×
70% OFF

Oferta exclusiva de Black Friday

852 lecturas ·  0 calificación promedio ·  0 calificaciones

¿Para qué sirve la filosofía? - reseña crítica

¿Para qué sirve la filosofía? Reseña crítica
Historia y filosofía

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9789504937173

Editorial: Planeta Argentina

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

Darío Sztajnszrajber nos invita a caminar junto a él y otros grandes filósofos, para indagar en las múltiples preguntas que la cotidianidad nos presenta y descubrir de qué trata el quehacer de la filosofía y para qué sirve ésta, si es que sirve para algo. ¡Empecemos!

El por qué y el extrañamiento

Muchas veces enfrentamos la pregunta acerca del por qué de las cosas. Pero, ¿todo tiene un por qué, un fundamento? Y, en tal caso, ¿qué es un fundamento?

El autor define de manera inicial al fundamento como “un conjunto de palabras que intenta dar razón a otro conjunto de palabras”. Por ejemplo, mientras que la frase “llueve porque llueve” no explica nada, la afirmación “llueve porque Dios llora” propone una explicación, aunque podamos no estar de acuerdo con ella.

Otra cosa que podemos pensar es cómo y por qué se justifica tal cosa.

Sztajnszrajber dice que hacer filosofía es una manera de pensar y que no hay una única manera de pensar, aunque en nuestra cultura se haya impuesto la racionalidad deductiva, lógica y argumentativa, por sobre otras.

Pero si nos hacemos preguntas que puedan o no ser respondidas e incluso que no busquen ser respondidas, entonces hay pensamiento.

Hacer filosofía es una manera de pensar que privilegia la búsqueda del fundamento.

La cotidianidad se nos presenta en funcionamiento. No nos preguntamos todo el tiempo si las cosas cotidianas van a funcionar, sino que confiamos en que así será y emprendemos nuestras acciones diarias gracias a este pacto de confianza tácito.

Cuando buscamos el fundamento de algo, intentamos encontrar una explicación de por qué las cosas son de este modo y no de otro.

Heidegger retoma el término aletheia que los antiguos griegos utilizaban para hablar de la verdad como “desocultamiento”. Para que una verdad se desoculte debe haber un movimiento de nuestra atención hacia lo que queremos visualizar, un movimiento extraño donde lo que es puede ser otra cosa.

Hacer filosofía es colocarse en un lugar de extrañamiento frente a todo lo que nos rodea y se nos presenta como obvio. Al ingresar en la penumbra del extrañamiento, recuperamos nuestra capacidad de asombro y podemos desconfiar de la obviedad. Lo obvio no incluye la diferencia, la disuelve.

La filosofía tiene más que ver con descubrir la pregunta que con formular certezas. Preguntar es un ejercicio que permite desmontar aquellas certezas que a lo largo de la historia se instalaron como verdades, imponiendo la tiranía de lo obvio.

¿Y si hacer filosofía no es más que una manera de romper con nuestras creencias estables para mostrar que puede haber infinitas perspectivas sobre las cosas y que ninguna es más necesaria que la otra incuestionablemente?

La pregunta por el ser

Una de las preguntas claves de la filosofía es la pregunta por el ser. Siempre intentamos abordar esa pregunta desde el funcionamiento. Las cosas que nos rodean tienen un sentido, sirven para algo, poseen una razón de ser. Son útiles.

Ahora, al intentar explicar la razón de ser de algo, necesariamente acudiremos a un entramado conceptual que la contenga. Es decir, le damos sentido a algo al hacerlo funcionar en relación a toda una red de cosas. Al hacer esto, se rompe la posibilidad de poder pensar ese ente como algo cerrado, propio de sí.

Siguiendo este pensamiento, al entramar cualquier concepto, no estamos dándolo por obvio porque lo estamos pensando en relación a un mundo que le da sentido, es decir, lo relativizamos y mostramos su carácter de construcción social.

