Una tierra prometida - Reseña crítica - Barack Obama
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Una tierra prometida - reseña crítica

Una tierra prometida Reseña crítica
Biografías y memorias

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: A Promised Land

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 8499929745

Editorial: DEBATE

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

Barack Obama hace un viaje por los momentos más significativos de su infancia, su juventud y los comienzos de su carrera política. En sus memorias, busca explicar las responsabilidades y contradicciones que implica ser el presidente de los Estados Unidos.

Repasa desde su perspectiva las decisiones más importantes que tomó durante su primer mandato. ¡Empecemos!

Los primeros pasos de Obama

Barack Obama creció en Hawái, al cuidado de su madre, Ann Duham, o de sus abuelos maternos cuando ella se encontraba trabajando fuera del país.

Su mamá era una mujer de ideales fuertes, y desde que él era niño le habló sobre los derechos civiles, el error de la guerra de Vietnam, el feminismo y la pobreza. A su padre no lo conoció bien, y tan solo pudo verlo una vez cuando tenía diez años.

A lo largo de su adolescencia, Obama no se veía como un líder, sino más bien como un estudiante apático y fiestero.

No obstante, durante esa etapa le inquietaba sentir que vivía entre dos mundos, debido a su ascendencia. Como si fuese “una combinación de piezas mal encajadas”. Entonces, la lectura pasó de ser solo un hábito cultivado por su madre a convertirse en su refugio.

Mientras estudiaba en la Universidad de Columbia, Obama pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo y escribiendo. Trataba de dar respuesta a las preguntas que se amontonaban dentro de su cabeza.

Cuando se graduó, en el año 1983, se trasladó a Chicago para participar en trabajo social comunitario. Y, aunque considera que su huella en esa ciudad fue reducida, es seguro que esa experiencia marcó el resto de su vida.

En pocas palabras, maduró y aprendió a escuchar los verdaderos problemas de las personas.

Para 1988, dejó Chicago e ingresó en la Escuela de Derecho de Harvard. Poco tiempo después conoció a Michelle LaVaughn Robinson, y para Obama fue amor a primera vista.

En 1992 se casaron y ya vivían de nuevo en Chicago, donde él planeaba volver al trabajo comunitario y quizás comenzar una carrera política.

La carrera por el Senado

Algunos años después, en 1995, varias personas cercanas a Obama lo animaron para presentar su candidatura al Senado de Illinois.

Antes de tomar una decisión, lo consultó con dos personas muy importantes. Primero, su esposa Michelle, quien le dijo que debería postularse si era algo que quería hacer.

En segundo lugar, le pidió opinión a su madre, que había sido diagnosticada con cáncer de útero. Con entusiasmo lo animó a seguir adelante, y así se inició la primera campaña política de Obama.

La organización comenzó siendo bastante pequeña, sin encuestas ni dinero para publicidad en radio o televisión. Junto a Michelle y el resto de sus colaboradores, Obama recorrió puerta por puerta su distrito, para conseguir las firmas necesarias para su aval.

Pasó meses entre reuniones de asociaciones de vecinos, distintas parroquias y organizaciones progresistas. Logró recoger cuatro veces la cantidad de firmas necesarias.

Siguiendo el consejo de su equipo, Obama introdujo una queja en la Junta Electoral de Chicago, porque los avales de su contrincante estaban llenos de firmas inválidas. Después de eso, ganó la elección.

En 1997, cuando ya habían pasado dos años de legislatura, Michelle y Barack esperaban a su primera hija.

Los primeros meses transcurrieron muy bien, ya que Obama se tomó un tiempo libre para ayudar a su esposa. Pero al momento en que ambos volvieron a trabajar y estaban cada vez más cansados, aparecieron las discusiones y los desacuerdos.

En una ocasión, Michelle le dijo: “Siento que lo estoy haciendo todo yo sola”. Entonces, Barack comenzó a reconocer una verdad un poco oculta: estaba tratando de “cumplir en muchos ámbitos distintos con muchas personas diferentes”.

Aun así, tomó la decisión equivocada de presentar su candidatura al Congreso para las elecciones de 1999. Perdió por 30 puntos y atravesó un estado emocional bastante oscuro.

Durante ese tiempo, comenzó a preguntarse qué hacía falta para poder lograr cambios reales desde la política. Y llegó a la conclusión de que necesitaba poder hablar con un público más amplio. Una idea surgió en su cabeza: postularse al Senado estadounidense.

En 2002, el panorama político nacional lo favoreció. Después de las acciones militares de Estados Unidos contra Irak, la prensa, los demócratas y la opinión pública mostraron su oposición a esa guerra.

