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El Libro Negro de la Nueva Izquierda - reseña crítica

El Libro Negro de la Nueva Izquierda Reseña crítica
Sociedad y política

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 

Editorial: Union

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

Nicolás Márquez y Agustín Laje son los autores del primer libro argentino que cuestiona todas las creencias del progresismo. Contextualizan al marxismo, que ha mutado su discurso para tomar -entre otras cosas- al feminismo y a la homosexualidad como banderas para instalar sus ideas.

Del marxismo al post-marxismo

Para entender de qué habla o cuáles son los fundamentos y los pilares de la nueva izquierda, también llamada “neomarxismo”.

Agustín Laje hace hincapié en la cuestión de la “hegemonía”, que ha dado pie para hacer la transición de la antigua “lucha de clases” hacia una “batalla cultural”.

Los padres de esta corriente fueron Karl Marx y Friedrich Engels. A diferencia de sus predecesores, introdujeron -sin éxito- las ventajas de la ciencia en el estudio de las sociedades.

Según Laje, la que comprobó esto fue la revolución rusa a principios del siglo XX. No se dio el sistema de etapas planteado por Marx y Engels, sino que el proletariado pasó de vivir en una situación feudal directamente al socialismo. No se necesitó el escalón de la burguesía.

Ahora, ¿cómo lo explicaron los teóricos contemporáneos a ese desfasaje? A través del concepto de hegemonía. La clase obrera debía hegemonizar, o sea, hacer tareas que no eran propias a su naturaleza de clase, porque la burguesía rusa era débil.

Unos años después, el italiano Antonio Gramsci planteó que existía la “necesidad de generar un vínculo mucho más fuerte con la clase campesina en el marco de una lucha común contra el capitalismo”. Pero llevo esto un poco más allá, ya que creía que la lucha más importante era la cultural, la jurídica y la política.

El autor también cita a los argentinos Ernesto Laclau y su mujer Chantal Mouffe como los que transformaron el término hegemonía en nuestros tiempos.

Referentes del post-marxismo, avanzaron con los discursos ideológicos porque había que “fabricar y difundir relatos que fueran generando conflictos funcionales a la causa de la izquierda”.

“La izquierda debe crear una ideología en la cual estas fuerzas puedan identificarse y unirse en una causa común; la nueva izquierda debe ser el pegamento que unifique, invente y potencie a todos los pequeños conflictos sociales, aunque estos no revistan naturaleza económica”, sostiene Laje. “La radicalización de la democracia es un medio para alcanzar la destrucción de la noción de los derechos individuales y de la propiedad privada”.

Feminismo e ideología de género

El feminismo tuvo un origen noble. A través de una lucha igualitaria buscó que las mujeres tuvieran acceso a los mismos derechos de ciudadanía que tenían los hombres, haciendo evolucionar a las sociedades.

Recién cuando el marxismo tomó las riendas del feminismo se transformó en un problema.

Engels ya había dicho que dentro de la familia, el hombre es el burgués y la mujer el proletariado. Mientras que Marx anotó sus “Tesis sobre Feuerbach” que hay que destruir a la familia.

Ante esto, Laje asegura que la operación hegemónica es muy obvia: “lucha de sexos y lucha de clases tienen origen en lo mismo y deben en consecuencia unirse para acabar con el sistema que reproduce la dominación de las partes subalternas claramente identificadas: mujeres y obreros”.

En otras palabras, manifiesta que el feminismo marxista es la destrucción de la familia y “su reemplazo por el Estado totalitario y por el partido”.

Nuestro inconsciente colectivo asocia “feminismo” a las causas del principio, como el voto de la mujer o la lucha contra la violencia. Sin embargo, Laje intenta mostrar que la historia tiene otros tintes. Esa confusión, apunta, beneficia a las radicales feministas.

Comunismo y sodomía

En esta parte, Nicolás Márquez toma la posta para explicar que el neocomunismo ha adoptado para su causa a la comunidad gay. Justamente, a la que la izquierda ortodoxa ha tradicionalmente odiado.

Ni Engels, ni Marx ni Vladimir Lenin aceptaban la homosexualidad. Tampoco lo hicieron Mao Tse Tung, Ernesto “Che” Guevara o Fidel Castro. Hasta la Gran Enciclopedia Soviética y el Código Penal Soviético la condenaban.

No obstante, durante ese período, miles de homosexuales se afiliaron o adhirieron al Partido Comunista.

