El gen egoísta - Reseña crítica - Richard Dawkins
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El gen egoísta - reseña crítica

El gen egoísta Reseña crítica Comienza tu prueba gratuita
Sociedad y política

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: The selfish gene

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9788434501782

Editorial: Oxford University Press

Reseña crítica

El presente libro no tiene el propósito de efectuar una defensa general del darwinismo. En cambio, examinará las consecuencias de la teoría de la evolución con el fin de dilucidar un determinado problema: la biología del egoísmo.

Richard Dawkins devela cómo los genes egoístas, los impulsores de la reproducción y la supervivencia, dan forma a nuestra biología y comportamiento. Descubrirás cómo la selección natural, el conflicto de intereses y la simbiosis se entretejen en una narrativa que nos ayuda a entender quiénes somos y cómo llegamos a serlo. ¿Vamos?

¿Por qué existe la gente?

La vida inteligente en un planeta alcanza madurez al resolver el problema de su existencia. Seres superiores que visiten la Tierra evaluarán nuestra civilización por si hemos descubierto la evolución. Los organismos vivientes han existido por miles de millones de años sin entender su propósito, hasta que Charles Darwin formuló la teoría de la evolución.

La teoría de la evolución es dudosa, pero sus implicaciones revolucionarias aún no se comprenden completamente. Es clave poder explorar las consecuencias de la evolución para dilucidar un problema específico: la biología del egoísmo y altruismo.

Este tema es de importancia humana y afecta aspectos sociales como amor, odio, cooperación, codicia, generosidad, entre otros. Al igual que otros animales, somos máquinas creadas por nuestros genes. 

El ADN expresa proteínas que dan lugar a los fenotipos. Los genes son responsables indirectos de la fabricación de organismos, que son máquinas de supervivencia. Los genes que fabrican máquinas son más aptos para sobrevivir.

La selección natural favorece a los genes más hábiles en la construcción de máquinas. Estos genes son gregarios, la fabricación de las máquinas es cooperativista. Un gen puede tener efectos diferentes en diferentes partes del cuerpo. Muchos genes influyen en la construcción de una parte del cuerpo.

Gen es una unidad que sobrevive a lo largo de muchos individuos. Una secuencia de ADN que permanece durante suficientes generaciones para ser considerada una unidad de selección natural.

Los genes no se mueren, no se vuelven viejos. Tiene copias que se repiten, que se traspasan a los descendientes. Los genes que se adaptan son potencialmente inmortales. Los individuos son efímeros.

El gen es la unidad básica del egoísmo. Si son egoístas son aptos. Si son altruistas no son aptos.

Egoísmo y altruismo

Nuestros genes han sobrevivido en un mundo competitivo, lo que sugiere que una cualidad predominante en genes prósperos es el egoísmo. Este egoísmo en los genes da origen al egoísmo en el comportamiento humano, aunque también hay circunstancias en las que los genes pueden favorecer un altruismo limitado en los individuos.

Si deseamos construir una sociedad altruista, la naturaleza biológica no brinda mucha ayuda. A pesar de nacer egoístas, debemos esforzarnos por enseñar y fomentar la generosidad y el altruismo, entendiendo los propósitos de nuestros genes egoístas. Esto nos brinda la oportunidad de modificar sus influencias, algo sin precedentes en otras especies.

La palabra “egoísta” podrá parecer una subestimación de la realidad para casos tan extremos como el canibalismo, aun cuando éstos encajan bien en nuestra definición. Tal vez podamos simpatizar más directamente con el reputado comportamiento cobarde de los grandes pingüinos de la Antártida.

Se les ha observado parados al borde del agua, dudando antes de sumergirse, debido al peligro de ser comidos por las focas. Si solamente uno de ellos se sumergiera el resto podría saber si hay allí o no una foca. 

Naturalmente nadie desea ser el conejillo de Indias, de tal manera que esperan y en ocasiones hasta tratan de empujarse al agua unos a otros. Con mayor frecuencia, el comportamiento egoísta puede simplemente consistir en negarse a compartir algún recurso apreciado como podría ser la comida, el territorio o los compañeros sexuales.

El comportamiento de las abejas obreras, prontas a clavar su aguijón, constituye una defensa muy efectiva contra los ladrones de miel. Pero las abejas que efectúan tal acto son guerreros kamikaze. Al clavar el aguijón algunos órganos vitales internos son, normalmente, arrancados del cuerpo de la abeja y ésta muere poco tiempo después. 

Su misión suicida puede haber salvado los almacenamientos de comida indispensables para la colonia, pero ella no estará presente para cosechar los beneficios. Según nuestra definición, éste es un acto de comportamiento altruista.

Un ser, como el mandril, se dice que es altruista si se comporta de tal manera que contribuya a aumentar el bienestar de otro ser semejante a expensas de su propio bienestar. 

Un comportamiento egoísta produce exactamente el efecto contrario. El “bienestar” se define como “oportunidades de supervivencia”, aun cuando el efecto sobre las probabilidades reales de vida y muerte sea tan pequeño que parezca insignificante.

