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Linchamientos digitales - reseña crítica

Linchamientos digitales Reseña crítica
Tecnología y innovación

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9786077477945

Editorial: Editora Independente/Não Encontrada

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

La autora presenta una obra revolucionaria. Uno de los primeros estudios dedicados al tema de los linchamientos digitales. Un análisis crítico que invita a reflexionar sobre el impacto que pueden tener las prácticas que se dan dentro de las redes sociales en la vida de las personas en el mundo real.

El mundo digital y el mundo fáctico hoy conviven y se retroalimentan como nunca antes en la historia. Es imperativo abrir puertas para la reflexión, y ese es el objetivo de este libro.

Tiziana Cantone

Olabuenaga comienza el libro presentando el caso de Tiziana Cantone, una mujer italiana de quien fueron publicados varios videos sexuales por parte de su entonces pareja. Los videos se viralizaron rápidamente a través de múltiples páginas de internet, e incluso llegaron a hacerse memes y canciones burlándose de ella.

La vida de Tiziana se volvió un infierno, pero aun así, ella no se rindió y decidió pelear por limpiar su reputación.

Tiziana inició procesos legales en contra de Facebook, YouTube y Google apelando al derecho al olvido, un recurso legal que permite la desindexación de información en las redes, con el que buscó que los videos fueran removidos de las plataformas digitales en las que habían sido reproducidos una y otra vez.

Cantone ganó esos juicios pero, increíblemente, algunos de los videos seguían figurando en las redes, y las burlas en su contra no se detuvieron. Su caso había generado tal nivel de exposición que Tiziana no pudo soportarlo y el 12 de septiembre de 2016 se ahorcó en el sótano de la casa de su tía.

Es importante contextualizar y entender que en ese momento no había ninguna consideración previa frente a hechos de este tipo. Lo que sí existía era el asombro de algunos ante lo que muchos llamaban “linchamiento digital”, la ira desatada y la superioridad moral anónima como justificación para ejercer tan despiadada violencia.

El de Tiziana Cantone no era el primer caso, pero se volvió memorable por elementos únicos: su pleito legal contra las redes sociales para lograr el olvido, su efímero triunfo, su futuro perdido y la innegable corresponsabilidad que tuvieron las plataformas digitales.

La autora opina que el caso de Tiziana dejó expuestos varios vacíos legales, desafíos tecnológicos y consecuencias psicológicas, así como innegables dimensiones sociológicas y antropológicas.

La primera de estas cuestiones es la búsqueda del motivo por el cual se rompió el acuerdo al que la humanidad había llegado siglos atrás: no hacer justicia por propia mano, no linchar o, por lo menos, tener leyes para aplicar una justicia que se traduzca en castigos legitimados socialmente.

La autora hace hincapié en entender que el caso de Tiziana es un linchamiento digital colectivo, implacable e impune. Aunque el linchamiento se haya producido en el mundo virtual, con sus propias reglas, tuvo consecuencias en el mundo real: el suicidio de Tiziana.

El derecho al olvido

Ana María Olabuenaga hace un recorrido por algunos de los aspectos clave en el debate en relación con lo que se entiende como el derecho al olvido. En principio, debemos definir qué es y qué aspectos contempla.

El derecho al olvido es entendido como aquella facultad que surge de la reunión de dos presupuestos:

  1. El acceso de forma limitada en el tiempo a información digital que contenga datos personales.
  2. El derecho del titular de los datos a exigir la eliminación, cancelación, desindexación o bloqueo de dicha información, al menos de los motores de búsqueda, cuando la publicidad de dichos datos ya no se encuentra justificada o cuando se han cumplido los fines para los cuales estos fueron publicados. Todo ello, teniendo como límite el respeto de garantías fundamentales, tales como la libertad de expresión y de información y la libertad de prensa.

Una de las críticas fundamentales que se hace al derecho al olvido radica en que se contrapone a otros, principalmente al derecho a la información y a la libre expresión. La autora cree que, sin dudas, este es el problema conceptual más importante y el que ha hecho que la configuración internacional del derecho al olvido sea tan lenta.

Europa es la región del mundo en donde el concepto está más desarrollado, en tanto que en América del Sur la legislación avanza muy lentamente, ya que existe el miedo a que, al autorizar una ley con estas características, se olviden las atrocidades cometidas por perpetradores que hayan violentado los derechos humanos.

