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La vida de William Shakespeare - reseña crítica

La vida de William Shakespeare Reseña crítica
12min Personalities

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

Editorial: 12min Originals

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

Autor de los eternos Romeo y Julieta, Shakespeare demostró ser un alma adelantada a su tiempo. Hoy es considerado el más grandioso escritor en lengua inglesa de la historia y uno de los más importantes de la literatura universal. Sin embargo, su vida personal estuvo caracterizada por el misterio.

Primeros años y matrimonio

No se conoce la fecha exacta de su nacimiento, pero sí que fue en abril de 1564 en el pequeño pueblo de Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Inglaterra. 

Su certificado de bautismo -documento que sí se emitía, a diferencia del certificado de nacimiento- determina que fue bautizado el 26 de abril -según el calendario juliano usado en esa época-. Por lo tanto, se ubicó su fecha de nacimiento tres días antes, el 23 de abril.

Ese no es el único dato que se desconoce sobre Shakespeare. Existen tantas obras reconocidas de su autoría como enigmas sobre su vida personal.

Vivió en una época de expansión, descubrimientos y conquistas, en una Inglaterra que se establecía como potencia internacional bajo el mando de la reina Isabel I.

Fue el tercero de ocho hermanos, hijo del comerciante John Shakespeare y Mary Arden, que provenía de una familia distinguida. Se cree que cursó sus primeros estudios en la Stratford Grammar School, donde recibió un fuerte contenido en gramática y literatura latinas.

Allí también conoció las obras de los antiguos romanos, como Ovidio y Virgilio. Se inspiraría en ellos para escribir algunas de sus obras, como “Julio César” (1599) y “Antonio y Cleopatra” (1606).

Shakespeare contrajo matrimonio a los 18 años, el 28 de noviembre de 1582, con Anne Hathaway, de 26. Según los vecinos de la novia, la boda estuvo motivada por un embarazo. Algunos pasajes de sus obras indican que no fue un matrimonio feliz.

Tendrían una hija, Susannah, y poco después, dos mellizos, Hamnet y Judith. Los últimos años de 1580 y los primeros de 1590 son conocidos como los “años perdidos” del poeta, debido a la falta de información sobre su paradero. Sólo se sabe que se trasladó a Londres, pero no por qué lo hizo ni qué trabajos tuvo durante esos años. Apenas existen registros de los bautismos de sus tres hijos.

Se cree que pudo haber trabajado como aprendiz de carnicero o maestro rural, que estudió derecho, viajó por Europa o que simplemente se unió a un grupo de actores que pasaba por Stratford.

Inspiración y primeras obras

Shakespeare desarrolló su gusto por el teatro a partir de las compañías teatrales que visitaban Stratford durante su infancia.

Uno de los eventos a los que se considera que asistió fue un gran festival que se llevaba a cabo a las afueras del Castillo de Kenilworth. Espéctaculos, bailes y obras de teatro formaban parte del evento. En “El sueño de una noche de verano” (1595-96), una de sus comedias más famosas, el autor parece describir escenas del festival.

En 1592 ya se destacaba como actor y escritor en Londres. Se unió a un grupo de actores en los nuevos teatros y comenzó a escribir sus primeras piezas, “Los dos Hidalgos de Verona” (1591-92) y “Enrique VI” (1596). Ambas fueron un éxito.

A pesar de las críticas que recibía, su carrera como dramaturgo consiguió consolidarse. Sus obras emocianaban a miles de espectadores hasta las lágrimas.

Una de sus principales habilidades fue el talento para crear una amplia variedad de obras. Durante la década de 1590 escribió poemas, sonetos y piezas, sus primeras comedias y obras históricas.

Su éxito llamó la atención de la nobleza y lo llevó a ser invitado al círculo del Conde de Southampton. Le dedicó dos poemas a su patrón, “Venus y Adonis” (1592) y “La violación de Lucrecia” (1594). Algunos académicos aseguran que eran amantes:

“¿Te compararé con un día de primavera?

Eres más deleitable y apacible.

La violencia de los vientos desgarra los tiernos capullos de mayo,

y el arriendo de la primavera vence en fecha demasiado corta”.

