La máxima vil que gobierna el comercio global
Adam Smith advirtió sobre la 'máxima vil de los amos de la humanidad': todo para nosotros, nada para los demás. Hoy esos amos son el G7, las corporaciones y las instituciones financieras que fijan las reglas del comercio. En 1958 la administración Eisenhower ya aplicaba esa lógica en Medio Oriente: mientras los dictadores sirvieran a sus intereses, la opinión de sus pueblos no importaba. Un siglo antes, los obreros estadounidenses ya se llamaban a sí mismos esclavos asalariados.
Cuando la indignación depende de quién dispara
En 2014 el mundo lloró durante meses el derribo del vuelo MH17 sobre Ucrania. En 1988 un buque de guerra estadounidense derribó el vuelo 655 de Iran Air y mató a 290 personas, 66 niños; la tripulación recibió medallas y el caso se archivó como accidente. El mismo patrón se repite con la prensa: el ataque a Charlie Hebdo generó marchas globales, pero el bombardeo de la OTAN a una televisora serbia en 1999, que mató a dieciséis periodistas, fue elogiado como operación legítima.
Un reloj simbólico que no deja de avanzar
En 2015 el Reloj del Juicio Final avanzó a tres minutos de la medianoche, el nivel más alto en treinta años, por dos amenazas: las armas nucleares y el cambio climático sin control. En 1983 el oficial soviético Stanislav Petrov desobedeció una falsa alarma y evitó una guerra nuclear. Mientras la mayoría de los estadounidenses apoya limitar los combustibles fósiles, no existe política nacional al respecto; en cambio, países como Bolivia ya reconocen los derechos de la naturaleza en su Constitución.
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