Liberación animal - Reseña crítica - Peter Singer
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Liberación animal - reseña crítica

Liberación animal Reseña crítica
Sociedad y política

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9780060011574

Editorial: TAURUS

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

Este libro, publicado por primera vez en 1975, generó una revolución social. Sus páginas inspiraron un movimiento global en defensa de los derechos de los animales, que busca transformar nuestra actitud hacia ellos y eliminar la crueldad que les infligimos.

Peter Singer denuncia el “especismo”, expone la horrible realidad de las granjas industriales y los experimentos con animales, además de abordar el vegetarianismo y otros asuntos relacionados. ¿Estás listo para abrir los ojos?

Todos los animales son iguales

El autor busca defender una afirmación: “El principio ético que fundamenta la igualdad entre los humanos exige que también extendamos la igualdad a los animales”.

Veamos a qué se refiere. Singer ironiza admitiendo que no pretende que demos a los perros y gatos el derecho de votar, como el que ejercemos los humanos. Explica que el principio básico de la igualdad no exige un tratamiento idéntico, sino una misma consideración.

Considerar de la misma forma a seres de especies diferentes implica tratamientos y derechos diferentes.

Singer introduce el concepto de “especismo” para explicar que los humanos mantenemos prejuicios o una actitud parcial favorable a los intereses de nuestra propia especie y en contra de los de otras especies. Y lo compara con el sexismo y el racismo, demostrando que no se puede inferir nada sobre las capacidades intelectuales o morales de una persona a partir de su sexo o raza.

Incluso va más allá: el derecho a la igualdad no depende de la inteligencia, capacidad moral, fuerza física u otros factores. La igualdad es una idea moral, no la afirmación de un hecho.

Existe un elemento básico que debe extenderse a todos los seres, sin depender de su color, sexo o especie: tener en cuenta sus intereses, sean cuales sean.

Para determinar que un ser tiene intereses, basta con saber si ese ser es capaz de sufrir y de ser feliz. Eso es suficiente para tener al menos un interés: el de no sufrir.

Muchas personas pueden defender sus posturas señalando que “los animales no sufren”. Pero la realidad apunta que no hay razones convincentes, ni científicas ni filosóficas, para negar que los animales sienten dolor. Si no dudamos que otros humanos lo sienten, ¿por qué tendríamos esa duda con los animales?

Peter advierte que debemos ampliar nuestra esfera de inquietud moral hasta incluir a los animales, y dejar de tratar sus vidas como un simple recurso para beneficiarnos.

Por último, menciona que todas las conclusiones defendidas en este libro están basadas en el principio de minimizar el sufrimiento.

Crueles experimentos

El autor relata con detalle experimentos realizados con animales por las fuerzas armadas, el ámbito científico y la industria comercial en diversos países del primer mundo, con especial foco en Estados Unidos y Gran Bretaña.

Algunos escalofriantes ejemplos incluyen chimpancés siendo criados desde las primeras horas de vida en aislamiento total, para comprobar que tales condiciones les provocarían psicopatologías; o cachorros beagle que recibían pequeñas dosis diarias de TNT, con el objetivo de registrar sus efectos en el organismo.

A simple vista, estos experimentos carecían de mucho sentido. Eran especialmente crueles y, lo peor de todo, la gran mayoría no conseguía tener resultados concluyentes o beneficiosos para los humanos -esta era la supuesta motivación que compartían-.

De hecho, estudios previos al de los chimpancés realizados con niños huérfanos ya habían comprobado que la privación prolongada del cuidado materno podía tener efectos graves sobre el carácter.

En 1986, la Oficina de Certificaciones del Congreso publicó un informe que calculaba que la cantidad aproximada de animales utilizados cada año para experimentos en Estados Unidos estaba entre 10 y más de 100 millones. Y la cifra real sería mucho mayor.

Ese nivel de negligencia e insensibilidad solo se explica a través del especismo. Existía -y aún lo hace- una mentalidad generalizada que permitía que los investigadores realizaran atrocidades sin considerar los intereses de los animales.

Aunque desde la primera publicación de este libro, en 1975, se han logrado avances en la eliminación de pruebas con animales. Se ha comprobado que el desarrollo de pruebas alternativas que no incluyan animales es una solución factible para este conflicto.

Por lo menos, debería ser posible limitar los experimentos a aquellos que realmente realicen un aporte significativo en un determinado período de tiempo.

