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Buena economía para tiempos difíciles - reseña crítica

Buena economía para tiempos difíciles Reseña crítica
Economía

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9788430622207

Editorial: TAURUS

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

¿Hasta qué punto la economía puede resolver los problemas políticos y sociales? Esther y Abhijit nos muestran la realidad a través de datos concretos, nos enseñan dónde debemos poner el foco y cómo proceder para hacer del mundo actual un lugar más justo. ¡Anímate a descubrir las problemáticas actuales y a saber cuál es nuestro alcance para llevar a cabo el cambio!

Hagamos que la economía sea grande otra vez

El debate público se ha vuelto un ruidoso intercambio de insultos y ya casi no existen los intercambios de opiniones. La civilización, basada en la democracia y el debate, se encuentra amenazada. El trabajo de los científicos sociales es mediar en esas divisiones.

“La democracia puede coexistir con las discrepancias, siempre que los dos lados se respeten. Pero el respeto requiere cierta comprensión”.

Los países alimentan la rabia, la desconfianza y la polarización. Eso nos vuelve incapaces de hablar y pensar juntos.

“Los economistas a menudo tienen muy pocas certezas absolutas que puedan compartir; resuelven problemas con una combinación de intuición basada en la ciencia, suposiciones apoyadas en la experiencia y mucho ensayo y error”. 

Lo peligroso no es equivocarse, sino estar tan enamorado de las ideas propias como para impedir que los hechos se interpongan. Para hacer progresos, tenemos que volver constantemente a los hechos, reconocer nuestros errores y continuar.

Migración

Hay evidencia de que la inmigración de los no cualificados casi no tiene un efecto negativo en los salarios o en las perspectivas laborales de la población nativa.

El modelo de la oferta y la demanda no se puede aplicar de manera directa a la inmigración.

La situación de los cualificados es completamente distinta. Generalmente, las sociedades aceptan sin mayores problemas a los migrantes cualificados. Paradójicamente, hay más posibilidades de que un migrante cualificado reduzca los salarios de los nativos.

Se cree (erróneamente) que llegará una horda de forasteros con culturas e idiomas distintos que amenazan a la cultura de la población nativa. Sin embargo, no existe ninguna prueba a favor de esto. A menos que exista una catástrofe que obligue a las personas a migrar, la gente prefiere permanecer en sus países.

Existen múltiples motivos:

  1. Dificultad de encontrar trabajos decentes
  2. Carecen de contactos
  3. Pérdida de la red de contactos con la que ya cuentan
  4. Miedo a morir en el extranjero
  5. Abandono de la familia
  6. Hacer frente a lo desconocido y a la incertidumbre
  7. El fracaso
  8. Costo de vida elevado en ciudades prósperas

Lo cierto es que las personas prefieren quedarse en casa.

Una prioridad política debe ser fomentar la migración, pero no obligándolos, sino eliminando obstáculos. La movilidad es un medio fundamental a través del cual se pueden igualar las condiciones de vida entre regiones y países, y absorber los altibajos económicos regionales.

La racionalización de todo el proceso y su comunicación más efectiva sería útil para los migrantes, así como facilitar el envío de dinero a sus familias, ofrecer seguros contra el fracaso y ayuda para conseguir vivienda, facilitar su integración, ofrecer empleos antes de migrar, entre otros.

Discriminación

La antipatía por la gente de distinta raza, etnia, género o religión se ha convertido en un sello de identidad que hasta determina a los líderes elegidos. Las personas pueden tener creencias equivocadas, pero no pueden tener preferencias equivocadas.

Los autores hablan de las creencias motivadas, de la discriminación autorreafirmante, del contexto social, de la discriminación estadística, de la lealtad a los grupos, de homofilia, de las redes sociales, la polarización y preferencias sociales, para entender por qué las personas actúan como lo hacen y por qué evitan revisar sus opiniones y valores.

Lo cierto es que “es muy fácil dividir a la sociedad, pero también es posible reunirla para cerrar las heridas creadas por la xenofobia, el racismo, la discriminación, etc.”.

“Solo una política social basada en el respeto por la dignidad del individuo puede ayudar a hacer que el ciudadano medio sea más abierto a ideas de tolerancia”.

