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Nada será igual - reseña crítica

Nada será igual Reseña crítica
Economía

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9789504973652

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

El aislamiento obligatorio social y preventivo iniciado en el año 2020 a causa de la pandemia de Covid-19 nos permitió visualizar nuevas formas de funcionamiento de la sociedad.

Estas formas podrían sostenerse en el tiempo o modificarse velozmente, pero es indudable que las cosas tal y como las conocemos han cambiado.

Las cosas están cambiando

El Covid es sin dudas uno de los golpes más duros que la humanidad ha sufrido en mucho tiempo, pero también es cierto que en la práctica funcionó como un experimento natural para que las familias, y sobre todo las empresas, evaluaran los pros y los contras de las aglomeraciones sociales, y de comprar y estudiar a distancia.

Podemos pensar que muchos de los cambios que surgieron como consecuencia de la pandemia serán sostenidos en el tiempo, y eso nos permite tener cierta visión de futuro inminente.

Si cambia el mundo del trabajo y se flexibiliza la educación, sobre todo en los niveles superiores, esto impactará no solo en el mercado inmobiliario, sino también en la gestión de las ciudades, empezando por el transporte, el manejo de los residuos y la conectividad digital, e incluso en el cobro de los impuestos.

La pandemia también nos ayudó a medir el impacto que la actividad económica tiene en el medioambiente. La prestigiosa revista Nature anunció que las emisiones globales de CO2 disminuyeron un 17% en el pico de la pandemia; incluso en algunos países la reducción en la contaminación llegó al 26%.

La cuarentena estricta sirvió también para replantear los patrones de consumo, y desidealizar el home office y las clases por internet como dinámicas que parecían facilitar la vida de las personas.

El empleo no se reduce solo a la actividad mercantil asociada a la provisión de recursos para la subsistencia, sino que tiene un rol como organizador social, y cuando ese mecanismo se modifica, por una pandemia o por el avance tecnológico, crujen los cimientos de la sociedad porque se rompen lazos y se construyen nuevas relaciones.

La sociedad aprendió también el concepto de la exponencialidad, un proceso que se acelera a tal velocidad que el momento de actuar es cuando parece demasiado temprano, ya que cuando se dispara resulta imparable.

Estamos hablando de un cambio radical en las reglas de juego de la sociedad, en la cultura y en sus estructuras, porque frente a este nuevo paradigma del empleo y la educación también veremos cambios en instituciones como la familia y la propiedad. Es probable que también debamos repensar el rol del Estado en este nuevo funcionamiento.

La creación de valor en la nueva economía

Tetaz plantea como su sistema económico ideal uno en el cual, para ganar dinero, haya que resolverle problemas a la gente. Esto parece muy razonable, ya que los millonarios serían aquellos que, de alguna manera, van a haber multiplicado el bienestar de muchas personas.

Sin embargo, este sistema tiene un inconveniente porque, como es lógico, existen necesidades más simples de resolver que otras.

Un sistema en el cual se paga exactamente lo mismo por resolver cada problema lograría incentivar a quienes propongan soluciones de bajo costo para resolver problemas pequeños, o en todo caso problemas que afecten a muchas personas y que requieran de un esfuerzo de una vez.

Esto no estimularía la dedicación y el esfuerzo a la resolución de problemas que requieran demasiado tiempo de trabajo y estudio, o una utilización significativa de otros recursos materiales.

Frente a esta problemática, existen dos posibles modificaciones que lograrían que el sistema orientara los recursos sociales a lograr un mayor bienestar:

  1. Reconocer el diferencial de esfuerzo, de manera tal que quien dedica cinco horas de su tiempo a resolver el problema de otra persona cobre cinco veces más que quien arregla inconvenientes que impliquen una quinta parte de ese trabajo.
  2. Que el sistema premie con más dinero a los que dedican su tiempo y demás recursos a resolver problemas que resulten más valiosos para los demás.

Parecería más justo un mundo en el que, para llegar a millonario, haya sido necesario resolver problemas realmente valiosos para la gente, más allá de que ese valor haya venido dado por una cuestión de extrema necesidad.

