes, reconocimientos y un amplio coro de artículos periodísticos en publicaciones de impacto internacional.

Tras una exitosa presentación en Nueva York, Peña Nieto se despertó con la noticia de que había ocurrido un enfrentamiento entre policías municipales de Iguala, Guerrero, y estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa.

Comenzaba así su peor pesadilla al frente del país. Una tragedia que desnudó a un México abandonado a una violencia brutal. Y colocó los nexos de políticos y criminales en el centro de una historia descarnada en la que un grupo de 9 jóvenes, hijos de familias campesinas, fueron asesinados y otros 43, desaparecidos.

Otro escándalo fue el de la “Casa Blanca”, que tuvo el aval de Emilio Azcárraga Jean en una reunión organizada por Peña Nieto para limpiar la imagen de su esposa. El rol del presidente de Televisa esa tarde fue darle validez al relato que contó el mandamás por haber sido jefe de Angélica Rivera de Peña Nieto.

El tema era la “Casa Blanca”, una mansión con un valor superior a los 80 millones de pesos adquirida por Rivera. Ahí explicaron que había obtenido ese dinero tras haber sido despedida de Televisa.

Aunque no fueron esos escándalos, las protestas de los empresarios y las historias de corrupción lo que impactó en el ánimo personal y la estrategia política del presidente Peña Nieto. Lo que lo sacudió fueron los resultados en la elección intermedia de 2015, y en las de 2016 para gobernadores, todas ellas lesivas para su partido y para la estabilidad de su administración. Entonces determinó un golpe de timón.

En julio de 2016 Peña Nieto encabezó una ceremonia en la que pidió perdón por la polémica suscitada por la lujosa propiedad, insistió, de su esposa. El mandatario mexicano aseguró que aunque no violó ninguna ley cometió un “error” por generar una percepción de corrupción. Dañó la confianza del gobierno.

Los laderos

En el gobierno de Peña Nieto, Luis Videgaray era el poder dentro del poder. Un reflejo de eso fue cuando intereses corporativos afincados en Nueva York, que manejan fondos con enormes inversiones en México, lo convencieron de manipular a Peña Nieto para apuntalar la imagen pública de Donald Trump unas semanas antes de la elección de Estados Unidos.

La indignación pública por la visita de Trump acabó dominando la agenda presidencial. Esto llevó a que apenas una semana después, Videgaray dejara su puesto como secretario de Hacienda y “número 1” en la administración de Peña Nieto.

No cumplió ni cuatro meses fuera del primer equipo presidencial. En enero de 2017 fue designado nuevo canciller mexicano.

Mientras que el “número 2” era Miguel Ángel Osorio Chong, el brazo derecho en materia política. No obstante perdió gran parte de la confianza presidencial por la reciente fuga del narcotraficante Joaquín “Chapo” Guzmán.

Las investigaciones desarrolladas sobre la evasión derivaron en el encarcelamiento de segundos mandos de la estructura de control de los penales federales, a cargo de la Secretaría de Gobernación, que encabezaba Osorio Chong.

En las últimas semanas de la administración de Peña Nieto, consumado el triunfo presidencial de Andrés Manuel López Obrador, Osorio Chong fungía ya como senador plurinominal y coordinador de la bancada del PRI en el Senado.

“Fue injusto que se me culpara por la fuga del Chapo… como si yo hubiera sido su guardia o celador”, se quejó Osorio en una charla “fuera de libreta” con un periodista.

Tomás Zerón, director de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la PGR, estimó que al menos una veintena de personas sabían previamente lo que iba a ocurrir en el penal de máxima seguridad.

Llegó a ese número entre custodios, vigilantes asignados por la Policía Federal dotados de un monitor conectado las 24 horas sobre la celda del narcotraficante. También, empleados del Cisen cuya única tarea era reportar cualquier anomalía en torno al conocido mafioso. Jefes de vigilancia, supervisores, directivos, funcionarios de la Secretaría de Gobernación responsables del sistema penitenciario.

Pero la cabeza del sistema de seguridad del país no era otro que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

En tanto que Miguel Ángel Mancera también se acercó a Peña Nieto y Osorio Chong. De la mano de este último, entró en un mundo de poder y excesos que antes sólo había imaginado.

En las ceremonias oficiales que encabezaba el presidente Peña Nieto, Osorio se aseguraba de que Mancera tuviese un lugar privilegiado y fuese mencionado en el discurso central. Las peticiones del jefe de Gobierno eran atendidas en las principales oficinas de la Secretaría de Gobernación y, de ser necesario, con la presencia de otros miembros del gabinete que recibían instrucciones para apoyar a la administración capitalina.

El fin del PRI y la llegada de AMLO

En julio de 2015, Enrique Peña Nieto anunció un “cambio generacional” dentro del PRI en una asamblea abarrotada del partido. Además hizo un llamado para convertirlo en “un espacio de participación de jóvenes talentosos”.

Tuvo un dilema sobre si colocar al frente del partido a Manlio Fabio Beltrones, el político priista más destacado de su generación o a un operador personal, que le garantizara la disciplina del partido. Liderazgo no, pero control sí. Finalmente sorprendió decantándose por Beltrones.

Pero en 2016 el PRI sufrió un duro revés al ser derrotado en siete de las 12 gubernaturas en disputa. Fueron los peores resultados priistas de la historia.

La salida de Beltrones como titular del partido y la abultada derrota de José Antonio Meade en las elecciones presidenciales de 2018 a manos de Andrés Manuel López Obrador marcaron las horas finales del PRI.

López Obrador había sido jefe del Gobierno capitalino de 2000 a 2005. Allí alcanzó un alto nivel de popularidad, teniendo evaluaciones anuales de desempeño por encima del 85% de aprobación de los ciudadanos.

Antes de asumir la presidencia, varios estudios previos alertaron que el impacto de López Obrador iba a ser mucho más profundo que el solo ganar la presidencia. Desde su temprana juventud albergó ideas progresistas, de izquierda.

Notas finales

Como cualquier texto que se aventura a bucear en la historia actual, este libro pretende aportar estampas elaboradas a través de un trabajo periodístico que atisba por puertas y ventanas que a muchos les gustaría mantener cerradas y ajenas al escrutinio público.

Las instantáneas que describen el desplome de la presidencia de Enrique Peña Nieto seguramente resistirán varias interpretaciones.

Los episodios centrales de la administración de Peña Nieto que aparecen en esta obra fueron reconstruidos a partir de un centenar de testimonios de actores directos o de versiones de primera mano.

Pretenden dibujar, sin concesiones ni matices, a un equipo forjado en la cultura política del Estado de México, una de las más sólidas y estables del país, pero también una de las más pragmáticas y corruptas.

La lectura contemporánea del gobierno de Peña Nieto puede concluir que tras décadas de anhelar que uno de los suyos llegara a Los Pinos, la clase política mexiquense lo logró por fin, sólo para fracasar rotundamente.

Dominado por las cortesanías del poder, por el glamour de las oficinas y, sin duda, por los negocios a trasmano, todo indica que este grupo perdió el foco. No vio a un país bajo transformaciones intensas, con una sociedad hipercrítica y profundamente desencantada no sólo de sus gobernantes sino del tipo de democracia que trajo la alternancia partidista de la década del año 2000.

Tip de 12’

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