La confusión en la ética humana sobre el nivel en que el altruismo es deseable, familia, nación, raza, especie, o hacia todos los seres vivientes, se refleja en una confusión paralela en biología, en lo referente al nivel en el cual se puede esperar el altruismo de acuerdo a la teoría de la evolución. 

Ni siquiera los partidarios de la selección de grupos se sorprenderían al descubrir a miembros de grupos rivales mostrándose animosidad unos a otros: de esta manera, al igual que los miembros de un sindicato o los soldados, están favoreciendo a su propio grupo en la lucha por los recursos limitados. Vale la pena preguntar cómo el partidario de la selección de grupo decide cuál es el nivel importante. 

Si la selección se produce entre grupos dentro de una especie, y entre las especies, ¿por qué no se produciría, también, entre agrupaciones mayores? Las especies están agrupadas en géneros, los géneros en órdenes, y los órdenes en clases. 

Nosotros somos máquinas de supervivencia, pero “nosotros” no implica solamente a las personas. Abarca a todos los animales, plantas, bacterias y virus. Es muy difícil determinar el número total de máquinas de supervivencia sobre la Tierra y hasta el número total de las especies es desconocido.

Egoísmo genético

En algún momento durante el proceso de evolución, se inició la creación de sistemas mecánicos, comenzando con las células y más tarde con organismos pluricelulares de ciclo de vida intrincado. En este proceso, una célula da origen a un individuo que, a su vez, engendra una nueva célula que dará vida a otro individuo en una secuencia continua.

La construcción de esta maquinaria, dirigida por los genes, se encuentra supervisada por neuronas y abarca músculos, órganos sensoriales, cerebro y consciente. Todo ello se lleva a cabo con el propósito fundamental de salvaguardar los propios genes.

Los genes desempeñan un papel clave en la edificación de este conjunto mecánico que, posteriormente, opera de manera autónoma. No obstante, el control central siempre permanece en manos de los genes, que sintetizan proteínas y establecen un sistema de incentivos con recompensas (sensaciones agradables, placer, orgasmos, entre otros) y castigos (dolor, depresión y similares).

En relación a la agresión y la estabilidad en esta máquina egoísta, para esta mecánica, otros seres son considerados parte del entorno y, a veces, se visualizan como competidores. Aunque en ocasiones la eliminación mutua no tiene lugar debido al alto costo que implica.

Los animales desarrollan estrategias de comportamiento estables, como el dilema del halcón y la paloma, con el propósito de lograr una estabilidad en la población.

En última instancia, el genoma consistirá en un conjunto de genes evolutivamente estables. De vez en cuando, un nuevo gen logrará éxito y conseguirá integrarse en el genoma general.

El gen, en su totalidad de manifestaciones, aspira a ser representado por múltiples duplicados. La inclinación egoísta del gen busca la proliferación de copias en la mayor cantidad posible. En ocasiones, para optimizar la multiplicación de copias, el gen egoísta podría incluso adoptar un comportamiento altruista.

Los descendientes heredan la mitad de sus genes de sus progenitores, compartiendo así su carga genética con hermanos, primos y otros miembros de la familia. La compleja maquinaria genética puede exhibir conductas altruistas hacia los hijos, pero estas actitudes tienden a ser menos prominentes hacia los hermanos y el resto de la familia.

El gen egoísta busca incrementar la descendencia, pero cuando esta supera ciertos límites, la selección natural interviene para descartar los genes ligados a una procreación desmedida.

Los padres, en busca de conservar la máxima cantidad de replicaciones genéticas, nutren a todos sus hijos de manera uniforme, excepto en casos de individuos frágiles (con copias genéticas defectuosas).

Cada hijo atesora la totalidad de sus propios genes y comparte el 50% de sus genes con sus hermanos. Cada descendiente actúa movido por su propio interés, intentando persuadir a los padres con llantos con la esperanza de obtener una porción mayor de alimento.

La batalla de los sexos

El macho y la hembra comparten un interés común en la descendencia, ya que ambas contribuyen con el 50% de sus genes.

El gen egoísta del macho está orientado hacia la multiplicación de copias genéticas y tiende a priorizar esto sobre el desarrollo posterior.

La distinción entre macho y hembra radica en que la hembra invierte significativamente más en la crianza de las crías y muestra un interés continuo en esta inversión.

La estrategia adoptada por la hembra puede variar considerablemente, desde seleccionar al macho en base a atributos como longevidad, fortaleza, características físicas, entre otros, hasta lograr que el macho participe en la construcción de nidos o en la obtención de alimento, lo que refuerza su interés en el desarrollo de los hijos.

Un ejemplo común en el reino animal es que en peces, la hembra pone los óvulos y se aleja, mientras que el macho, después de depositar sus espermatozoides sobre los óvulos, asume el cuidado de las crías, dado que es el último paso en el proceso de reproducción.

En general, todas estas estrategias estables conllevan a poblaciones equilibradas, con una proporción adecuada de machos y hembras.

