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Cien años de soledad - reseña crítica

Cien años de soledad Reseña crítica
Textos latinos

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9788497592208

Editorial: RANDOM HOUSE ESPANOL

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

Este clásico de García Márquez cuenta la historia de los Buendía, familia fundadora del pueblo de Macondo. A través de un recorrido por varias generaciones, sus pasiones prohibidas, la convivencia con los fantasmas del pasado y una constante aparición de las demandas del destino, “Cien años de soledad” se constituye como una novela inolvidable.

El fundador de Macondo 

José Arcadio Buendía era el patriarca juvenil del pequeño pueblo de Macondo y era el hombre más emprendedor de la aldea.

En su juventud, había guiado a sus hombres con sus familias a través de la sierra, buscando una salida al mar, pero, al cabo de veintiséis meses, desistieron de la empresa y fundaron Macondo para no tener que emprender el camino de regreso.

Allí dio instrucciones para la siembra y consejos para la crianza de niños y animales. Además, colaboraba con todos, aun en el trabajo físico, para la buena marcha de la comunidad.

En pocos años, Macondo ya era una aldea ordenada y pacífica de 300 habitantes, donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto.

Aquel espíritu de iniciativa social desapareció al poco tiempo, arrastrado por el afán inventor que se presentaba con cada elemento nuevo que traían los gitanos que pasaban por Macondo cada marzo.

Frente a cada herramienta nueva, José Arcadio imaginaba infinitas posibilidades de uso para el bien del pueblo, y deambulaba hablando solo mientras pensaba.

Todos, incluso su esposa Úrsula, creían que había enloquecido, pero también todos lo siguieron cuando les pidió ayuda para emprender la búsqueda de un camino que pusiera a Macondo en contacto directo con los grandes inventos.

En ese mismo viaje encontraron un mejor territorio y José Arcadio ordenó la mudanza de Macondo. “Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra”, dijo a su esposa.

El paso del tiempo y todos los fantasmas que inundaban su mente, hicieron que José Arcadio Buendía sucumbiera a la locura y perdiera su humanidad, obligando a su familia a mantenerlo por muchos años atado en su patio, bajo la sombra de un castaño.

Años después, Aureliano, desde la distancia, escribió una carta a Úrsula, donde le pedía que cuidase a su padre, porque iba a morir. Sin dudar de las palabras de su hijo, se dispuso a llevar a José Arcadio Buendía a su habitación. Curiosamente, por las noches él regresaba a su lugar bajo el castaño, no por voluntad, sino por la costumbre de su cuerpo.

Al cabo de unos días, lo encontraron sin vida en su cuarto, y ese día hubo una llovizna de pequeñas flores amarillas que cubrieron todo el suelo del pueblo.

José Arcadio

José Arcadio, el mayor de los hijos de José Arcadio y Úrsula, había nacido en el viaje hacía la primera fundación de Macondo y tenía 14 años cuando sucedió la mudanza del pueblo.

Aunque llevaba el mismo carácter voluntarioso de su padre y su fortaleza física, era evidente que carecía de imaginación.

Con el pasar de los años, tuvo un hijo producto de un romance con Pilar Ternera, la mujer que leía las cartas para predecir el futuro en el pueblo. José Arcadio se fue del pueblo siguiendo a un grupo de gitanos y nunca se enteró de que Arcadio Buendía era su hijo, ni su hijo supo que él era su padre.

Varios años después, regresó al pueblo convertido en un hombre de una contextura física abismal y, a pesar de la desaprobación de Úrsula, se casó con Rebeca, a quien sus padres habían adoptado como hija pero que no era su hermana de sangre.

A pesar de que nadie lo supo, fue la misma Rebeca quien un día le disparó en su cuarto, matándolo.

Aureliano Buendía

Aureliano fue el primer ser humano que nació en Macondo. Era silencioso y retraído. Había llorado en el vientre de su madre y nació con los ojos abiertos.

Úrsula siempre supo que su mirada intensa le permitía ver algunas cosas que otros no podrían ver jamás.

Al estallar la guerra civil, Aureliano Buendía se sumó a la lucha contra el partido conservador y con el tiempo se convirtió en un mítico Coronel. Promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados uno tras otro en una sola noche.

