Dar voz al niño - Reseña crítica - Yvonne Laborda
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Dar voz al niño - reseña crítica

Dar voz al niño Reseña crítica Comienza tu prueba gratuita
Parentalidad

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9788417338909

Editorial: GRIJALBO ILUSTRADOS

Reseña crítica

Yvonne Laborda presenta una guía que te permitirá sentir a tu niño interior y también dar voz a los niños de tu vida. Utiliza explicaciones cercanas, ejemplos cotidianos y ejercicios prácticos con el objetivo de que conectes con las vivencias infantiles, les pongas nombre y aprendas a validarlas, mejorando el vínculo afectivo, contigo y con los demás. Parece intenso, ¿verdad? ¡No perdamos más tiempo y empecemos!

¿Qué nos impide conectar emocionalmente con los niños?

La autora responde esta pregunta de manera muy concisa: si nuestras necesidades no fueron satisfechas cuando éramos niños, seguirán presentes cuando seamos adultos. Su presencia nos imposibilita ver, sentir y conectar con las necesidades emocionales de los niños.

Si de niños no pudimos decidir ni teníamos voz, de adultos seguiremos igual, buscando satisfacer esos vacíos con demandas hacia nuestra pareja o nuestros hijos.

Debemos identificar cuáles fueron nuestras carencias, y esto requiere de un trabajo personal de confrontar el pasado para volvernos conscientes.

La crianza consciente propone criar desde otro lugar, teniendo en cuenta la verdadera realidad de nuestros niños. Sintiendo su experiencia y dejando de lado nuestra interpretación de los hechos.

Muchas veces vemos padres que intentan “corregir” o “arreglar” a sus hijos, cuando en realidad son ellos quienes se encuentran desconectados y a los que les cuesta aceptar a los niños de manera natural.

Laborda señala que satisfacer la demanda del niño nos será más difícil y doloroso según el grado de vacío emocional del que provengamos, ya que estaremos más conectados con nuestra necesidad que con la suya.

Y sanar sólo será posible si tomamos conciencia de nuestras propias vivencias infantiles no resueltas. El primer paso es conectar y sentir al niño que fuimos.

La autora propone romper la cadena de maltratos y carencias emocionales a través de la sinceridad y la empatía. Nuestros hijos no necesitan madres y padres perfectos, sino que sean humildes, honestos, vulnerables y conscientes de su propia historia personal. Que sepan disculparse y que deseen hacer las cosas desde otro lugar.

También necesitan sentirse seguros, amados y tenidos en cuenta, y que les informemos respetuosamente de un límite, actuando como ejemplos. Porque los niños no hacen lo que les decimos, sino lo que ven que hacemos.

Para sanar viejas heridas de nuestros hijos, la autora afirma que debemos, en primer lugar, nombrar la verdad. Reconocer lo que sucedió. Luego, disculparnos y perdonarnos a nosotros mismos, dándoles a los niños el doble de lo que les faltó en su día.

Como ejercicio, Yvonne propone que le cuentes a tu hijo o hija cómo te sientes, qué te pasa y qué necesitas. Sin culpar a nadie y sin justificarte, simplemente contando tu verdad. También te recomienda poner en palabras cómo crees que se siente tu hijo al ver que no puedes, no sabes o no tienes herramientas emocionales para comprenderle.

Pasar unos 15 o 30 minutos por día con tu hijo sin hacer nada más que estar presente, haciendo alguna actividad que él disfrute, es un gran hábito. Mantenlo durante 21 días para incorporarlo de manera sólida en tu rutina.

Las cuatro raíces de la crianza consciente

Esta teoría, formulada por la autora, define cuatro pilares que todo niño necesita para poder llegar a ser quien ha venido a ser al mundo. Estos son:

  1. Dar presencia: estar por y para nuestros hijos, con toda nuestra atención, tanto si son pequeños como adolescentes. Nuestra presencia les confirma que los amamos y que son importantes para nosotros.
  2. Validar: poner en palabras y traducir lo que el niño siente o necesita, para que note y sienta que es escuchado, aceptado, respetado y amado incondicionalmente, a pesar de su malestar o de su actitud. Validar es el arte de poder empatizar.
  3. Nombrar: ser sinceros y honestos con nuestros hijos sobre nuestro sentir, sobre todo cuando algo nos afecta emocionalmente. Esto es importante para que los niños puedan comprender lo que sucede a su alrededor. Asimismo, también es fundamental dar voz a nuestros hijos nombrando su realidad cuando estén con otras personas.
  4. Intimidad emocional: hablar y escuchar desde nuestro sentir sin juzgar ni criticar. Crear esta intimidad emocional es vital para vivir en un ambiente seguro donde se produzca una comunicación emocional y empática.