La estimulación del contacto inicial podría ser unas de las formas más efectivas para reducir el prejuicio. Si esto es así, las universidades y escuelas, incluso desde la niñez, son fundamentales para fomentar el contacto entre grupos. La familiaridad puede hacer magia.

Sin embargo, el contacto tal vez no sea suficiente para generar tolerancia y puede ser necesario tener también objetivos compartidos.

Crecimiento

El crecimiento de la PTF es, en gran medida, un misterio. No sabemos qué lo impulsa. Tenemos que ir más allá de los modelos y pensar en cómo se usan los recursos.

Pero la calidad de vida significa algo más que el mero consumo.

Un PIB más alto puede ser una manera de proporcionar salud, educación, una voz o sueños a los pobres, pero es sólo una de las maneras, y no se puede presumir que sea siempre la mejor.

Tenemos que centrarnos en los problemas clave y en comprender lo que funciona para solventarlos y en crear políticas centradas en educación, habilidades, emprendimiento, pobreza o salud.

Una gran ventaja de centrarse en intervenciones bien definidas es que estas políticas tienen objetivos mensurables y, por lo tanto, pueden evaluarse de manera directa. Podemos experimentar con ellas, abandonar las que no funcionan y mejorar las que tienen potencial.

Nadie sabe si el crecimiento remontará de nuevo en los países ricos. Pero, mientras tanto, tenemos cosas que hacer; hay mucho que tanto los países pobres como los ricos podrían hacer para eliminar de sus economías las fuentes más atroces de despilfarro.

Aunque tal vez estas acciones no impulsen a los países hacia un crecimiento rápido y permanente, podrían mejorar de manera radical el bienestar de sus ciudadanos. 

Además, aunque no sabemos cuándo comenzará el crecimiento, si es que lo hace, es más probable que, cuando lo haga, los pobres se suban a ese tren si tienen una salud aceptable, saben leer y escribir, y pueden pensar más allá de sus circunstancias inmediatas.

La mejor apuesta para países como, por ejemplo, la India es intentar hacer cosas que mejoren la calidad de vida de sus ciudadanos con los recursos que ya tiene: mejorar la educación, la salud y el funcionamiento de los tribunales y los bancos, y construir mejores infraestructuras.

Cambio climático

El crecimiento económico tiene una implicación inmediata: el cambio climático. La tierra se volverá más cálida, los arrecifes desaparecerán, aumentará el nivel del mar y la tierra cultivable se transformará en desiertos, lo que afectará a muchas personas.

El consenso científico responsabiliza a la actividad humana y sostiene que la única forma de evitar la catástrofe es reducir las emisiones de carbono. La mayor parte de las emisiones se producen en países ricos pero los costes se experimentan en países pobres.

Si no se produce un verdadero cambio hacia un consumo más sostenible, cualquier crecimiento económico futuro tendrá un enorme impacto directo en el cambio climático.

Cuando los ingresos de una persona aumentan un 10%, sus emisiones de CO2 lo hacen un 9%. Por lo que los más ricos generan más CO2 que los pobres.

El aumento de la temperatura trae demasiadas problemáticas y la misma tecnología que nos protege del cambio climático acelera el ritmo de calentamiento. Mejores tecnologías limpias, energía eólica y solar, pueden marcar la diferencia. 

Los gobiernos pueden tomar múltiples medidas, de las cuales tal vez ninguna sea suficiente por sí sola, pero seguro que su combinación mejoraría la situación.

Una combinación de impuestos y regulaciones para contener las emisiones en los países ricos y costear la transición limpia en los países pobres bien puede reducir el crecimiento económico en el país rico, aunque por supuesto no estamos seguros, porque no conocemos las causas del crecimiento.

Innovaciones

Con los robots y la inteligencia artificial, surgió la preocupación por el desempleo y el incremento de la desigualdad. En el futuro nada nos asegura que la recuperación de puestos de trabajo que se reemplacen con nuevas tecnologías se produzca. En el pasado, si bien llevo tiempo, sí se recuperó.