A diferencia de las otras piezas del poeta inglés, los sonetos son los escritos que permiten conocer mejor al hombre detrás de la obra. Mediante ellos, Shakespeare también expresa un enamoramiento obsesivo por una mujer a la que se refiere como la “Dama Oscura”.

Auge teatral

Sus piezas eran populares, exitosas y comerciales. El crecimiento de su fama se vio proporcionalmente acompañado con la autoexigencia que se imponía para escribir las mejores obras.

Vivió casi veinte años en Londres dedicándose casi exclusivamente al trabajo entre escritura, ensayos e interpretaciones. Su familia permaneció en su Stratford natal, por lo que apenas vio crecer a sus hijos.

Obtuvo su fama principalmente del teatro. Escribió catorce comedias, diez tragedias y diez dramas históricos.

Como curiosidad, todos los papeles de sus obras eran actuados por hombres, incluso los femeninos. Las heroínas adultas eran representadas por hombres y las niñas -como Julieta en “Romeo y Julieta” (1595)- por niños a los que aún no se les había cambiado la voz.

En Londres trabajó en la compañía de teatro Lord Chamberlain’s Men, de la que luego sería copropietario. Después de la muerte de la reina Isabel I en 1603, la compañía consiguió una patente real del rey Jacobo I. Desde ese momento pasó a llamarse The King’s Men.

Además, William contribuyó en la refundación del Teatro de Londres, al que llamaron Teatro del Globo, uno de los más grandiosos de la época. Shakespeare sería uno de sus copropietarios. Años después, en 1613, se destruiría en un incendio.

Con las ganancias que obtuvo con su compañía, designada entonces como perteneciente a la corte real, Shakespeare compró la segunda casa más grande de Stratford.

Aunque no todo fue positivo. Las constantes plagas que azotaron la capital inglesa durante la década de 1590 afectaron su carrera. En su peor momento, la ciudad sufrió unas mil muertes por semana.

En 1596 la familia Shakespeare viviría sus tiempos más oscuros: el pequeño Hamnet moriría con apenas once años de edad, presuntamente por peste bubónica.

Su padre se habría inspirado en esta tragedia para reescribir una obra más antigua, Hamlet (1601). Shakespeare demostró que la muerte tenía un gran peso en su vida, dándole roles principales en “Romeo y Julieta” y “Macbeth” (1606).

Las tragedias de Shakespeare

Escribió tragedias desde sus inicios en el ámbito, con “Tito Andrónico” (1594) y la mencionada “Romeo y Julieta”. Esta última fue una de las más aclamadas y ha sido reinterpretada innumerables veces hasta el día de hoy.

Años más tarde escribiría otras cuatro grandes piezas del género y quizás las que le valdrían el mayor reconocimiento: “Hamlet”, “Macbeth”, “Otelo” (1603-04) y “El rey Lear” (1605-06).

El formato de sus tragedias describe a un protagonista admirable pero imperfecto que cae en la desgracia y acaba muriendo, al igual que un buen número de personajes secundarios.

Aunque se diferencia destacando la desdicha del ser humano causada por sus propios errores o el uso trágico de sus virtudes. Su final es necesariamente infeliz y alude a la naturaleza del destino.

Las historias incluían escenas de violencia y tensión. Como los celos demostrados en “Otelo” o la tragedia de un hombre negado a ceder el poder en “El rey Lear”.

La profundidad y significación de sus relatos no eran casualidad: exponían los pensamientos y sentimientos del dramaturgo. Los personajes mostraban indicios de tener una gran rabia contenida, como Hamlet o el propio Lear.

Las tragedias ofrecen una impactante perspectiva del carácter de Shakespeare, sus pensamientos más íntimos y sus emociones más profundas. Reflejan, en realidad, la esencia de las relaciones humanas, nuestros sufrimientos y esperanzas.

Una de sus obras más grandiosas, “El rey Lear”, comienza con el conflicto con una hija. Esto demostraba la preocupación de William por su relación con Susannah y Judith.

Sus últimas obras, escritas a partir de 1608, fueron calificadas como tragicomedias. “La tempestad” (1611-12) fue su pieza final y presentó el retrato más claro de los años finales de Shakespeare en el personaje de Próspero, un sabio que admitía tener poderes mágicos pero que decide abandonarlos al final de la obra.

