El aula que no fue diseñada para ellos
Dos niños de seis años entran al mismo salón, pero sus cerebros no tienen la misma edad: la corteza prefrontal, que controla impulsos y planeación, madura casi dos años después en los varones. El sistema educativo, pensado para la edad del calendario, los deja atrás desde el inicio. Hoy, por cada 100 títulos universitarios que reciben las mujeres en Estados Unidos, solo 74 van a hombres, brecha tan amplia que algunas universidades privadas bajan en secreto el estándar de admisión masculina.
Cuando el trabajo que te definía desaparece
Un hombre que entró a una fábrica a los dieciocho ve cómo ese empleo se automatiza o se traslada a otro país, y con él se esfuma el papel que le daba sentido. Desde 1979, los salarios reales de los hombres sin título universitario se estancaron o cayeron, mientras los de las mujeres subieron, porque los nuevos empleos exigen habilidades sociales donde ellas suelen llevar ventaja. El costo se mide en vidas: las muertes por desesperación son casi tres veces más frecuentes entre varones, concentradas en quienes tienen menos escolaridad.
Ayudar sin mirar quién recibe la ayuda
En Kalamazoo, un programa pagó la universidad a todos los egresados de las preparatorias públicas. Las mujeres elevaron su graduación universitaria en 45%; en los hombres, el efecto fue cero. El mismo patrón se repite en programas de mentoría, elección de escuela y subsidios salariales. Richard V. Reeves lo atribuye a una brecha de aspiración: muchas jóvenes llegan con un plan claro, mientras a muchos jóvenes les falta ese impulso para transformar la oportunidad en resultado real, dato que se pierde si no se analiza por separado.
:quality(90)/https%3A%2F%2Fcdn.12min.com%2Fbooks%2Fbooks_new_cover_experiment%2F63656_cover.original.png%3F1791899385)