Mientras tanto, en Estados Unidos se mantiene una dura oposición contra dicha ley, ya que muchos críticos señalan que atenta contra la libertad de expresión y, primordialmente, contra el fundamento histórico de la ley norteamericana: la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos.

Muchos de estos debates parecen absurdos cuando pensamos en el caso de Tiziana Cantone y en cómo resultaron las cosas a pesar de que ella apeló al derecho al olvido e incluso ganó dichos juicios.

Se hizo evidente que el mundo digital había invadido el real y fáctico, y se demostró también que las redes sociales son determinantes en la reputación de todo actor social, es decir, que dichas plataformas digitales tienen una responsabilidad ineludible.

Olabuenaga opina que muchas de las conversaciones respecto al tema de Tiziana se establecieron desde la supuesta superioridad moral de los participantes, entendiendo por ello los juicios de valor que se emiten justificados, en apariencia, por un fin o bien superior.

Entonces, la autora, reflexionando nuevamente sobre el linchamiento como una forma de hacer justicia por mano propia, se pregunta: ¿cómo es que retrocedimos al romper un pacto civilizatorio?

Justicia por mano propia

El término linchamiento 

Olabuenaga intenta, en principio, acercar una defición del término “linchamiento”, ya que existen distintas versiones sobre su origen. En lo que todos los autores coinciden es que el término proviene del apellido Lynch, pero lo que no queda claro es del apellido de quién se trataba exactamente.

Existen tres historias populares en relación con el origen de la palabra linchamiento. La autora opina que la que es más probable que sea cierta gira alrededor de la vida del coronel Charles Lynch del condado de Bedford, Virginia, en Estados Unidos.

El coronel presidía cortes extralegales cuya finalidad era luchar contra la falta de ley y las conspiraciones de los leales a Gran Bretaña. El coronel Lynch argumentaba que sus métodos eran necesarios por los tiempos de guerra que se vivían y, por lo mismo, logró que una ley lo exonerara a él y a sus asociados de cualquier perjuicio que se cometiera.

Charles Lynch crearía entonces lo que lo que se conocería como “ley Lynch” —cabe aclarar que, en realidad, esta nunca existió como ley— que establecía que existía un número intolerable de hombres sin ley que escapaban de la justicia y, por lo tanto, era necesario infligir a los sospechosos castigos corporales proporcionales a los delitos perpetrados.

A pesar de las discrepancias históricas en los relatos, se ha llegado al acuerdo de que las acciones relatadas se parecen, y es por ello que algunos historiadores se han aventurado a establecer una definición.

Manfred Berg, en su estudio “Justicia Popular, una historia del linchamiento en América” define el linchamiento como un castigo extralegal cometido por un grupo de personas que se reconocen como los representantes de los deseos de una comunidad y que actúan con la expectativa de impunidad.

Hasta la mitad del siglo XIX, el término no necesariamente significaba la muerte de las víctimas, sino también formas no letales de castigo. 

Hoy en día, un linchamiento se define como una ejecución sin proceso legal alguno, en donde un grupo de personas, de manera premeditada o espontánea, pero generalmente anónima, hace justicia por propia mano y toma la vida de un sospechoso o presunto culpable de haber infringido alguna ley social o jurídica.

La autora explica que los linchamientos, por lo general, están compuestos por tres elementos:

  1. El descrédito hacia gobiernos o instituciones del orden.
  2. La superioridad moral de los linchadores, quienes se perciben a sí mismos como ejecutores de un bien.
  3. Una comunidad convertida en muchedumbre o turba que otorga legitimidad al hecho.

Es importante el orden en que se presentan los actores dentro de los linchamientos. Después de la desacreditación de las autoridades legales, sigue el poder simbólico de unos cuantos capaces de arrastrar a la muchedumbre para que todos se conviertan en linchadores.

La tecnología y los medios de comunicación —primero la fotografía, luego la prensa escrita, y después el cine y el video— amplificaron el poder simbólico del linchamiento. Con la democratización de internet, en 1984, se abrieron las puertas para que la amplificación se volviera exponencial.

Una de las características fundamentales del mundo digital es el exceso, donde siempre se encuentra más de lo que se busca. Por esta razón, no resultaría extraño que, bajo esta lógica del exceso, los linchados nunca estén lo suficientemente linchados ni los linchadores lo suficientemente satisfechos.

Teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente, la autora se aventura a definir las características de un linchamiento en el ámbito digital.

Un linchamiento digital es el proceso mediante el cual se desata una tormenta de indignación e ira en el mundo en línea a través de las redes sociales contra una persona o institución, por sus dichos o hechos, sin que medie ningún tipo de proceso legal.

Debe entenderse que, durante dicho proceso, los involucrados actúan en nombre del bien, buscando y logrando castigar al presunto agresor, que puede ir desde la pérdida de reputación, trabajo, bienes materiales o simbólicos, o incluso la vida.

El presunto agresor puede ser una persona o una institución, usuario o no de redes sociales digitales, culpable o inocente. En el proceso de linchamiento digital participan usuarios de redes, influencers, instituciones, medios, muchedumbre digital actuante y muchedumbre digital silenciosa. Es un proceso que se inicia online pero se consuma offline.

Análisis del monstruo

Olabuenaga cita a la autora española Mabel Moraña para abrir el debate sobre cómo todos aquellos seres que rompen con alguna norma social son interpretados y señalados como monstruos.

En su libro sobre los monstruos y sus capacidades de reflejar lo social, la investigadora Moraña profundiza en la necesidad que toda sociedad tiene de crear sus monstruos. Se trata de un proceso de autorreconocimiento como ilustración de lo anómalo, es decir, como la forma contranormativa a partir de la cual se percibe un exceso.

El monstruo tiene existencia en cuanto se opone a los valores, a las normas, a las convenciones aprobadas por la comunidad. Y además, suele ostentar su diferencia y a partir de ella prueba los límites de tolerancia del sistema.

El monstruo exhibe las contradicciones del mundo en el que ocasionalmente se inserta, desafiando a partir de su existencia el régimen y la proyección de lo social.

En este sentido, Olabuenaga opina que los linchados pueden ser considerados “monstruos sociales” que parecen oponerse a los valores y normas sociales, y llevan al límite la tolerancia del sistema.

Son todos aquellos que dicen cosas que no se corresponden con los valores y normas del sistema, lo que pone en evidencia que el sistema es cada vez más intolerante, y sean o no unos monstruos, los tratamos como tales.

Se lincha al monstruo como una declaratoria en contra de lo inadmisible, lo que incomoda, lo que amenaza; es una especie de sentencia de exclusión, como una forma de trazar una frontera que separa a los unos, los normales y correctos, de los otros, los monstruos.

Cuando las personas establecen esta separación, se obtiene una prueba irrefutable de que uno no es el monstruo, sino que el monstruo es el otro.

Olabuenaga profundiza en esta separación y reflexiona entonces en el hecho de que si así están planteadas las cosas, hacer algo monstruoso puede terminar convirtiéndonos a todos en un monstruo. Y entonces, si eso sucediera, se cuestiona si no sería acaso posible que quien actúa condenando al monstruo se convierta en uno también.

La respuesta a dicha pregunta no es sencilla. Esto podría enfrentarnos a un fracaso colectivo como sociedad, ya que se concluiría que no hay salida para una paradoja básica: la venganza es una condición de la justicia y privar al otro de la libertad o de la vida no es resarcir el daño, es vengarse del otro.

Dentro de esta argumentación, las leyes escritas aportan una posible salida, ya que el proceso legal es una mediación que libra a la sociedad de esa posibilidad de fracaso, proveyendo los medios legítimos para mantener un orden en la sociedad.

Teniendo presente que en el linchamiento no hay mediación alguna, no hay proceso legal, sino que se trata de una justicia por propia mano, solo quedan disponibles los papeles de castigado y castigadores para los actores que participan en él.

Notas finales

Actualmente, existen muy pocos títulos dedicados al análisis del fenómeno del linchamiento en el ámbito digital, por lo que esta obra representa un puntapié para comenzar a reflexionar no solo sobre estos sucesos sino también sobre el impacto y la responsabilidad de las redes sociales en su desarrollo.

Consejo de 12min

En “El filtro burbuja”, de Eli Pariser, encontrarás otra gran obra dedicada al análisis del funcionamiento de las redes sociales y su impacto en cómo percibimos el mundo.

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¿Quién escribió el libro?

Nacida en México, es una reconocida publicista y escritora. Cuenta con una Licenciatura en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana. Además de ser aut... (Lea mas)