Críticas y el “First Folio”

Existen teorías que ponen en duda la autoría de sus obras, aunque no dejan de ser simples hipótesis. Atribuyen las sospechas al nivel elevado de su producción literaria, muy lejano al tipo de educación que Shakespeare recibió.

Incluso se especuló sobre la posibilidad de que William Shakespeare hubiese sido sólo la cara visible de un autor que deseaba permanecer en el anonimato. Nunca se pudo comprobar la veracidad de esta teoría.

Investigadores cuentan que muchas de las historias de sus obras no fueron inventadas por él. Estaban basadas en la historia de la humanidad o en relatos ficticios existentes. Su destreza estaba en saber adaptarlas y contarlas.

Shakespeare murió sin ver sus obras publicadas oficialmente. Luego de su fallecimiento se volvió difícil establecer la cronología bibliográfica de sus piezas. Por esa razón, dos actores de su compañía, John Heminges y Henry Condell, reagruparon la mayor parte de sus producciones literarias y publicaron el “First Folio” (1623), siete años después de su fallecimiento.

Ben Jonson, su principal crítico, rival y amigo, organizó el Folio. También incluyó un poema en su homenaje. Aquí, un fragmento:

“A la memoria de mi amado,

el autor, maestro William Shakespeare, y lo que nos ha legado:

Ninguna musa u hombre bastaría

para alabar suficientemente sus escritos.

Alma de la era, el aplauso, el deleite,

maravilla de nuestros escenarios.

El arte es un monumento sin tumba,

pero el arte sigue vivo, no así el libro.

Y tenemos ingenios que leer y alabanzas que dar”.

El libro dividió la producción dramática de Shakespeare en ‘Historias’, ‘Comedias’ y ‘Tragedias’. Algunas de las 750 copias originales sobrevivieron hasta nuestros días, aunque incompletas.

Gracias a esta recopilación pudieron conservarse 36 obras dramáticas del autor. Las versiones oficiales dicen que produjo entre 37 y 39 piezas durante su carrera.

En el Folio no se incluyeron sus poemas líricos ni otras obras que se le atribuyen, como “Pericles” (1607), “Los dos nobles parientes” (1613) o “Eduardo III” (1596).

Últimos años y legado

Entre 1611 y 1612, Shakespeare volvió a Stratford-upon-Avon para pasar los últimos años de su vida. Falleció el 23 de abril de 1616 -según el calendario juliano-, el día de su cumpleaños número 52. 

Algunos señalan que la causa de su muerte fue la bebida, aunque investigaciones más recientes apuntan a que el dramaturgo podría haber sufrido un cáncer.

Tuvo cuatro nietos -Susannah tuvo una niña y Judith tres hijos- que murieron sin tener hijos propios. Por lo tanto, Shakespeare no tiene descendientes directos.

A pesar de gozar de un gran reconocimiento en su época, no pudo escapar a la fama post mortem. Recién en el siglo XIX ganó el nivel de notoriedad que conocemos hoy.

En el siglo pasado varias de sus obras fueron adaptadas por diversos movimientos artísticos e intelectuales en una amplia cantidad de idiomas.

Algunas investigaciones sugieren que Shakespeare tenía un vocabulario de cerca de cien mil palabras, y que habría usado casi 29 mil en sus obras. Se cree que inventó varias palabras que usamos hasta el día de hoy, como addiction (adicción), escrita por primera vez en “Otelo”, obscene (obsceno) y lonely (solitario). En total, introdujo casi tres mil palabras al idioma inglés. 

También aportó expresiones que se agregaron al vocabulario universal, como Knock knock! Who’s there? (¡Toc toc! ¿Quién es?) y break the ice (romper el hielo). Aparecieron por primera vez en “Macbeth” y “La fierecilla domada”, respectivamente.

Después de 400 años, Shakespeare aún tiene el poder de transformar la vida de las personas. Usó el teatro como un medio para que las masas den a conocer su punto de vista. Le dio al mundo grandes clásicos que nunca podrán ser reemplazados.

Marcó la historia de la literatura para siempre como un ícono atemporal. En palabras de Ben Jonson: “Él no era de una época, sino de todos los tiempos”.

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