Parte de la automatización es excesiva y deberíamos intentar detener este exceso. Por ejemplo, la automatización excesiva reduce el PIB. La restricción al despido, la prohibición o cargas impositivas a los robots, impuestos al patrimonio, etcétera, son alternativas.

La desigualdad no es una consecuencia de cambios tecnológicos: es el resultado de decisiones políticas.

Cuando es una élite pequeña la que captura la mayoría de los beneficios del crecimiento económico, este puede ser una fórmula para el desastre social.

Deberíamos recelar de cualquier política que se venda en nombre del crecimiento, porque es probable que sea falsa. Tal vez debería asustarnos aún más la posibilidad de que esa política pueda funcionar, porque el crecimiento sólo beneficiará a unos pocos afortunados.

Como sociedad debemos actuar para diseñar políticas que ayuden a las personas a sobrevivir y mantener la dignidad en este mundo desigual. Así, la confianza de los ciudadanos en la capacidad de la sociedad para hacer frente a este problema podría aumentar. Se necesitan diseñar y financiar políticas sociales eficaces con urgencia.

Desigualdad

Si hablamos de desigualdad, el reto se vuelve político: el problema es la poca legitimidad del Estado.

Un impuesto sobre el patrimonio no sólo a los ricos, sino también a la clase media recaudaría más ingresos siempre que se adoptaran medidas para reducir la evasión.

Muchos economistas sostienen que la gente dejará de trabajar si se suben los impuestos. Pero esto no es así. No tiene ningún efecto en que la gente decida trabajar o no.

La gente, por su parte, rechaza los aumentos de impuestos porque se niega a que el estado intervenga. El despilfarro, el valor por la independencia, la falta de cumplimiento, la corrupción, entre otros, generan desconfianza en la gente.

Pero el problema con las intervenciones es que no hay sustituto para el gobierno: este existe para solucionar problemas que ninguna otra institución puede abordar.

Si sólo los menos capaces trabajan en el sector público, tenemos un sector público ineficiente en el que nadie con talento quiere trabajar. Si se asume que la mayoría de la gente que trabaja en el Gobierno es sobornable o perezosa tiene sentido intentar quitarle todo el poder para tomar decisiones.

La batalla contra la creciente desigualdad no se ha ganado aún. Si podemos implicar en serio al mundo en esta búsqueda para rediseñar nuestros programas sociales de modo que sean efectivos y viables políticamente, existe la posibilidad de que la historia recuerde nuestra era con gratitud.

Llamado a la acción

Los autores son muy claros en algo: los pobres no despilfarran ni gastan las ayudas en alcohol. Ellos saben lo que necesitan y una visión integral puede cambiar el panorama. Nos detallan programas que pueden ayudar a mejorar la vida de las personas, sobre todo de las que más necesitan.

Hay que proteger la dignidad de quienes reciben ayuda. Muchas personas, de hecho, rechazan la ayuda social porque no se sienten respetados.

El objetivo de la política social es ayudar a que las personas asimilen los shocks que les afectan sin dejar que estos afecten a la percepción de sí mismas.

Según los autores, la protección social aún tiene un aire victoriano. Muchos políticos se muestran indiferentes ante los pobres y los desfavorecidos. Sostienen que la protección social debe ser repensada y proponen algunas claves sobre cómo llegar a ese lugar.

“La llamada a la acción no es sólo para los economistas académicos; es para todos los que queremos un mundo mejor, más juicioso y más humano. La economía es demasiado importante como para dejársela a los economistas”.

Notas finales

Este libro desmitifica muchas creencias erróneas y nos muestra cuál es nuestro alcance para terminar con la desigualdad, la discriminación, el cambio climático, la antiinmigración, entre otros. Los autores proveen una visión realista sobre las problemáticas de la actualidad.

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¿Quién escribió el libro?

La economista Esther Duflo nació en París en 1972. Es cofundadora y directora del Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab y profesora de Reducción de la Pobreza y... (Lea mas)

Abhijit Banerjee, nacido en 1961, es un economista indio estadounidense. Junto a su esposa Esther Duflo y a Michael Kremer, es ganador del Premio Nobel de E... (Lea mas)