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Felipe, el oscuro

Felipe, el oscuro Resumen
Sociedad y política y Biografías y memorias

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

También disponible en audiobook

Resumen

Felipe Calderón no quería que este libro fuera publicado. Sin embargo, la audaz Olga Wornat escribió acerca de su controvertido gobierno. Con detalles y testimonios, describe muy bien cómo fue el sexenio entre 2006 y 2012: doble moral, corrupción, violencia y un pueblo sin fe en el Estado. Llegó el momento de saber la verdad.

El mariscal de la destrucción

La asunción de Felipe Calderón fue tan caótica como simple. Si bien su antecesor, Vicente Fox, no lo quería, el PAN le dio su banca para derrotar al que todos temían: Andrés Manuel López Obrador.

Así consiguió el apoyo de la elite económica y hasta de Fox, quien finalmente optó por tomar una decisión más pragmática.

López Obrador era una amenaza para el poder de turno. Si ganaba las elecciones, todos irían presos por sus sistemáticos actos de corrupción. Por esto mismo iniciaron una campaña de miedo hacia él.

Bajo el lema de “Valor y pasión por México”, ganó las elecciones el 5 de septiembre de 2006. En unos comicios en el que participaron más de 45 millones de mexicanos y muchas sospechas de fraude, pasó por apenas 250.000 votos a AMLO.

El equipo de Fox lo puso en el poder a cambio de no tocar a nadie de su familia, implicados en negocios poco honestos.

Desde que comenzó su mandato, Calderón no supo controlar sus impulsos. No aceptó las críticas y se creyó omnipresente. Al mismo tiempo, es de esas personas que no soporta perder el poder.

Un resumen de su gobierno fue la inoperancia, la corrupción en todos los niveles y la connivencia entre la policía, los militares y el narcotráfico.

El topo

Obviamente, Calderón no estuvo solo. Fue acompañado, entre otros, por Genaro García Luna.

Muchos lo describen como un hombre gris y resentido, con problemas de dicción. No tuvo formación académica y fue rechazado por la academia de policía. También estuvo fuertemente ligado al hampa.

Sin embargo, consiguió tener un alto puesto dentro del gobierno.

Su mayor logro fue cuando Fox ganó las elecciones a finales del 2000. Wornat explica que García Luna le llevó un proyecto de seguridad al mandatario, pero tuvo competencia: Juan Pablo de Tavira.

Convenientemente, de Tavira fue asesinado tres meses después de la presentación de su idea. Nunca se esclareció su crimen, aunque diversas fuentes militares apuntan al hombre de este capítulo en cuestión.

De esta forma, García Luna fue designado como director de la Agencia Federal de Investigación (AFI). Obtuvo la protección de Fox, primero, y de Calderón, después.

Como a ninguno de los dos gobernantes les interesó limpiar a los cuerpo policiales, García Luna y sus secuaces gozaron de impunidad.

Con Fox al poder crecieron los secuestros y el negocio del narcotráfico. Todo con García Luna como monitor. Fueron sus años dorados.

Ya con Calderón al frente, ejerció como Secretario de Seguridad Pública. En este periodo recibió sobornos de parte de los narcos, que al mismo tiempo vieron crecer su negocio. Esto trajo consigo una inconmensurable ola de violencia en las calles.

Margarita, la socia

La esposa de Felipe Calderón es Margarita Zavala. Ella siempre se mostró en público como fiel ladera de su marido.

No obstante, la autora señala que es una simuladora de sentimientos en esos momentos de exposición.

“He decidido que aquí entramos juntos y de aquí salimos juntos”, declaró la primera dama en diversas oportunidades. Esto se contradice con lo que vive en el día a día.

El alcoholismo de Calderón y los hechos delictivos que cometió durante su mandato la hicieron preocupar. Sobre todo por el futuro de sus hijos.

Llevó un perfil bajo. A nivel político, colaboró con la creación del plan “Nueva Vida”, ideado por el pastor Alejandro Orozco Rubio.

Allí se busca respaldar la guerra contra el narcotráfico rehabilitando adictos. Lo que no se cuenta, dice Wornat, es que detrás hay una organización cristiana de ultraderecha que le exige dinero a los que se inscriben en el proyecto.

Eso la define. Siempre estuvo del lado conservador cristiano, además de ser frívola y calculadora.

Aunque detrás de esa máscara se esconde una mujer ambiciosa, hábil para operar políticamente y pragmática. Tanto que en su casa, es ella la que manda y no Felipe.