La falta de presencia puede hacer que nuestros hijos se sientan emocionalmente inseguros, con autoestima baja y la sensación de que no importan o no merecen atención. Esto, a su vez, los vuelve dependientes emocionalmente, buscando la aprobación constante de los demás.

El factor que más destruye el autoestima de los niños es la sensación de que no pueden ser ellos mismos, sea por miedo al rechazo, a no ser aceptados o a no ser queridos.

En cuanto a la validación, la autora señala que, a veces, apenas nombrar cómo nos sentimos y qué necesitamos ya hace que nos sintamos mejor. Las emociones y los sentimientos existen para ser sentidos, no para reprimirse. Es importante entender que aquello que experimenta tu hijo es legítimo y tiene todo el derecho de sentirlo.

Por otro lado, Laborda enumera siete pasos para crear intimidad emocional en casa y afirma que nunca es tarde para comenzar a fomentarla:

  1. Hablar desde el yo.
  2. Hablarles a nuestros hijos de nuestra vida antes de su llegada.
  3. Aceptar a los demás desde el lugar donde se encuentran.
  4. Decir la verdad.
  5. Preguntarnos “¿qué me pasa a mí por dentro?”.
  6. Reconocer nuestras limitaciones.
  7. Compartir nuestros sueños, ilusiones y pasiones.

Terminando con la desconexión y el desamor que ha afectado a demasiadas generaciones, podremos recuperar lo que siempre estuvo allí pero hemos olvidado.

Los niños podrán ser amados, complacidos y respetados, y serán ellos quienes den el paso adelante para un nuevo mundo más pacífico y amoroso.

Sentir al niño

Cuando existe una desconexión emocional por parte de la madre o del padre hacia el hijo, este lo nota, ya que él sí cuenta con esta conexión.

Reconocer esta falta no se trata de culparnos, sino de comprender que quizás no tenemos recursos emocionales suficientes.

Es común que interpretemos lo que el niño necesita desde lo mental y lo racional, pero interpretar no es sentir, es darle lo que pensamos que quiere y no lo que necesita. Y la única forma que tenemos de conectar es desde el corazón, desde el sentir.

Cuando nuestro hijo se altera y tiene un berrinche, debemos aceptar y reconocer que existe un motivo válido por detrás, por más que no podamos identificarlo en un primer momento. Ningún niño llora, grita, pega o se enfada para molestar o ridiculizar a sus padres. Sólo hacen lo que la naturaleza ha programado para ellos.

En este sentido, se torna necesario demostrarles que estamos de su lado y que queremos ayudarles. Tal vez no estén preparados para escuchar esas palabras en el momento, pero sí cuando la rabia acabe.

La clave, según la autora, está en identificar que los niños no son tan diferentes de los adultos. Necesitan ser mirados y escuchados, deben poder tomar algunas decisiones sobre sus gustos e intereses. Precisan ir a su ritmo y cometer errores para aprender sin ser juzgados. Y es nuestra obligación aceptarlos por quienes ya son y no por quienes esperamos que sean.

Cambiando un poco de asunto, en este capítulo la autora también aborda el vínculo entre hermanos, enumerando siete inspiraciones para sanarlo:

  • Crear intimidad emocional.
  • Darles más presencia.
  • Validar emociones y necesidades.
  • Dar exclusividad.
  • Compartir en familia.
  • Recoger las críticas y los juicios.
  • Verlos individualmente.

Además, destaca que todas las técnicas o enfoques que podamos utilizar no deben implementarse con la intención de conseguir obediencia, ni de pretender que nuestros niños sean como nosotros queremos que sean.

Si esa es nuestra intención, seguimos queriendo manipularlos, moldearlos y corregirlos.

Criar en un nuevo mundo

Cuando castigamos a un niño, lo hacemos sentir aún peor con lo que hizo. Sentirá frustración e impotencia, y sólo aprenderá que la próxima vez que quiera pegarle a su hermano, deberá esperar a que sus padres no lo vean.

La única forma de ayudar a alguien a ser más amoroso es con amor. El castigo no le hace darse cuenta de los sentimientos de la otra persona. En todo caso, sentirá que el otro tiene la culpa de que lo hayan castigado.

Un castigo sólo enseña que, cuando alguien no es como tú quieres que sea, debes hacerle algo desagradable como venganza. Este acto no ayuda al niño, ni demuestra una preocupación para saber qué le pasa y por qué actuó de esa manera.