Márquez pone como punto de partida de esta alianza al activista estadounidense Harry Hay. Fue el primero en decir que los invertidos constituían una ‘minoría cultural’ oprimida por la ‘mayoría heterosexual dominante’”. Eso acercó al movimiento gay a la izquierda.

La teoría de Hay -explica el autor- consistía también en aumentar de forma considerable las cifras de personas de quienes practican esta “actividad genital” para poder “naturalizarla”.

Esto se vio apoyado por la falsa creencia de que el 10% de la población es homosexual y que al menos el 20% ha mantenido en alguna ocasión sexo homosexual.

En verdad, estudios científicos han demostrado que rondan apenas entre el 1% y el 2,1%. Así queda claro que es un sector “más ruidoso que numeroso” y que sus reclamos no son más que pretensiones de un sector marginal de la sociedad.

Los pensadores de la perversión

Uno de los que propuso teorías sexuales retorcidas fue Wilhelm Reich. Este discípulo de Sigmund Freud trató de enlazar al psicoanálisis con la revolución marxista tras unirse al Partido Comunista.

Afirmaba que la opresión sexual estaba “al servicio de la dominación de clase”. En este sentido agregaba que “el psicoanálisis subvierte las ideologías burguesas, y dado que la economía socialista constituye la base para el libre desenvolvimiento del intelecto y de la sexualidad, sólo en el socialismo tiene el psicoanálisis un porvenir”.

El continuador de su obra fue Herbert Marcuse junto a varios de los personajes de la Escuela de Frankfurt.

Aunque el padre de todo esto probablemente sea Michel Foucault. Márquez cuenta que el francés reivindicaba a los locos, a los perversos y a los criminales. Para él, todos ellos eran “víctimas del sistema”.

Foucault sostenía que “la homosexualidad no es un deseo, sino algo deseable. Por lo tanto debemos insistir en llegar a ser homosexuales”.

Con estos pensamientos, Márquez describe al filósofo como un “homosexual promiscuo, sadomasoquista enfermizo, comunista ‘bon vivant’, alcohólico perdido, suicida frustrado, fumador empedernido y drogadicto irrefrenable”.

Por lo tanto, “fue el arquetipo humano perfectísimo para terminar siendo la idolatrada referencia de viciosos, delincuentes y depravados que la nueva estrategia izquierdista ha cooptado para sí”.

La batalla psico-política

Continuando con la explicación de cómo hace la izquierda para ganar terreno en esta “batalla psico-política”, Márquez señala que la principal herramienta es la del lenguaje.

Deforman el idioma y el sentido de las palabras para hacer propaganda y luego acudir al “diálogo”.

Un ejemplo de esto fue el brasileño Paulo Freyre. Intentó convencer ideológicamente a las personas que no estuviesen alineadas a la izquierda a través de términos como “ecumenismo”, “diversidad” y “pacifismo”.

Para resumir, Nicolás cita a Plinio Correa de Oliveira, un intelectual de derecha que afirmaba que los comunistas “esperan mayores resultados de la propaganda que de la fuerza”.

Además defendía la idea de que el Partido Comunista no puede mostrarse, debe elegir actores de diferentes sectores sociales. No por nada la “ideología de género” es apoyada por gente de la farándula o del deporte.

Con esa llegada comunicacional hegemonizada, pudieron instalar, por ejemplo, la sigla LGBT. Tergiversaron palabras y flexibilizaron ideas “para llevar sutilmente al desprevenido interlocutor hacia su causa o al menos”.

También buscaron con éxito la adulación de la palabra gay y todo lo que eso conlleva, como el matrimonio igualitario o la adopción homosexual. Al mismo tiempo, satanizaron a toda la gente que se opusiera a esto bajo “la etiqueta pseudocientífica de ‘homofóbico’”.

Algo similar sucede con las “mujeres filicidas”, es decir, abortistas. “Bregan por asesinar a su hijo antes de nacer” encubriendo ese crimen como “Interrupción del embarazo”.

“Ninguno de los argumentos propagados por la ideología del género va al corazón del debate, sino que todo se funda en la presunta discriminación existente ante la ausencia de ciertos beneficios que podrían discutirse en otro plano”.

La confederación filicida

Si bien el área que abarca Márquez en este libro es sobre la homosexualidad y el discurso de izquierda, en este capítulo hace una excepción. Toma el tema del feminismo y el aborto, tal como lo hizo Laje en el inicio.

¿Qué es el aborto? Una feminista seguramente respondería que “es la interrupción del embarazo”. Pero para el autor eso es completamente erróneo, ya que la interrupción de algo supone la reanudación en algún momento. Imposible que suceda en un embarazo.