Pero el problema de base continúa siendo el especismo. Hasta que no lo eliminemos, esta industria continuará funcionando.

El horror de las granjas industriales

Para la mayoría de nosotros, habitantes de comunidades modernas y metropolitanas, la forma de contacto más directa que tenemos con los animales se produce a la hora de comer: en concreto, nos los comemos.

Esta es la clave, tanto de nuestras actitudes hacia los animales, como de lo que podemos hacer para cambiarlas.

El autor presenta números escalofriantes: en 1975, cuando se publicó el libro, solo en Estados Unidos se criaron y asesinaron 100 millones de vacas, cerdos y ovejas. Mientras que la cifra escalaba abruptamente para las aves de corral, hasta los 5.000 millones. Hoy, esos números son aún mayores.

Pero una gran parte de nosotros decide ignorar el sufrimiento que se esconde detrás de nuestras comidas. Algunos llegan a pensar que se mata a los animales sin dolor. La realidad está a kilómetros de distancia de esa suposición.

Estos animales viven vidas miserables desde que nacen hasta que son sacrificados. Son prisioneros de un sistema macabro basado en la lógica del especismo.

Singer describe en detalle las atrocidades que tienen lugar en los mataderos y en las “naves” donde se engordan pollos, así como en los medios utilizados para transportar a estos animales: hacinamiento, mutilaciones, alimentación a base de hormonas para acelerar el crecimiento, espacios mínimos donde el animal -en el mejor de los casos- apenas puede moverse y demás condiciones antinaturales.

Las decisiones se toman pensando en el ahorro en comida y gastos laborales, y no en los intereses o el bienestar de los animales. Las cerdas preñadas, por ejemplo, pasaban diez meses al año confinadas en un espacio mínimo, sin poder caminar.

En 1984, el movimiento por la liberación animal consiguió que el Parlamento Europeo aprobase una política que contenía los siguientes puntos:

  1. Poner fin al mantenimiento de terneros en cajones individuales y a las privaciones de hierro y forraje a las que se les somete.
  2. Acabar con las jaulas en batería en un plazo de diez años.
  3. Interrumpir el mantenimiento de cerdas en pocilgas individuales o atadas.
  4. Terminar con mutilaciones rutinarias tales como el corte de rabo y la castración de cerdos machos.

Sin duda, fueron avances importantes, pero aún quedaba -y queda- mucho por hacer.

Ser vegetariano

Según el autor, este método es lo mejor que podemos hacer por la causa. No solo nos permite ayudar a generar menos sufrimiento en los animales, sino también a producir más alimento a un menor coste para el entorno.

Claro que también podemos exigir a nuestros políticos que tomen medidas acerca de estas problemáticas, concientizar a nuestros amigos, educar a nuestros hijos y protestar públicamente en representación de los animales.

Pero el vegetarianismo y el veganismo son los pasos máximos que podemos dar en favor de esta lucha. Son las formas definitivas de boicotear al sistema.

En la práctica, es imposible continuar con la explotación intensiva de animales sin hacerlos sufrir. Por lo tanto, si aún llevamos carne a nuestra mesa, estamos siendo parte del problema.

Aunque Singer introduce la posibilidad de consumir carne proveniente de productores no industriales que realmente trabajen sin generar sufrimiento en los animales.

El veganismo entra en escena cuando tenemos en cuenta lo que implica la producción de lácteos: necesidad de preñar a las vacas, separarlas de sus terneros, confinarlas e imponerles un régimen alimenticio que las estresa y enferma.

Al contrario de las creencias habituales, se ha comprobado que nuestro cuerpo no precisa de carnes y leche para subsistir. En todos los casos existen alternativas válidas, como plantas, granos, soja y tofu.

Además, las proteínas presentes en la carne pueden ser halladas en un amplio número de otros alimentos, como la avena, los frutos secos y el garbanzo.

Un plan de acción razonable implica cambiar la dieta a un ritmo moderado con el que te sientas cómodo. No es un camino fácil, por lo tanto, sé realista y paciente contigo mismo.

Una breve historia del especismo

Las atrocidades vistas hasta ahora deben ser entendidas como manifestaciones de la ideología de nuestra especie. Es decir, las actitudes que ejercemos como animales dominantes sobre el resto de los seres.

En Occidente, estas actitudes tuvieron origen en dos tradiciones: el judaísmo y la antigua Grecia. Ambas raíces luego se unirían en el cristianismo.