Las nuevas tendencias de los últimos tiempos, que el autor nombra “uberización de la economía”, resultan interesantes porque justamente presentan una propuesta que responde a la idea planteada anteriormente sobre las dos formas que resultan complementarias.

En primer lugar, porque la utilización más eficiente de la información que generan los algoritmos de inteligencia artificial permite resolver más problemas en menos tiempo, con menos recursos y con una intermediación más ágil entre quienes tienen una necesidad y los que cuentan con las herramientas para resolverla.

En segundo lugar, porque pone el foco tanto en el costo de la solución como en el bienestar que genera el servicio que se presta.

Entonces, la uberización permite aumentar la eficiencia técnica, resolviendo los problemas de la gente con menos gasto de recursos, y la económica, al lograr una mayor creación de valor social.

En síntesis, se trata de una potenciación del mercado, donde el sistema de precios trabaja sin regulaciones externas, explotando todo su potencial.

A muchas personas esto puede resultarles problemático porque la uberización supone una exaltación de los valores del mercado, y esto implica que en condiciones de escasez los bienes van para aquellos más dispuestos a pagar por ellos. Esto puede ser muy razonable en contextos de igualdad de oportunidades, pero sabemos que esta no es la realidad.

Para verlo de otro modo, hay más incentivo para trabajar en condiciones adversas si la paga es mejor en esas condiciones, pero si el producto sale lo mismo más allá de las complicaciones que le represente al productor, el incentivo es menor.

En un sistema uberizado, no hay límites a los precios, pero es más fácil conseguir un bien si uno está en condiciones de pagarlo. Y como la demanda es la que manda, aparecen incentivos para que mucha gente se ponga a fabricar más del bien que se requiera en el momento. Podríamos pensar en el ejemplo de la producción de barbijos en pandemia.

Si el Estado interviene y pone un precio máximo, sería más barato comprar, pero paradójicamente no habría oferta para vender, o se acabaría más rápido, resolviendo el problema a una cantidad menor de gente.

Sin embargo, debajo de la superficie de la uberización se esconde la verdadera revolución de la economía: el uso de los datos.

Estamos entrando en la primera etapa de una nueva economía en la que todo producto o servicio se puede reducir a un algoritmo capaz de identificar su nivel de rentabilidad y, por ende, calcular su materialización y distribución de la manera más eficiente.

La disrupción de las marcas y las nuevas jerarquías sociales

En su manifiesto anticapitalista "No logo", Naomi Klein denuncia que las marcas como Nike o Microsoft sostenían que la producción de bienes solo era un aspecto secundario de sus operaciones, a punto tal que tercerizaban su producción, porque lo principal que producían estas empresas no eran cosas sino la imagen de sus marcas.

Lo que a Klein le parecía inadmisible era que las firmas hubieran encontrado la forma de generar valor sin producir bienes, sin emplear personal y sin costo marginal. Esta postura representa la mentalidad de la teoría económica preneoclásica, a la que le cuesta asimilar que pueda crearse valor sin trabajo, al menos de manera directa.

En la teoría de estos pensadores, el valor estaba determinado por el trabajo socialmente necesario para producir los bienes. Sin embargo, en la nueva economía la mayor parte del valor es creada sin necesidad de trabajo adicional, o con un costo de tiempo laboral despreciable.

Por supuesto, las marcas no nacen de la nada, sino que requieren de mucha actividad humana para construirlas y para pensar fuera de la caja de manera original y creativa. Por ejemplo, la estrategia de Phil Knight, fundador de Nike, siempre fue que su marca fuera un símbolo de la excelencia en el deporte.

Pensemos ahora en un mundo donde existe un algoritmo que adivina los gustos de los consumidores luego de aprender las preferencias de cada uno sobre la base del relevamiento de cientos de miles de elecciones, reales, declaradas o bien recolectadas de las redes sociales.

Imaginemos un archivo con información de cada compra que también combine datos de cada like de Instagram o una app con tecnología de seguimiento ocular de páginas y vidrieras.

Aunque parezca una película de ciencia ficción, lejos está de serlo, porque gracias a la inteligencia artificial es posible identificar patrones de usabilidad de cada bien, evitando diseñar los que no se eligen con frecuencia.