Profetas de la guerra santa y los negocios millonarios

Ahondando en el religioso Alejandro Orozco Rubio y su pareja, Rosi Orozco, Wornat los caracteriza como fanáticos cristianos.

Impulsan baratijas intelectuales que combinan con versículos bíblicos. Muchas veces hasta los inventan. Basan su teoría en una percepción única del Bien y el Mal utilizando las palabras enemigo, crimen organizado y mal en sus discursos.

Se metieron en la cabeza de Felipe Calderón hablándole sobre la guerra contra el narcotráfico. Siguieron la premisa de que “la droga es el demonio” que arruina jóvenes.

Por eso impulsaron proyectos para rehabilitar adictos a las drogas y darle contención a niñas víctimas de abusos y violaciones. Contaron con el vital apoyo de Margarita para llevar adelante estas ideas. Ideas que terminaron teniendo varias irregularidades.

Sin embargo, siempre sacaron tajada de esto. Por ejemplo, aprovecharon las expropiaciones a los narcos detenidos y su nexo con la presidencia para adquirir mansiones a bajo precio.

“Andan por la vida como si ocultaran algo, desplegando una actitud ofensiva-defensiva, paranoica, y son expertos en la victimización”, agrega la autora.

En el plano personal, Rosi admira a la derecha republicana, es homofóbica y antiabortista. Mientras que Alejandro habla en voz baja y es capaz de escuchar al interlocutor que tiene enfrente, al mismo tiempo que posee la habilidad de esquivar preguntas difíciles.

No obstante, hace 28 años que funcionan como un gran tándem. Una pareja que nunca se despegó de Calderón. Ni siquiera a pesar de las sospechas de fraude.

Iván el Santo y la muerte en Los Pinos

Juan Camilo Mouriño Terrazo falleció el 4 de noviembre de 2008 cuando la avioneta en la que viajaba cayó cerca de Los Pinos. Junto a él perecieron los otros siete tripulantes de la nave, además de siete vecinos.

La pérdida del Secretario de Gobernación sacudió a Calderón. En su funeral, lo santificó: “Con su muerte, México pierde a un gran mexicano: inteligente, leal, comprometido con sus ideales y con el país; honesto y trabajador”.

Para Wornat este fue el principio del fin de Felipe. Las masacres ya eran cotidianas, pero esta le pegó de cerca. Además la pobreza nunca paró de crecer y la corrupción no se frenó.

Su imagen se desplomó frente a un manto de desconfianza que dejó el “accidente” que había acabado con la vida de Mouriño.

Pero lo afectó mucho más en lo personal. Era su otra mitad dentro del gobierno y quedó solo.

Tras su muerte, a Mouriño se le hicieron muchos homenajes. La autora sostiene que se lo martirizó y se convirtió en Iván, el Santo. Esto se hizo con el objetivo de cubrir las sospechas de su muerte.

Pero no era un santo. Más bien todo lo contrario. No combatió a las mafias, ni promovió políticas que ayudaran a los más desfavorecidos. Lo que sí hizo fue acrecentar el patrimonio familiar, ligado a la industria petrolera.

La favorita

Luego de su muerte, el cargo que ocupó Mouriño pasó a ser de Patricia Flores Elizondo. Quedó como segunda al mando del país.

No tenía formación política y venía con sospechas de abusos de poder, pero era la que mejor conocía el talón de Aquiles del ala conservador del partido.

Como trataba a Calderón desde hace tiempo, rápidamente se ganó su confianza dentro del gobierno.

Wornat señala que apenas llegó se metió de lleno en el barro político, al mismo tiempo que hizo crecer su patrimonio.

Conspiró para sacar a las poquitas funcionarias que formaban parte del equipo de Felipe.

La autora sostiene que, a pesar del discurso de la “capacidad transformadora de las mujeres mexicanas”, Calderón siguió actuando de forma machista, misógina y discriminatoria.

Flores era consciente de esta línea ideológica. No tolera la expresión de emociones ni el carácter femenino, que considera una muestra de debilidad. Ninguna de esas opciones son excusas para los errores, según cree.

Su principal característica es la mano dura. La inteligencia o los merecimientos no son sus puntos fuertes.

Feos, sucios y malos

La guerra contra las drogas está hecha por meros intereses. Wornat explica que Felipe Calderón la perdió y así quedó como un presidente marcado por la muerte y la deshonra.

En esa caída se ve involucrado también por los vínculos comprobados de Vicente Fox con el Cártel de Juárez. Es decir, la batalla no fue tal porque hubo nexos con los narcos.

