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Tiende tu cama y otros pequeños hábitos que cambiarán tu vida y el mundo - reseña crítica

Tiende tu cama y otros pequeños hábitos que cambiarán tu vida y el mundo Reseña crítica
Desarrollo personal

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9786070759321, 9786070759321

Editorial: Editorial Planeta

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

En 2014, William Harry McRaven dio un discurso para los egresados de la Universidad de Texas. Miembro de la marina estadounidense con más de 35 años de servicio, transmitió diez lecciones que aprendió a lo largo de su vida.

A pesar de no formar parte del ejército, todo nuevo profesional puede interpretar estos consejos. Tú también podrás hacerlo. ¿Comenzamos?

Empieza tu día con una tarea cumplida

“Si quieres cambiar el mundo… empieza por tender tu cama”.

Durante el entrenamiento con la marina, William aprendió las rigurosas técnicas de orden y presentación. Nada más despertar, tenía que dedicar unos minutos a hacer su cama con una precisión milimétrica. Él era consciente de que su trabajo sería inspeccionado de manera muy estricta.

Si existía la mínima arruga en su cama o uniforme, iba a provocar la peor de las humillaciones: tirarse al océano vestido, revolcarse en la arena hasta cubrirse íntegramente de barro y convertirse así en una “galleta azucarada”.

Cuando, en cambio, su trabajo era perfecto, no recibía elogios. Simplemente había cumplido con su trabajo. Demostraba disciplina y atención a los detalles y, al final del día, sería un recordatorio de que había hecho algo bien.

Incluso en un momento difícil, cuando estaba recuperándose de un accidente en paracaídas, lo primero que hizo al poder levantarse fue hacer su cama. Era su manera de demostrar que había superado sus lesiones.

No podrás lograrlo solo

“Si quieres cambiar el mundo… encuentra alguien que te ayude a remar”.

La gran mayoría de las tareas y ejercicios del entrenamiento SEAL —equipo del que McRaven acabaría siendo oficial— se realizan en equipo. En uno de ellos, siete hombres debían cargar una balsa de goma de tres metros de largo. Durante la primera etapa, debían llevarla a cualquier lugar al que fueran.

También debían cargar la balsa hacia el mar y remar contra el furioso oleaje del Pacífico. Si algún integrante del equipo no estaba al 100%, el resto debía hacer un esfuerzo más para compensar. Esta solidaridad se extendía a todos los ámbitos del entrenamiento.

Sabían que ninguno podía completar los seis meses sin ayuda, que era imposible sobrevivir a la guerra en soledad. McRaven pudo comprobar varias veces la importancia de contar con apoyo. Sufrió algunos reveses durante su carrera y siempre hubo alguien dispuesto a ayudarle.

Todos necesitamos un equipo con buenos integrantes para llegar a nuestro destino. Lo que logramos en la vida es gracias a las personas que nos extienden su mano en nuestros peores momentos. Encuentra alguien con quien compartir la vida, haz tantos amigos como puedas y nunca olvides que tu éxito depende de los demás.

Solo importa el tamaño de tu corazón

“Si quieres cambiar el mundo… mide a las personas según el tamaño de su corazón”.

A pesar de la gran exigencia física que demandaba el entrenamiento SEAL, algunos reclutas no estaban dentro de ese estándar. Fue el caso de un novato de solo 1,65 metros de altura. 

En uno de los ejercicios de nado de tres kilómetros diarios entre las violentas olas del océano, un instructor se enfrentó al recién llegado. Le dijo que no iba a poder concluir la prueba. Obstinado, el aprendiz se mantuvo en una postura firme y actitud determinada.

Al acabar el ejercicio, el recluta había sido de los primeros. Cuando McRaven preguntó por su desempeño, admitió que su motivación se potenció con las duras pero estimulantes palabras del superior: “¡Demuéstrame que estoy equivocado!”.

William comprobó que la estatura no es importante, ni el color de piel, el origen étnico, la orientación sexual o el dinero. Lo único relevante es la determinación, la tenacidad y el tamaño del corazón de cada persona.

La vida no es justa: ¡sigue adelante!

“Si quieres cambiar el mundo… olvida que fuiste una galleta azucarada y sigue con tu vida”.

En cualquier punto del entrenamiento, los reclutas pueden cometer errores casi imperceptibles que tienen consecuencias al final del día: el mencionado castigo de convertirse en “galletas azucaradas”.

A veces, la vida no es justa. Pero esto no tiene que ser un motivo para desistir. Todo lo contrario: saber continuar cuando las condiciones no son las mejores te hará una persona mejor.