El rol de las marcas se torna entonces un poco abstracto en presencia de algoritmos que pueden garantizar una “customización” mucho más fina que la que ofrece el paraguas de un concepto construido por una marca.

Las firmas ganan dinero satisfaciendo consumidores y procuran construir una imagen de marca que simbolice ese valor que agregan, pero si fuera solo por eso no las necesitaríamos más, porque la inteligencia artificial las convertiría en una señal demasiado cara e ineficiente en comparación.

Sin embargo, son múltiples los aspectos de personalidad o de relacionamiento social que a una persona o grupo le puede interesar reflejar en un patrón de consumo. Las marcas pueden resultar ser poderosos canales de comunicación para transmitir mensajes que de uno u otro modo el consumidor busca emitir.

En este contexto, las marcas serían intermediarias entre la persona y su núcleo social. La pregunta entonces es si la uberización de la economía, como fenómeno de eficientización de los procesos de intermediación, podrá reemplazar también esa función.

Las impresoras 3D

En los últimos años, ha habido un crecimiento muy importante en el uso de las impresoras 3D, que permiten elaborar diseños personalizados en relativamente poco tiempo y con el beneficio de tratarse de un elemento pequeño que puede caber en cualquier espacio.

Por ahora, las impresoras 3D siguen siendo de acceso limitado por su alto costo, pero seguramente recorrerán el mismo camino de comercialización que hicieron las impresoras 2D, como las que hoy muchos tenemos en casa pero que hace treinta años eran tan caras que solo algunas empresas podían darse el lujo de comprarlas.

Esta posibilidad masiva de fabricar en el hogar no solo afectará a gran parte de la industria manufacturera de productos de baja complejidad, impactando de lleno en el mercado laboral, sino que también ayudará a modificar nuestros hábitos de compra, contribuyendo a transformar de ese modo incluso las ciudades.

Recordemos que las metrópolis modernas son consecuencia de la organización social que impuso la Revolución Industrial hacia fines del siglo XVIII, separando el taller de la vivienda e institucionalizando la educación de los niños fuera del hogar. Esos cambios económicos aumentaron la escala de las ciudades, transformando además la lógica del transporte.

Si en la economía de la singularidad cambia la forma de creación de valor y se descentraliza la producción de manufacturas hacia los hogares, es lógico pensar que también mutará la anatomía urbana como consecuencia del proceso de optimización del tiempo de los ciudadanos, que cambiarán su forma de valorar el espacio y las distancias.

Estos cambios generarán menos empleo en las industrias productoras de bienes de baja complejidad en contraposición al mundo de los servicios tradicionales del hogar, como la cocina, la limpieza y el lavado de la ropa, que salieron del ámbito de la casa y se tercerizaron en el mercado del delivery, el servicio doméstico y los lavaderos automáticos.

Es posible pensar también que la nueva organización de la producción tendrá alto impacto de género, porque el tipo de empleo que se reduce es dominado por los hombres, mientras que el que se incorpora al terreno mercantil es llevado adelante proporcionalmente más por las mujeres.

A su tiempo, la menor demanda de trabajadores en las industrias tradicionales y el mayor requerimiento de capacidades cognitivas en el mercado de trabajo reducirán las brechas salariales de género, beneficiando a las mujeres, que dominan las estadísticas de las graduaciones en estudios superiores.

Notas finales

Esta obra representa una herramienta clave para ayudarnos a entender cómo las últimas tendencias en tecnología y los cambios producidos por la pandemia han modificado las reglas del juego e iniciado el viaje hacia una nueva sociedad.

Consejo de 12min

En “Educación en pandemia”, de Mariana Maggio, encontrarás un interesante análisis del impacto de la pandemia en las prácticas educativas y en cómo esto afectará al funcionamiento de la sociedad futura.

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¿Quién escribió el libro?

Nacido en la ciudad de La Plata en el año 1974, es un economista y escritor argentino. Cursó sus estudios en la Universidad Nacional de La Plata, donde se especializó en Economía del... (Lea mas)