Su administración además quedó manchada por el tráfico de armas desde Estados Unidos hacia México. Estas terminaron en manos del Cártel de Sinaloa.

Asimismo, la autora menciona a Joaquín el Chapo Guzmán, que trasladó cocaína de Colombia a Estados Unidos vía México con aviones que pertenecían a la CIA.

Otro caso fue el lavado de millones de dólares que entran a bancos estadounidenses a través de las casas de cambio.

En resumen, Felipe Calderón promulgó el discurso de la guerra contra el narcotráfico. Sin embargo, utilizó esto para promover un negocio millonario a partir de la sangre de miles de mexicanos.

De esta forma favoreció a sus allegados, a los capos de los Cárteles y a Estados Unidos. El perjudicado fue el pueblo tri.

El capo del sexenio

El Chapo Guzmán nunca imaginó que en 2009 iba a ser rankeado por la revista Forbes como una de las personas más ricas del mundo. Con ese caudal de dinero sobornó a políticos, militares y policías para gozar de impunidad y protección.

Hizo su fortuna a partir de la metanfetamina, con la que hizo diferencias económicas en relación a la marihuana, la cocaína y la heroína.

No obstante, el sociólogo Luis Astorga comenta que el Chapo “es un mito creado y engrandecido por Estados Unidos y los medios. Ni es el más poderoso del mundo, ni el enemigo número uno”.

Su forma de ser ególatra, de alto perfil y con desbordes muy violentos lo convirtieron en una persona poco confiable para los negocios. Eso benefició a los capos de bajo perfil.

El verdadero jefe del Cártel de Sinaloa es Ismael el Mayo Zambada, que a diferencia del Chapo nunca fue a la cárcel.

Más allá de sus fugas de película, el Chapo siempre estuvo atrás del Mayo. Zambada no sólo era su socio, sino también su protector.

James Kuykendall fue tajante al decir que el problema de México no son las drogas sino la corrupción. El agente señala que la guerra que montó Calderón fue un fracaso porque a violencia aumentó.

“El mundo descubrió que los mexicanos no son muy civilizados y que dependen de Estados Unidos”, cerró.

Los nadies

En esta batalla contra el narcotráfico, el que quedó en el medio fue el pueblo mexicano. Permaneció atrapado entre la desidia del gobierno de Calderón y las balas de las calles.

Al enterarse de la muerte de 15 jóvenes en Ciudad de Juárez, Felipe soltó “es solo un ajuste de cuentas entre pandilleros”. Así trató a su propio pueblo, a los jóvenes que supuestamente iba a salvar. Eran “pandilleros”, nadie.

La realidad es que esos 15 chicos eran inocentes que estaban celebrando el cumpleaños de uno de ellos dentro de una casa. Fueron asaltados por un grupo comando.

Hasta Margarita le recriminó sus dichos, pero ya no existía la posibilidad de dar marcha atrás.

Peor aún era el mensaje que esta declaración le daba a las fuerzas militares y policiales. Wornat interpreta que “daba pie a que actuaran frente a la mínima sospecha y según esta premisa”.

Así, las mafias tenían campo libre para cometer atrocidades. Disfrutaban de la impunidad.

Estos asesinatos en masa aniquilan la psiquis del pueblo. Le quitan su capacidad de razonamiento e invalidan los mecanismos de solidaridad.

Con un Estado ausente, los malos ganan.

Notas finales

Olga Wornat realizó una extensa investigación que se ve reflejada en “Felipe, el oscuro”.

La periodista cuenta cómo fue el sexenio de Felipe Calderón como presidente de México entre 2006 y 2012.

Se trató de un gobierno que continuó en sintonía con su antecesor, Vicente Fox. Abundó la corrupción y creció de manera alarmante la violencia en las calles.

La autora cuenta todo esto a través de diversos actores que formaron parte de este mandato.

El poder de García Luna, la mano dura en la pareja de Margarita, el fanatismo religioso de los Orozco y el cachetazo que significó la muerte de Mouriño, entre otros, permite poner en contexto cómo fue Calderón como mandamás.

Además narra los continuos nexos tanto con el narcotráfico como con los Estados Unidos.

La guerra contra las drogas que propuso Calderón fue un descalabro que tuvo un gran perjudicado: el pueblo mexicano.

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¿Quién escribió el libro?

Olga Wornat es una historiadora, abogada y periodista de investigación argentina. Estudió en la Universidad de La Plata, trabajó para diversos medios de comunicación hispanohablantes y publicó var... (Lea mas)