Así lo comprobó William años más tarde, cuando uno de sus superiores, Phillip “Moki” Martin, sufrió un accidente de bicicleta que lo dejó paralizado. En 35 años de amistad, jamás lo escuchó quejarse de su condición ni autocompadecerse. De hecho, se convirtió en un gran pintor y continúa vinculado a la marina.

Responsabilizar de tus males a alguna fuerza externa es fácil, te permite dejar de esforzarte porque “el destino está en tu contra”. No podrás elegir tu pasado, pero sí puedes elegir qué harás en el presente y en el futuro.

El fracaso puede fortalecerte

“Si quieres cambiar el mundo… no temas al circo”.

Uno de los mayores temores de los reclutas durante el entrenamiento era el “circo”. Un castigo que se aplicaba a los peores aprendices de cada día. Consistía en una sesión extra de dos horas de calistenia y más hostigamiento.

El problema era que ir al circo podía convertirse en un círculo vicioso que provocase la salida del recluta del entrenamiento SEAL: las dos horas de ejercicio extra te dejaban agotado al día siguiente, por lo que las chances de ser el último en un ejercicio y acabar nuevamente en el circo aumentaban.

McRaven tuvo la desgracia de caer en el circo junto a su compañero de natación, Marc Thomas. Los veteranos prepararon una sesión especial de castigo que consistía en cientos de ejercicios de cuerpo entero. Terminaron destrozados.

Lo curioso fue que, después de acumular varios días en el circo, la pareja consiguió mejorar su desempeño. En esos días, tuvieron que hacer un recorrido de ocho kilómetros en mar abierto, ¡y fueron los primeros!

A lo largo de tu vida enfrentarás diversos circos, donde deberás responder por tus fracasos. Pero no debes temerles. Si eres perseverante y aprendes de tus errores, te volverás más fuerte, inteligente y experimentado.

Arriésgate a lo grande

“Si quieres cambiar el mundo… deslízate de cabeza por el obstáculo”.

Otro de los dolorosos desafíos del entrenamiento SEAL consistía en un circuito de obstáculos donde el recluta debía escalar una torre de nueve metros. Después, tenía que desplazarse a través de una soga hacia otra torre. Ambas estaban separadas por treinta metros de distancia.

El método elegido por la mayoría de candidatos, incluyendo a William, era el de moverse lentamente por la soga, arrastrándose con sus brazos y piernas. Pero esta forma era demasiado lenta por lo que, desafiado por sus instructores, McRaven decidió asumir algunos riesgos.

Colocó su cuerpo por encima de la soga y se deslizó de cabeza, completando el recorrido en la mitad de tiempo. Aprendió así a superar sus propias ansiedades y a confiar en su capacidad de lograr las cosas.

William comprobó que la posibilidad de fracasar siempre existe, pero el miedo nunca te permitirá alcanzar tu máximo potencial. Debes desafiar tus límites para saber lo que realmente eres capaz de alcanzar en esta vida.

Enfréntate a los bravucones

“Si quieres cambiar el mundo… no te acobardes frente a los tiburones”.

A lo largo de su vida, McRaven tuvo que enfrentar a varios bravucones. En sus tiempos de aspirante SEAL, debió nadar diariamente entre tiburones en las costas de la Isla de San Clemente. Tener una meta honorable mantuvo a William y su compañero Thomas nadando en soledad. Contaban con un objetivo que les daba fuerza.

Cuando estaba en Irak, William vigiló a Saddam Hussein tras su encarcelamiento. Pudo presenciar una reunión entre el ex presidente iraquí y los nuevos líderes políticos del país asiático. Era evidente que éstos últimos aún tenían miedo al dictador.

Como debía verlo todos los días, McRaven decidió ignorar a Saddam. No respondía a sus intentos de saludarlo y se limitaba a hacerle señas para darle órdenes. Le hizo saber que ya no era importante y no podía intimidar a nadie.

Según el autor, todos los bravucones se alimentan del miedo de los cobardes. Una vez que identifican a sus víctimas, atacan. Por eso el valor es tan importante.

Si no tienes valor, otros podrán definir tu destino y quedarás a su merced. La falta de valentía nos puede llevar a ser gobernados por tiranos. Sin ella, ninguna sociedad puede prosperar y los bravucones del mundo consiguen triunfar. Si eres valiente puedes enfrentar al mal y derrotarlo.

Ponte a la altura de las circunstancias

“Si quieres cambiar el mundo… sé la mejor versión de ti mismo en los momentos más oscuros”.