Todos sus hijos se llamaron Aureliano y llevaban el apellido de su madre.

Escapó a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento. También sobrevivió a una carga de nuez vómica en un café que habría bastado para matar a un caballo.

Llegó a ser comandante general de las fuerzas revolucionarias y el hombre más temido por el gobierno. Rechazó la pensión vitalicia que le ofrecieron después de la guerra y vivió hasta la vejez de los pescaditos de oro que fabricaba en su taller de Macondo.

Arcadio Buendía

Aunque lo ignoraba, era hijo de José Arcadio y Pilar Ternera. Creció bajo el cuidado de Úrsula y Aureliano.

Cuando Aureliano Buendía fue a la guerra, nombró a su sobrino Arcadio como jefe civil y militar del pueblo. El poder corrompió a Arcadio y este se volvió un dictador sanguinario.

En complicidad con José Arcadio, decidieron apropiarse de manera ilegal de varias tierras, adjudicándose el derecho sobre ellas por ser descendientes del fundador del pueblo.

Un día, un pelotón invadió Macondo para recuperar las tierras dominadas por Arcadio. A pesar de su resistencia, fue capturado y fusilado.

Después de su muerte, Úrsula adoptó como a una hija a Santa Sofía de la Piedad, con quien Arcadio tuvo una hija y dos gemelos que no llegó a conocer. Por decisión de Úrsula, la niña fue llamada Remedios, y los niños José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo.

Aureliano Segundo y José Arcadio Segundo

Según Úrsula, fueron los únicos miembros de la familia que pudieron escapar al destino que para ella cargaban sus nombres. Fueron tan apegados y parecidos durante la infancia que ni su propia madre podía distinguirlos.

Compartieron por dos meses el amor de la misma mujer, Petra Cotes, quien en un principio los confundía por ser gemelos y pensaba que siempre se acostaba con el mismo hombre.

La diferencia decisiva se reveló en plena guerra, cuando José Arcadio Segundo le pidió al coronel Gerineldo Márquez que lo llevara a ver los fusilamientos. Aureliano Segundo, en cambio, prefirió quedarse en casa e indagar sobre lo que se encontraba en el cuarto clausurado de la casa, e insistió tanto que Úrsula le dio las llaves.

Aureliano Segundo se encontró con una habitación llena de papeles y libros: eran los manuscritos de Melquíades, el gitano. Se hundió en esos libros y se prometió a sí mismo revelar sus significados. Un mediodía, se dio cuenta de que Melquíades estaba también en la habitación, pero solo él podía verlo.

Desde entonces, durante varios años se vieron casi todas las tardes. Melquíades le hablaba del mundo y trataba de infundir su vieja sabiduría, pero se negó a traducir los manuscritos. “Nadie debe conocer su sentido mientras no hayan cumplido cien años”, explicó. Aureliano Segundo guardó para siempre el secreto de aquellos encuentros.

José Arcadio Segundo, después del día del fusilamiento, pasó a detestar las prácticas militares y la guerra. Se volvió muy cercano al Padre Antonio Isabel, a quien ayudaba dando misa y tocando las campanas de la torre.

Remedios, la bella

Remedios, hija de Arcadio y Santa Sofía de la Piedad, creció para convertirse en la mujer más hermosa del pueblo. Todos los hombres se volvían locos ante su presencia, pero ninguno podía cautivarla.

Esto no se debía solo al hecho de que ella parecía no tener interés alguno en los hombres sino que, además, los pocos que se atrevieron a cortejarla sufrieron una terrible muerte.

La suposición de que Remedios, la bella, poseía poderes de muerte estaba sustentada por cuatro muertes.

Un día, sorpresivamente, un halo de luz rodeó todo su cuerpo mientras este se volvía transparente y comenzaba a elevarse. Desde ese día, Remedios ascendió a los cielos para siempre, donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

Aureliano Triste

Un día, Aureliano Buendía recibió la visita de sus diecisiete hijos. Se quedaron tres días en la casa de la familia por pedido de Úrsula, compartiendo comidas e historias. Antes de que se marcharan, Aureliano Segundo les propuso que trabajaran con él, pero solo uno aceptó: Aureliano Triste.