Nuestra tradición nos ha llevado a pensar las cosas en el orden de lo práctico, de lo útil, pero no es lo mismo la verdad que la utilidad. La utilidad es un valor, no la cosa misma. Nuestra cultura le ha otorgado un lugar de valor casi supremo, generando que muchas veces no podamos mirar un objeto desde otras perspectivas.

¿Podemos despojarnos de la idea de utilidad al intentar dar cuenta del ser de algo? Podríamos intentar derribar su obviedad y desnaturalizar la utilidad de las cosas. La pregunta por el ser libera.

Entonces, ¿cuál es la utilidad de la filosofía? No cura enfermedades, no construye puentes ni trae felicidad. Quizá estamos hablando de una manera de pensar que tiene como objetivo interrumpir la mirada utilitarista sobre las cosas, personas o acciones.

La filosofía no responde, pregunta. Al preguntar, interrumpe.

La muerte, un problema filosófico 

Sztajnszrajber plantea que la filosofía, o las filosofías, llevan en su origen el propósito de brindar una respuesta al sinsentido de la muerte. Muchas veces se renueva el intento de comprender aquello que de todos modos sabemos incomprensible.

El autor nos dice que suele haber tres grandes posiciones sobre la muerte que resultan idénticas a las posturas sobre aquello que Nietzsche llamaba los grandes valores: Dios, el Bien y la Verdad. Estas posturas son:

  1. La afirmación de la existencia de un más allá donde nuestra vida continúa. Es decir, negar la muerte como algo definitivo.
  2. La muerte como algo definitivo y la negación del más allá.
  3. El tercer lugar. El tercero excluido. Es decir, poder salirnos del pensamiento binario y no con otra posición que vuelva sobre el binarismo. Esta tercera opción es una no-opción frente a las posibilidades que el binarismo plantea como posibles.

Nuevamente, estamos frente al problema de la verdad. Afirmar o negar, que es otra manera de afirmar, supone una forma de la verdad. El problema es ¿qué se puede decir de la muerte como experiencia?

Podríamos negar la existencia de un más allá desde el paradigma de la ciencia. La biología nos dice que nuestro cuerpo es un ser vivo y como el de todos los seres vivos, tiene un ciclo. Pero, aún así, quedan muchas preguntas sin responder. ¿Por qué nacemos? ¿Qué sentido tiene vivir? La ciencia no hace filosofía.

Podemos explicar funcionamientos pero no verdades. El problema es cuando queremos encontrar la verdad a partir del paradigma del funcionamiento.

La ciencia es una de las formas discursivas del saber moderno, con su propio método y su propio criterio de verdad. La prueba empírica es el corazón del método científico moderno, la comprobación en los hechos, como si a los mismos pudiéramos acceder de modo neutral y objetivo.

Sobre la muerte, la única prueba empírica que poseemos es un cadáver descomponiéndose. No conocemos pruebas empíricas que nos permitan pensar que con la muerte se inicie la existencia en otra dimensión.

La metafísica, por otro lado, hace una lectura de la muerte como un pasaje a otra dimensión. El ciclo natural de la vida pasa a ser solo un aspecto de una existencia que se desarrolla en diferentes formas.

Si lo que vemos es el cuerpo que se descompone, entonces hay otro tipo de existencia de la que en principio no sabemos nada, salvo que no continúa igual ya que se despliega pero sin nuestro cuerpo.

La filosofía nuevamente no puede darnos una respuesta pero sí nos permite hacer infinitos bocetos y ejercitarnos para la muerte, esto es, no resolverla ni negarla, sino problematizarla.

La búsqueda del origen

Frente a una pregunta que busque el sentido de algo, podrían aparecer respuestas desde la psicología, la psiquiatría, la sociología, la antropología, la medicina y otros muchos y diversos ámbitos. Vivimos nuestra existencia de manera fragmentada, donde cada segmento construye una lógica a través de supuestos que la hacen funcionar.

Si partimos de ciertos supuestos que no son cuestionados y son dados por evidentes, al interior de esos supuestos todo se clarifica. Estos supuestos posibilitan una mirada pero no pueden cuestionarse. Al aceptar que existen ciertas bases que no estamos cuestionando, entendemos que estamos mirando a través de una intermediación.