La Biblia coloca al hombre en una posición especial en el universo, siendo que Dios lo creó a su semejanza -o fue el hombre quien creó a Dios a su propia imagen-, entre todos los animales.

En el primer capítulo del Génesis se sugiere que el hombre vivía de las plantas y los frutos en el Jardín del Edén. Recién después de la caída del hombre, cuya culpa recayó en la mujer y en un animal, matar a los animales se convirtió en algo aceptable.

Mientras que en Grecia la escuela más importante, con Platón y Aristóteles a la cabeza, sostenía que los animales existían para servir a los propósitos de los seres humanos.

El cristianismo tomó ambas vertientes y las combinó en una doctrina que se tornó poderosa en el Imperio romano. La religión colocó al ser humano en un lugar sagrado, pero se olvidó de los animales, rebajándolos aún más.

Los cambios significativos tuvieron que esperar hasta la llegada de la Ilustración, con pensadores como David Hume afirmando que estamos “obligados por las leyes de la humanidad a dar un tratamiento benigno a estas criaturas”.

Con Charles Darwin y sus trabajos “El origen de las especies” y “El origen del hombre”, se comprobó que los humanos descendemos de los animales. Por lo tanto, estos consiguieron recuperar una cierta consideración moral.

Sin embargo, aún hoy se tienen en cuenta sus intereses apenas cuando no entran en conflicto con los intereses humanos. De hecho, muchos de los escritores detuvieron sus ideas cuando se vieron comprometidos a cambiar su costumbre de comer carne.

El especismo hoy

Todos nosotros, aún en la actualidad, vemos comer carne como algo natural porque lo hacemos desde la infancia. Comemos animales antes de estar capacitados para entender que estamos comiendo un cadáver de un ser que antes tenía vida.

Nuestros padres, convencidos de que estaban haciendo algo bueno por nuestra salud, no nos permitieron tomar una decisión consciente y reflexiva.

Al mismo tiempo, los niños sienten un amor natural por los animales. Pero están expuestos a historias de lobos malvados y a cuentos de vacas que son felices de producir productos para nuestro consumo.

De esa forma, ¿por qué no íbamos a crecer convencidos de que los animales “tienen que” morir para proporcionar alimentos a los seres humanos?

El autor cree que es posible enviar otro mensaje desde la literatura infantil y, además, repensar la alimentación y nutrición de nuestros hijos.

Por otro lado, Singer identifica un cambio en las últimas décadas. Han surgido cientos de organizaciones a favor de la liberación animal, que han aumentado el conocimiento público sobre esta crueldad sistemática.

Pero todavía existen factores que dificultan esta tarea. Quizás el principal sea el supuesto de que “los humanos están primero”, un ejemplo claro de que el especismo continúa vigente.

Muy a menudo, esta justificación se utiliza como excusa para no hacer nada. Pero no existe tal conflicto: no se pierde más tiempo en ser vegetariano que en comer carne.

Aquellos que afirman preocuparse por el bienestar del ser humano y la protección del medioambiente deberían hacerse vegetarianos para aumentar la cantidad de grano disponible para alimentar a personas de regiones desfavorecidas, reducir la contaminación y la tala de bosques y ahorrar agua y energía.

Como una dieta vegetariana es más barata, habría más dinero para dedicar a la reducción del hambre, el control de la población o cualquier otra causa que se considere más urgente.

No obstante, la liberación animal requerirá un altruismo mucho mayor de nuestra parte, porque siempre tendremos el poder de continuar oprimiendo a otras especies. ¿Seremos capaces de ser tan altruistas? ¿Estaremos a la altura?

Notas finales

“Liberación animal” fue un libro sumamente necesario cuando se publicó en 1975 y lo continúa siendo hoy. Peter Singer nos abre los ojos respecto a las crueldades que ejercemos como especie sobre los animales que cohabitan con nosotros.

El filósofo australiano descompone este asunto con crudeza y objetividad, planteando cuáles son las posibilidades que tenemos para boicotear este sistema enfermo.

Ya debes haber comprobado que eres parte del problema. ¿Estás dispuesto a hacer algo al respecto?

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¿Quién escribió el libro?

Filósofo australiano nacido en 1946, especializado en ética aplicada desde una perspectiva utilitarista. Ha publicado más de 30 libros, siendo “Li... (Lea mas)