Los diversos sistemas de reproducción, como la monogamia, la promiscuidad y los harenes, surgen debido al conflicto de intereses entre los sexos. Los machos tienden a mostrar una tendencia a la cópula seguida de evasión, mientras que las hembras siguen estrategias que incluyen la selección de machos con rasgos deseables y la búsqueda de relaciones duraderas y satisfactorias.

Tú rascas mi espalda, yo cabalgo en la tuya

La vida en comunidad trae consigo ventajas evidentes, como la mayor posibilidad de supervivencia, y a veces incluso da la apariencia de altruismo.

Los grupos optimizan tácticas de caza, defensa y colaboración, y pueden generar calor y volar en formación V. Sin embargo, en estas acciones no reside el altruismo, sino el interés individual. Una señal de alerta no es una muestra de altruismo, sino un acto de comunicación. Por ejemplo, las gacelas que saltan frente a las leonas les están transmitiendo que son ágiles y sería preferible cazar a otras presas.

Los animales pueden exhibir comportamientos que en un primer vistazo parecerían altruistas, pero estos actos siempre tienen la intención de aumentar la cantidad de réplicas genéticas (más copias) y, en última instancia, mejorar las posibilidades de supervivencia. Esto es lo que realmente importa al gen egoísta. No existe el altruismo, sólo el egoísmo inherente al gen.

La humanidad posee una disposición genéticamente egoísta, pero también muestra una capacidad cultural notable, lo que puede influir en que ciertos individuos desarrollen actitudes altruistas.

Dentro de una colmena de abejas, la reina es la artífice de las obreras. A pesar de que tanto la reina como las obreras comparten una carga genética diploide, se diferencian debido a su alimentación. Los zánganos son haploides y, en su vuelo nupcial, transfieren espermatozoides a la reina para toda su vida.

Las abejas obreras que mueren en actos de defensa del panal son estériles, y su sacrificio asegura la preservación de los genes de las abejas fértiles. Desde la perspectiva del gen egoísta, es más beneficioso que las obreras se dediquen a proteger y cuidar a la reina, quien generará hermanas genéticamente idénticas (mayores réplicas).

En casos de simbiosis, como el de las hormigas y los pulgones, ambas especies obtienen beneficios mutuos: las hormigas defienden a los pulgones, quienes a cambio les brindan alimento.

Notas finales

La mayoría de las características que resultan inusitadas o extraordinarias en el hombre pueden resumirse en una palabra: «cultura». No empleamos el término en su connotación presuntuosa sino como la emplearía un científico. La transmisión cultural es análoga a la transmisión genética en cuanto, a pesar de ser básicamente conservadora, puede dar origen a una forma de evolución. 

Considerando la evolución de los rasgos culturales y su valor de supervivencia debemos tener en claro de qué supervivencia estamos hablando. Los biólogos están acostumbrados a buscar las ventajas a nivel de genes (o de individuos, o de grupos o a nivel de las especies, según el gusto). Una característica cultural puede haber evolucionado de la manera que lo ha hecho simplemente porque es ventajoso para ella misma.

No debemos buscar valores de supervivencia biológica convencionales de características tales como la religión, la música, y las danzas rituales, aunque también pueden estar presentes.

Una vez que los genes han dotado a sus máquinas de supervivencia con cerebros que son capaces de rápidas imitaciones, los memes automáticamente se harán cargo de la situación. 

Ni siquiera debemos postular una ventaja genética en la imitación, aunque ciertamente ello ayudaría. Sólo es necesario que el cerebro sea capaz de imitar.

Aún si nos ponemos pesimistas y asumimos que el hombre es fundamentalmente egoísta, nuestra previsión consciente, nuestra capacidad de simular el futuro en nuestra imaginación, nos podría salvar de los peores excesos egoístas de los ciegos replicadores. 

Contamos, al menos, con el equipo mental para fomentar nuestros intereses egoístas considerados a largo plazo, en vez de favorecer solamente nuestros intereses egoístas inmediatos. Podemos apreciar los beneficios que a la larga nos reportaría el participar en ”una conspiración de palomas”, y podemos sentarnos juntos a discutir medios para lograr que tal conspiración funcione. 

Tenemos el poder de desafiar a los genes egoístas de nuestro nacimiento y, si es necesario, a los memes egoístas de nuestro adoctrinamiento. Incluso podemos discurrir medios para cultivar y fomentar deliberadamente un altruismo puro y desinteresado: algo que no tiene lugar en la naturaleza, algo que nunca ha existido en toda la historia del mundo.

Somos construidos como máquinas de genes y educados como máquinas de memes, pero tenemos el poder de rebelarnos contra nuestros creadores. Nosotros, sólo nosotros en la Tierra, podemos rebelarnos contra la tiranía de los replicadores egoístas.

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¿Quién escribió el libro?

Es un biólogo evolutivo y divulgador científico británico. Es conocido por libros como "El Gen Egoísta", y "El Relojero Ciego". Aboga por la educación científica y el escepticismo, participando en debates sobre evolución y religión. Es un defen... (Lea mas)

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