Autobiografía de un titán: John D. Rockefeller - Reseña crítica - John D. Rockefeller
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Autobiografía de un titán: John D. Rockefeller - reseña crítica

Autobiografía de un titán: John D. Rockefeller Reseña crítica Comienza tu prueba gratuita
Biografías y memorias

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

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ISBN: 

Editorial: Independently published

Reseña crítica

Esta autobiografía refleja el perfil que tenía de sí mismo el magnate John D. Rockefeller. Supo construir su fortuna por cuenta propia hasta llegar a dominar el petróleo de la mano de la Standard Oil Company. No sólo repasa el éxito de su empresa más famosa, sino que retrata cómo se crió, cuáles son sus valores y en qué otros rubros invirtió.

Algunos viejos amigos

Si bien puede parecer irrelevante en la historia de su vida, John D. Rockefeller empieza su libro hablando sobre sus amigos y socios.

Señala que sus recuerdos más claros eran los que habían pasado junto a ellos. No habría sido quien fue de no haber compartido esas experiencias.

No menciona a todos los que aprecia, pero sí comienza por John D. Archbold. Fue su gran ladero en el desarrollo de Standard Oil Company.

Al autor lo cautivó la perseverancia de Archbold para intentar convencer a personas de comprar sus barriles de petróleo. No tuvo mucho éxito en el inicio, sin embargo el talento para hacerlo lo tenía.

A lo largo de su trayectoria como empresario, Rockefeller descubrió que en las compañías existen hombres conservadores y otros agresivos.

Por ejemplo, Mr. H. M. Flager estaba del lado de los progresistas. Siempre proponía ideas nuevas y estaba decidido a avanzar. Modernizó toda la costa de Florida a través del ferrocarril y la construcción de lujosos hoteles para atraer turistas.

El ímpetu que tenía hizo que el autor le ofreciera un contrato para trabajar junto a él. Era una amistad basada en el negocio.

Aunque hay diferentes tipos de amigos. Y todos son importantes.

Entre los más generosos aparece S.V. Harkness. Tras un incendio, la empresa perdió una refinería y sus depósitos así que tuvo que construir una nueva de inmediato.

Con este panorama, Rockefeller se presentó ante Harkness para solicitarle un préstamo. Casi sin conocerlo, S.V. optó por hacerse cargo de todos los costos. Si bien el dinero al final no hizo falta, el gesto sorprendió al magnate.

El difícil arte de ganar

Más allá de las amistades, quien marcó desde el principio a Rockefeller fue su padre. Gracias a él pudo ser práctico en la vida.

Le enseñó sobre los diversos negocios que tuvo, sus principios y sus métodos para tener éxito. En tanto que su madre era estricta pero lo ayudó en su primer emprendimiento, la venta de pavos.

Según cuenta, el haber crecido en un hogar de bajos recursos le permitió a la familia estar unida.

Cuando era más grande, Rockefeller evitó la universidad y se anotó en un instituto comercial de Cleveland. Allí aprendió sobre contabilidad y transacciones comerciales.

En septiembre de 1855 consiguió su primer trabajo. Por presenciar reuniones de los jefes, que manejaban una compañía con muchas ramificaciones, adquirió conocimientos muy variados.

Con el paso del tiempo llegó a ser socio de otra empresa luego de una propuesta hecha por un inglés llamado M. B. Clark. Así formaron Clark & Rockefeller.

No obstante, para darle un impulso a su sociedad necesitaron un préstamo. John lo obtuvo luego de dialogar con el banquero T.P. Handy, que terminó transformándose en su amigo.

En el momento que la compañía empezó a crecer, el autor emprendió varios viajes dentro de los Estados Unidos para promocionar los servicios que daba su firma.

Como estaba tan metido en préstamos, estuvo obligado a generar recursos para poder pagar las deudas en tiempo y forma.

Al mismo tiempo, se transformó en un gran solicitante de adelantos bancarios. Logró convencer a todos los bancos de que le otorgaran créditos para potenciar el rendimiento de su empresa.

La Standard Oil Company

Muchas personas dijeron que Rockefeller forzó a sus socios a que se unieran a Standard Oil Company. Sin embargo, el magnate desmintió esa teoría con una pregunta: “¿habría sido posible mantener a tales hombres como socios por toda una vida?”.

Ninguno aguantaría tanto tiempo si para ingresar al negocio sufrieran una estafa.

La petrolera no solo se mantuvo, sino que fue mejorando su eficiencia con el paso del tiempo.