“El aborto es la muerte del concebido. Esta muerte puede ocurrir por causas naturales o por interferencia externa”, dice Nicolás. Si se lo mata antes del nacimiento por la acción o el consentimiento de alguno de los progenitores, es un asesinato. A esto se lo llama filicidio.

Yendo al plano científico, una vez que el embrión fue generado, sólo necesita “nutrición, oxígeno y tiempo para alcanzar la plena maduración de un hombre adulto”. Es decir, desde el momento de la concepción ya es un ser humano.

Para Márquez el verdadero debate pasa no por obligar a la madre a tener un hijo no querido, sino que ocurre que “‘el hijo no querido’ ella ya lo tiene consigo, no es algo de existencia potencial sino actual”. Por más que le pese, “ya lo tiene encima”.

El panorama en Argentina

Ya vimos cómo se fue avanzando el homosexualismo ideológico en Europa y Estados Unidos. ¿Pero qué pasa con nuestro país? Argentina, y especialmente la Ciudad de Buenos Aires, se ha transformado en el “epicentro gay” de Latinoamérica.

Si bien hubo algunos intentos de introducir este pensamiento en los años ‘60, el primer antecedente data del año 1971. Ahí se fundó el “Frente de Liberación Homosexual” (FHL). Fueron los pioneros en entremezclar el marxismo con la sodomía.

Años más tarde, en 1984, se creó la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). De ahí se desprendieron muchas otras organizaciones, además de la creación de nuevas alternativas.

Durante esa época hasta entrados los ‘90, los movimientos homosexuales se dividieron en dos según sus estrategias. Unos apelaron a la ideología de género neomarxista, mientras que otros se enfocaron más en hacer campañas de concientización sobre el SIDA, la “Peste Rosa”.

Márquez explica que desde los ‘90 hasta nuestros días, que el “lobby homosexual” se ensanchó mucho, tornándose complejo.

Los ‘90 fueron los años de esplendor para los travestis, que ganaron lugar y visibilización en la TV y en las “Marchas del Orgullo Gay”.

Para la comunidad homosexual en general, el auge llegó de la mano del kirchnerismo. En el año 2010 se sancionó la ley del “matrimonio igualitario”, lo que le dio al colectivo una gran victoria política.

Gracias a los K, también consiguieron aportes estatales a través de organismos como el INADI o la Secretaría de Derechos Humanos.

La autodestrucción homosexual

El autor remarca que la naturaleza del ser humano son las relaciones sexuales con el ssexo opuesto, con el fin de la reproducción de la especie. Aunque también existen quienes tienen una sexualidad trastornada.

“La relación homosexual es por definición intrascendente y su práctica se reduce al presunto placer que dicen sentir sus cultores”, expresa Márquez.

Si bien cualquiera es libre de practicarla, los datos estadísticos son un claro reflejo del riesgo que tiene la homosexualidad.

Desde 2004 a la fecha los contagios de VIH-SIDA han aumentado un 33% dentro de la comunidad gay. Es cierto que todos tenemos chances de contagiarnos de ese temido virus, pero para el autor los homosexuales poseen muchas más probabilidades.

“Como la homosexualidad está principalmente centrada en la relación sexual, los integrantes del vínculo acaban mayormente transformándose en meros objetos de deseo o en competidores en el mercado de las pasiones genitales”, argumenta.

De esta forma, Márquez deja en claro que la promiscuidad en las relaciones homosexuales “posee guarismos categóricamente más elevados por todo concepto respecto de los vínculos heterosexuales”.

Notas finales

En “El libro negro de la Nueva Izquierda”, los autores de derecha Nicolás Márquez y Agustín Laje dan su punto de vista sobre cómo evolucionó el discurso de la izquierda.

Laje toma la posta en el inicio poniendo en contexto al marxismo. Luego hace hincapié en la lucha feminista y cómo el comunismo fue mutando su mensaje para captar seguidores.

La parte de Márquez está orientada a la homosexualidad, especialmente a la ideología. Narra sucesos mundiales hasta llegar a la situación actual en Argentina.

Consejo de 12min

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¿Quién escribió el libro?

Nicolás Márquez es un escritor y abogado oriundo de Ramos Mejía, Argentina. Fundó y dirige... (Lea mas)

Mientras que Agustín Laje es un politólogo, periodista y escritor nacido en Córdoba, Argentina. Es de i... (Lea mas)