Aureliano Triste instaló en las afueras del pueblo la fábrica de hielo, tal como había soñado alguna vez José Arcadio Buendía en sus delirios de inventor. En otra visita de los hijos de Aureliano, otro hijo, Aureliano Centeno, decidió quedarse trabajando con Aureliano Triste.

En poco tiempo la producción de hielo se incrementó de tal modo que rebasó el mercado local, y Aureliano Triste tuvo que pensar en la posibilidad de extender el negocio a otras poblaciones más lejanas.

Fue entonces que decidieron que había que lograr que el ferrocarril llegara a Macondo, no solo para la modernización de su industria, sino para vincular la población con el resto del mundo.

Aureliano Segundo no tuvo problema en aportar el dinero necesario para llevar el ferrocarril. Aureliano Triste partió con el dinero y no hubo noticias por varios meses. Una vez que pasaron las lluvias y el verano, regresó.

En ese momento, la población fue estremecida por el sonido de un silbato de resonancias pavorosas. Las semanas precedentes se había visto a las cuadrillas tender durmientes y rieles, y nadie les había prestado atención porque pensaron que era un nuevo artificio de los gitanos que volvían con su montón de artefactos novedosos.

Todo el pueblo se asomó a ver de qué se trataba y vieron a Aureliano Triste saludando con la mano desde la locomotora. Era la primera vez que llegaba el tren, adornado de flores.

La gente estaba deslumbrada con las increíbles y múltiples invenciones que ahora llegaban a Macondo gracias al tren. También, muchas veces se veían desilusionados porque aquellas cosas no siempre eran la gran novedad que parecían ser al principio.

El tren trajo el interés de distintos comerciantes e inversores extranjeros sobre Macondo. El pueblo se llenó de luminosos almacenes y multiplicó su población notablemente, además del creciente número de visitantes forasteros que llegaban cada día.

Un grupo de inversores se dedicó a plantar bananos en las tierras próximas a Macondo. Esto provocó una de las más terribles masacres de la región a causa de un enfrentamiento entre militares y los trabajadores de la compañía bananera que se encontraban en huelga.

Los forasteros irrumpieron en el pueblo acabando con la paz y pronto empezaron a ocurrir múltiples hechos de violencia, entre ellos, el asesinato de todos y cada uno de los hijos de Aureliano Buendía.

Aureliano Babilonia

Nieto de Aureliano Segundo e hijo de Mauricio Babilonia y Meme Buendía.

Al crecer, se enamoró y tuvo una relación clandestina con quien creía que era su hermana, pero en realidad era su tía, Amaranta Úrsula, que se encontraba casada con otro hombre.

Amaranta Úrsula quedó embarazada de Aureliano, pero falleció en el parto y dio a luz a un niño con cola de cerdo.

Aureliano Babilonia dedicó su vida a tratar de descifrar los escritos de Melquíades, pero no logró comprenderlos del todo hasta que tuvo lugar un hecho trágico: al volver de una noche de borrachera para aliviar el dolor de la muerte de su amada, descubrió que su hijo, el último de los Buendía, había muerto devorado por las hormigas, tal como lo había predicho Melquíades.

En ese momento, Aureliano descubrió que los manuscritos de Melquíades anunciaban el destino de toda su familia mientras un viento feroz comenzaba a destruir Macondo.

Aureliano entendió que en el preciso momento en que acabara de leer aquel manuscrito, la ciudad sería arrasada por el viento y él moriría, porque, como dictaba el último verso, las “estirpes condenadas a cien años de soledad” no tenían “una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Notas finales

Este clásico de la literatura latinoamericana utiliza con maestría el realismo mágico para retratar las pasiones y desventuras de una familia, así como para grabar en la memoria hechos clave de la historia de Colombia como la Masacre de las bananeras. Definitivamente, es un libro que debemos leer al menos una vez en la vida.

Consejo de 12min 

En “La casa de los espíritus”, de Isabel Allende, podrás encontrar otra clásica novela que aborda las relaciones entre distintas generaciones de una familia y el contexto sociopolítico de su país.

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¿Quién escribió el libro?

Fue un destacado escritor colombiano. Algunas de sus obras más reconocidas son “Cien años de soledad” (1967), “Crónica de una muerte anunciada” (1981) y “... (Lea mas)