Cuando peor tratamos a un niño, peor persona pensará que es, y como no podrá dejar de amar a sus padres, dejará de quererse a sí mismo.

Aunque tampoco se trata de no limitar a los niños, sino de cómo se abordan dichos límites.

La autora también critica las recompensas cuando el niño realiza algo positivo, porque el énfasis recae sobre el premio y no sobre la acción. Cuando la recompensa no se produzca, la motivación por hacer algo bueno también se esfumará.

En lugar de premiar, debemos demostrarles que percibimos su logro, y que es algo que nos importa. Frases como “muy bien” deben ser reemplazadas por “¡lo has logrado tú sola, lo has hecho sin mi ayuda!”. Poner el foco en su acción fomentará su autoestima.

Últimas reflexiones

Según Laborda, si somos capaces de ponernos del lado de nuestros hijos, defenderlos, protegerlos y darles más voz, estaremos cada vez más cerca de poder criarlos respetando su esencia original.

Amar incondicionalmente significa amar sin condiciones ni expectativas. Permitirles ser quienes son hoy, para que luego puedan convertirse en quienes han venido a ser.

También realiza una invitación a que escuches emocionalmente a los niños de tu vida preguntándote:

  • ¿Qué tipo de relación quiero con mis hijos?
  • ¿Qué me gustaría que mis hijos recordaran de su infancia?
  • ¿Qué deseo que recuerden de su relación conmigo?
  • ¿Cómo me gustaría que me trataran los demás?
  • ¿Qué tipo de padres me gustaría que mis nietos tuvieran?

Por último, Yvonne plantea diez pasos para todas aquellas personas que necesiten sanar y profundizar un poco más sobre su historia personal.

  1. La toma de conciencia: saber que lo que nos pasó siendo niños nos afecta siendo adultos. Necesitamos identificarlo.
  2. Nombrar los hechos y las emociones: reconocer la verdad desde el punto de vista del niño que fuimos para poder liberarnos y sanar.
  3. Aceptar y no negar ni minimizar: aceptar que no fuimos amados como necesitábamos.
  4. Validar las emociones y necesidades: legitimar las necesidades no satisfechas y las emociones que nos vimos obligados a reprimir.
  5. Revisar el grado de soledad: ver qué tan solos estuvimos durante la infancia. Lo más traumático no son los hechos en sí, sino la soledad con la que tuvimos que vivirlos.
  6. Sentimiento de culpa o remordimiento: el niño siempre es víctima, su dolor le fue infringido, ese dolor no es de él. Debemos ayudar a nuestro niño interior a ver y sentir que no había nada que pudiera haber hecho diferente, que nada fue su responsabilidad ni su culpa. El dolor proviene de lo que le pasó, de lo que le hicieron y de lo que le faltó.
  7. Permitirnos sentir enfado, odio e ira: todos son sentimientos totalmente normales, necesarios y legítimos.
  8. Permitirnos sentir tristeza y pena: una profunda tristeza por todo lo que ahora sabemos y sentimos. Sentir el dolor, el desespero y la soledad del niño que fuimos nos ayudará a sanarlo y liberarlo de nuestro interior. Así dejará de necesitar manifestarse en forma de enfado, depresión, control, miedo e inseguridades.
  9. Transformación y responsabilidad: en este punto, ya comprendimos y sabemos el porqué de muchas de nuestras actitudes. Ahora debemos hacer algo al respecto.
  10. Comprender la realidad de nuestros padres: no se trata de perdonar, justificar o defenderlos. Puede que haya cosas que no seamos capaces de perdonar, y eso es válido. Pero sí debemos comprender que, si no nos pudieron dar, ni satisfacer, ni amar como necesitábamos es porque no pudieron. No eligieron no darnos, y no es porque no lo mereciéramos.

Hoy puede ser el primer día de tu nueva vida. Puedes empezar a sanar tu herida primaria de la infancia para llegar a ser la madre o el padre que tus hijos necesitan.

Notas finales

Este libro práctico y conciso aborda grandes cuestiones que hacen a la esencia de las personas. Desde la educación de un niño hasta la introspección y la mirada interna que un adulto debe tener para superar sus traumas y las faltas de su infancia.

La obra de Yvonne Laborda es 100% recomendable para cualquier persona interesada en la educación de los niños, en especial aquellos que ya son o están preparándose para ser padres o madres. Es un camino duro, pero no estarás solo ni sola.

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¿Quién escribió el libro?

Es terapeuta humanista. Su especialidad es sanar al niño interior y la relación con la madre, y está consolidada como la mayor referente de habla hispana en c... (Lea mas)

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