Los medios digitales hicieron eco de un discurso sobre el tema que había dado Obama en Chicago. Su popularidad creció y también las donaciones para su campaña. Con esta experiencia, aprendió a escuchar mejor a sus electores.

Barack ganó las primarias demócratas. Luego, superó al candidato republicano con más de 45 puntos la noche de las elecciones.

En el Senado, demostró una gran habilidad para inspirar a la gente, y pronto personas cercanas a su trabajo intentaron convencerlo para lanzar su campaña a la presidencia del país en las elecciones de 2008.

La campaña presidencial

Si bien Obama había comenzado a considerar la posibilidad de presentarse a la carrera por la presidencia, después de haber hablado con Harry Reid y Ted Kennedy, todavía le preocupaba que su esposa no estuviera de acuerdo con la idea y le pidiera no hacerlo.

Al mismo tiempo que trabajaba con su equipo de campaña para definir qué necesitaría en caso de una potencial campaña, se preguntaba qué era lo mejor que podía hacer por él y por su familia.

Justo en la última reunión de preparación que tuvo su equipo, Michelle le lanzó una pregunta crucial: “¿Por qué necesitas tú ser presidente?”.

Las razones que Obama explicó ayudaron a terminar de convencer a su esposa. No obstante, algunos de los motivos más personales los guardó para sí. Por ejemplo, tenía la esperanza de que ganar la presidencia le confirmaría que era posible construir el país en el que creía.

En los primeros meses de su campaña, Obama tuvo que manejar su poca habilidad para los debates. Sus asesores seguían diciéndole que daba respuestas demasiado complejas.

Con la práctica entendió que la clave para hablarle a la audiencia consistía en comunicarle un mensaje que despertara sus mejores emociones.

Por otro lado, su campaña no se basaba en donadores importantes con grandes cheques. En cambio, su organización se enfocó en la eficiencia y la honestidad, lo cual le permitió ganar la confianza de miles de personas que hacían donaciones pequeñas.

Para poder ganar en el estado de Iowa, fue necesario preparar una operación con cerca de 200 activistas locales de orígenes diferentes, muchos de ellos jóvenes y sin experiencia.

Durante toda la campaña, visitaron casa por casa, y se enfocaron en involucrar a los votantes y ganar su confianza.

Mientras tanto, Obama pasó 87 días en Iowa a lo largo de su campaña. Probó la comida, jugó baloncesto con los niños y asistió a muchos eventos.

Al tiempo, la campaña crecía con éxito y Barack ganaba aún más confianza en los debates contra otros candidatos demócratas, hasta el equipo de Hillary Clinton intentó pasar al ataque directo en su contra.

A partir de allí, su campaña tuvo que enfrentarse a los medios sensacionalistas que cuestionaban su “americanidad”. A esto se sumaron todos los rumores que se esparcieron acerca de él que mencionaban desde trabajos como gigoló hasta hijos fuera de su matrimonio.

Su principal rival para las primarias demócratas fue Hillary. Pero para la primavera de 2008, fue capaz de superarla a ella y a sus previsiones más optimistas.

Siete semanas antes de las elecciones generales, el candidato republicano John McCain se vio desfavorecido por la crisis financiera de la burbuja inmobiliaria. Incapaz de presentar una propuesta concreta, sus declaraciones eran confusas.

Obama, en cambio, optó por consultar con asesores especializados en materia económica. Y fue capaz de enfrentar los debates siguientes con mayor seguridad en cada cosa que decía.

Resultó evidente para la prensa, para los votantes y para Obama que McCain no entendía del todo las implicaciones de la crisis. Además, no tenía un plan convincente para hacerle frente.

Obamacare

Al tiempo que Barack Obama llegó a la presidencia de Estados Unidos, en el país había más de 43 millones de ciudadanos sin seguro médico. Entonces, el presidente se propuso lograr la aprobación de una reforma sanitaria, aun en medio de la recesión económica.

En ese momento, se trataba de un asunto personal para Obama, e iba acompañado de un exceso de confianza que no pudo detectar entonces. Aunque el riesgo político de esa decisión no pasó desapercibido.

La reforma avanzó lentamente en el congreso, causando diferencias de opiniones entre republicanos, demócratas, congresistas, senadores, y también dentro del equipo de Obama.

Se tomó la decisión de presentar una propuesta más conciliadora en las negociaciones con las empresas del sector de sanidad. Gracias a esto, fue posible obtener un acuerdo por parte de hospitales, farmacéuticas y aseguradores de que no se opusieran al proyecto de ley.