Quizá se trate de aceptar que solo podemos pensar una manera de saber en base a supuestos incuestionables y que nunca podremos alcanzar un conocimiento absoluto. Y si así fuera, ¿conseguiríamos seguir viviendo sabiendo que no podremos comprender el origen y propósito de todo?

Sztajnszrajber plantea que frente a esta disyuntiva parecería haber tres opciones:

  1. Inventar un sentido absoluto y que nos lo creamos.
  2. Negar todo sentido absoluto pero dejar de buscarlo por considerarlo un sinsentido.
  3. Asumir la incertidumbre originaria y vivir en la tensión entre el sinsentido originario y el hacernos cargo de nuestra existencia limitada.

Aristóteles sostiene que no se puede pensar la realidad a partir de una sola causa, sino que para comprender cualquier entidad siempre hay una complejidad que necesita por lo menos de cuatro causas que interactúan:

  1. La causa eficiente, que es la que supone que todo ente viene de otro ente que lo trajo a su existencia. Por ejemplo, nuestra causa eficiente son nuestros padres.
  2. La causa material, que refiere a de qué está hecho el ente en cuestión, cuáles son los elementos materiales que lo constituyen. Por ejemplo, todo está hecho de materia, la materia está hecha de moléculas y las moléculas de átomos.
  3. La causa formal, que responde a lo que trataríamos de entender como qué es el ente.
  4. La causa final, que habla de para qué sirve ese ente determinado, su finalidad o propósito.

El esquema que Aristóteles plantea para buscar el origen es cerrado, pues parte de la suposición de que hacer filosofía es poder alcanzar, por intermedio de estas cuatro figuras, la causa, la sustancia o la esencia de todo lo que es; es alcanzar, en cada entidad, una respuesta acabada para sus cuatro causas.

La duda como método

Descartes establece a la duda como método para llegar al conocimiento y con ello intenta resolver la tensión entre cuestionamiento y certeza. Es decir, solo podrá ser sostenido como válido aquel saber que resista todo intento de refutación. Ir dudando de todo hasta alcanzar aquello de lo que ya no puedo dudar.

Descartes dice: ”Solo hay una cosa de la que no puedo dudar: no puedo dudar de lo que estoy dudando. Y si dudo, pienso. Y si pienso, existo”.

Aquí hay una primera certeza: en tanto se esté pensando, se es.

Filosofía a martillazos

Entonces, ¿para qué sirve la filosofía? O mejor dicho, si su propósito originario no es alcanzar la verdad, sino despejar a la libertad humana de todas sus posibles prisiones conceptuales, ¿entonces solo nos resta intentar una práctica deconstructiva que se contente con no caer en las trampas de ningún sistema cerrado?

Nietzsche utiliza la metáfora del martillazo para describir el hacer de la filosofía. Un martillo que golpea una construcción tan dura y maciza, construida a lo largo de la historia, que solo resta intentar destruir sus bases más sólidas para luego procurar restaurarla.

No se trata de afirmar que en el fondo no hay nada, dado que plantear que no hay verdad es una forma de plantear una verdad. No se trata de negar, sino de abrir.

Notas finales

Este libro constituye un estímulo necesario para quienes buscan acercarse a la filosofía desde cualquier nivel de conocimiento previo. La filosofía entendida como práctica, como búsqueda de la verdad o como modo de vida.

Consejo de 12min

En “La búsqueda de la felicidad”, de Victoria Camps, podrás encontrar distintas concepciones y desarrollos teóricos que los grandes pensadores plantearon en torno a la idea de la felicidad a lo largo de la historia.

Regístrate y lee gratis!

Al registrarse, tú ganarás un pase libre de 3 días gratis para aprovechar todo lo que el 12min tiene para ofrecer.

¿Quién escribió el libro?

Profesor, escritor y divulgador de filosofía argentino nacido en 1968. Condujo los programas de televisión “Mentira la verdad” y “Seguimos educando”, y los programas de radio “Demasiado humano... (Lea mas)