Uno de los desafíos más atemorizantes que McRaven enfrentó durante los entrenamientos fue una prueba de buceo. Los reclutas debían nadar hacia un buque y ubicar una mina en su parte inferior, para luego regresar a la playa sin ser detectados.

La dificultad residía en la casi nula visibilidad que tenían los buzos debajo del buque. Además, existía la posibilidad de que el equipo de buceo fallase, algo que había provocado la muerte de varios aprendices SEAL en el pasado. Sin mencionar la temperatura helada del agua.

McRaven supo que cada uno debía ser su mejor versión para sobrevivir y superar la prueba, desestimando los miedos y la fatiga.

Aprendió la misma lección después de presenciar varios funerales a lo largo de los años. Vio cómo en esos momentos de tragedia y tristeza, las personas se unían para ser la mejor versión de sí mismos.

En algún momento de la vida, todos enfrentaremos momentos oscuros. Algo quebrará nuestro espíritu y nos hará dudar sobre el futuro. Es en esas horas cuando debemos buscar fuerzas dentro de nuestro interior para convertirnos en nuestra mejor versión.

Dale esperanza a la gente

“Si quieres cambiar el mundo… empieza a cantar cuando el lodo te llegue al cuello”.

El evento decisivo de la primera fase del entrenamiento era la “semana del infierno”: seis días de pruebas intensas sin dormir y de hostigamiento constante con el propósito de eliminar a los débiles.

A mitad de la semana, los reclutas se dirigieron a los lodazales del Río Tijuana, al sur de San Diego. Después de un día de intenso ejercicio en el lodo, azotados por el viento y el frío, la moral estaba cayendo.

En ese momento, uno de los instructores ofreció una tregua: si cinco reclutas se rendían, todos podrían reunirse con el resto de los supervisores junto al fuego para tomar café caliente y caldo de pollo. La oferta era muy tentadora.

Cuando el primer recluta estuvo cerca de rendirse, otro compañero comenzó a cantar con las pocas fuerzas que le quedaban. Uno a uno, se fueron uniendo en ese canto de resistencia. Una sola persona había conseguido unir al grupo, había inspirado y dado esperanzas a todos los que lo rodeaban.

Poder tener el sentimiento de que no todo está perdido y que existe un futuro será fundamental en algún punto de nuestras vidas. Por eso también es importante saber transmitir eso a los demás cuando es necesario. Incluso cuando nosotros mismos no estemos en un buen momento.

¡Nunca jamás te des por vencido!

“Si quieres cambiar el mundo… nunca, pero nunca, toques esa campana”.

A pesar de los duros relatos sobre el entrenamiento SEAL, McRaven no olvidó aclarar que nadie estaba obligado a someterse a tales esfuerzos. Para liberarse de sus responsabilidades, los reclutas solo debían tocar una campana del cuartel tres veces.

Pero esto significaba rendirse. Lo sabían los aprendices y lo recordaban incansablemente los superiores. Y rendirse nunca facilita las cosas. Apenas 33 de los 150 cadetes originales lograron graduarse y superar el entrenamiento de seis meses.

Según el propio William, “nunca te rindas” es la lección más importante que recibió. El sufrimiento es parte de la vida y puede doblegarte, pero también fortalecerte. 

Siempre habrá alguien en peores condiciones que tú, por eso no debes autocompadecerte ni responsabilizar a los demás por tu destino. Mantente fuerte y tenaz y lograrás darle el rumbo que quieres a tu vida.

Notas finales

En este libro de rápida lectura, William McRaven ofrece diez lecciones simples y fáciles de aplicar que pueden cambiar tu vida. 

Empieza cada día con una tarea cumplida, encuentra alguien que te ayude, respeta a todo el mundo y recuerda que la vida no es siempre justa. Asume riesgos, enfrenta a los bravucones, toma la iniciativa cuando la situación es adversa y nunca te des por vencido.

Si consigues hacer todo esto, podrás cambiar tu vida e inspirarás a las próximas generaciones. Provocarás un gran cambio que hará del mundo un lugar mejor.

Consejo de 12min

Para leer más consejos sobre superación y cómo desarrollar tu fortaleza mental, dale una oportunidad a “Personas fuertes mentalmente”, escrito por Ángel Joel Méndez López.

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¿Quién escribió el libro?

Es un almirante de cuatro estrellas retirado de la Armada estadounidense. En su espalda tiene una trayectoria de 37 años de servicio, además de haber ocupado varios cargos de alto rango. Por ot... (Lea mas)