A medida que las negociaciones se resolvían en reuniones privadas, la prensa y el público comenzaron a desconfiar. Esto le causó gran preocupación a Obama, ya que originalmente él estaba a favor de hacer públicos los avances de la reforma.

Contra los consejos de su equipo, decidió hacer una conferencia de prensa dedicada únicamente al tema de la sanidad.

Durante el evento, una periodista le preguntó su opinión sobre el arresto de un profesor negro, después de insultar a un policía blanco. En su respuesta, Obama expresó que la policía había actuado "de manera estúpida".

Al día siguiente, la prensa solo hablaba sobre este comentario, y nadie hizo mención acerca de la Ley de atención sanitaria.

En julio de 2009, hacía falta la aprobación del Comité del Senado sobre Finanzas para poder tener dos proyectos de ley que serían discutidos en la Cámara y en el Senado, antes de que la versión final estuviese lista para ser firmada por el presidente a finales de año.

Las votaciones se retrasaron y el equipo de Obama optó por organizar una gira por varios estados para continuar explicando los pormenores de la ley y buscar más apoyo.

Mientras las personas que asistían a los eventos escuchaban con atención lo que Obama tenía que decir, grupos de manifestantes molestos protestaban en las calles.

Cuando se dio cuenta de que no obtendrían los votos que buscaban de ciertos republicanos, alguien en su equipo propuso presentar una versión de la ley mucho más corta.

Los que todavía creían que era posible aprobar la reforma completa le dijeron al presidente que todo dependía de si creía que la suerte estaba de su lado. Él simplemente recordó que era el primer presidente afroestadounidense con nombre extranjero, y respondió: “Yo siempre creo que la suerte está de mi parte”.

La ley de atención sanitaria se aprobó en marzo de 2010, más de un año después, con 216 votos en la Cámara de Representantes.

Intervención militar en Libia

En 2009, Obama recibió el premio Nobel de la Paz y no creía merecerlo. Así que, en su discurso de aceptación, se centró en explicar su argumento de que “la guerra es terrible pero a veces necesaria”.

Requiere del compromiso de la comunidad de naciones encontrar una justificación real de la guerra.

Libia era gobernada por Muamar el Gadafi, quien aplicó un grado de violencia y represión que Obama cataloga de locura. Además, estaba consciente de que también era facilitador del terrorismo en todo el mundo.

La Administración de Obama utilizó distintos enfoques para frenar la escalada de la violencia antes de considerar emplear la fuerza militar, desde peticiones directas de renunciar al poder hasta congelar miles de millones de dólares pertenecientes a Gadafi.

En esa época, voces de diversos sectores en Estados Unidos pedían una intervención militar en Libia para frenar la violencia.

No obstante, el presidente era reacio a enviar fuerzas militares, ya que seguía preguntándose “dónde terminaría la obligación de intervenir”.

Una guerra siempre tiene consecuencias negativas, incluso cuando se declara por una causa justa.

Obama meditó y consultó su decisión durante varios meses con su equipo. Trazó un plan y esperó a que Gadafi decidiera rendirse.

Mientras el presidente estaba en una visita oficial en Brasil, utilizó el teléfono celular de uno de los miembros de su equipo y con solo tres palabras, “Tienes mi autorización”, dio inicio por primera vez en su mandato a una nueva intervención militar.

Cuando le preguntan a Obama qué se siente ser presidente de Estados Unidos, él suele pensar en cómo se sintió después de dar la orden: “Impotente… en el filo de la navaja entre el aparente éxito y la posible catástrofe”.

Notas finales

En su adolescencia, Barack Obama no imaginaba convertirse en el presidente de Estados Unidos. Su paso por la universidad y el trabajo social comunitario en Chicago lo motivaron a cuestionarse qué podría hacer él para ayudar a otras personas.

Su esposa Michelle fue un apoyo muy importante para el desarrollo de su carrera política. De la mano de un equipo de colaboradores de su entera confianza, fue capaz de aprender de sus errores y transformarse en un político que inspiró a millones de personas.

Aunque el trato de Obama con los medios fue complicado. Como presidente, tuvo que encontrar formas de lidiar con estos obstáculos para poder llevar a cabo los planes de su administración.

Consejo de 12min

Como mencionamos, Michelle Obama ha jugado un papel importante en los logros personales de Barack. Echa un vistazo a su libro “Mi historia” para conocer más acerca de su vida.

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¿Quién escribió el libro?

Primer presidente afrodescendiente de Estado Unidos. Antes de dedicarse a la política, ejerció como abogado de derechos civiles y profesor de Derecho Constitucional. Fue pa... (Lea mas)