El sistema de funcionamiento siempre fue el mismo: fue paso a paso brindando petróleo, extendiendo sus servicios de las grandes ciudades hasta los pueblos más chicos para llegar a las casas de las personas. Vendieron sus productos de forma directa al consumidor a gran escala.

Esto vino de la mano con la responsabilidad empresarial. En todo ese tiempo, Standard Oil nunca dejó de pagarle a sus proveedores.

Rockefeller sostuvo que las corporaciones llegaron para quedarse y no se equivocó. Para él la gran ventaja de este modelo es el diálogo de un grupo de personas combinado a los capitales.

Además estas sociedades son indispensables para expandir los negocios a lo largo de un país o en varias naciones.

¿El problema? Que algunas pueden llegar a aprovechar su posición para abusar de su poder.

De todos modos, el autor dejó en claro su postura en relación al individuo. “La gran era económica en la que estamos entrando le dará espléndidas oportunidades al joven hombre del futuro”, aseguró.

Las comodidades que tienen a su disposición las personas han crecido en cantidad y calidad. Es posible tomarlo como reflejo de lo que afirmaba Rockefeller.

Por supuesto, el empresario también vio la veta en el plano financiero. Creyó que los extranjeros iban a ver de forma positiva adquirir acciones en compañías norteamericanas. Esto requiere confiar en que éstas son administradas de forma honesta.

John siempre creyó que al empresario estadounidense no lo mueve solo el dinero, sino igualmente la pasión. El secreto está en la avaricia. Las personas de este país son avariciosas y ver el éxito de un tercero enciende esa chispa interior en cada uno.

Otra premisa es que las bases del comercio han perdurado en el tiempo. No se alteran.

Algunas experiencias en el negocio petrolero

A principios de la década de 1860, Clark & Rockefeller hizo su primera incursión en el mundo del petróleo. El grupo abrió una refinería junto a otros socios.

Pocos años después la firma se desintegró y Rockefeller ganó la subasta para quedarse con la industria. Era su inicio oficial en el área.

El magnate se dio cuenta del potencial que tenía en sus manos cuando estableció a la compañía en Ohio. En especial en las ciudades-puerto, donde pudo desarrollar oleoductos.

La Standard Oil Company nació con un capital de $1.000.000 tras la unión de las firmas William Rockefeller & Co., Rockefeller & Andrews, Rockefeller & Co., y S. V. Harkness & Flager más otras.

Aquí se destacaron por la unión de hombres capaces que impulsaron su fortaleza mental para llevar a cabo el trabajo. Fueron más importantes sus personalidades y sus habilidades que las firmas.

Siguieron sumando socios hasta tener un patrimonio valuado en $3.500.000 para 1873. Fueron capaces de esparcir su mercado mejorando y mantener la economía de su producto constantemente.

Como se expandieron, minimizaron las pérdidas. En vez de centralizar todo en una gran planta y que un posible incendio arruinara todo, sacaron ventajas distribuyendo las refinerías a lo largo y ancho de Estados Unidos.

También formaron capital comprando terrenos a muy bajo precio, construyendo plantas en esos lugares para potenciar su valor. Todo con honestidad, cuenta Rockefeller.

Según explica, la postura de la compañía siempre fue sólida y conservadora. Por eso decidió trabajar con su dinero y no cotizar en la bolsa.

Asimismo, logró recibir rebajas por parte del ferrocarril. No sin antes dar algo a cambio. Standard daba compensaciones como trueque para conseguir fletes más baratos. Así consiguió llevar su producto a todo el país.

Aunque entraron en una competencia con los trenes cuando construyeron los oleoductos. Esto permitió transportar el petróleo sin necesidad de acarrear la carga por las vías. Sin embargo, necesitaron combinar los dos tipos porque los oleoductos no llegaban a todas partes.

Otras experiencias de negocios y principios del comercio

El petróleo no fue el único negocio de John Rockefeller. Por ejemplo, estuvo en las minas de hierro.

No obstante, allí no se sintió cómodo porque se vio obligado a entrar por ser un accionista minoritario de las empresas que invirtieron de manera desafortunada ahí. Como no participaba de la administración, quedó afuera de las decisiones.

Hasta que conoció a Mr. Frederick T. Gates. El sentido común de este señor lo ayudó a estudiar en detalle todas las empresas de los negocios paralelos que tenía.

Su análisis hizo que la gran mayoría de las compañías evitara la bancarrota. Además el trabajo hecho por Gates le permitió a Rockefeller elegir de manera correcta en cuáles seguir manteniendo acciones y en cuáles no.

Asimismo, incursionó en las minas de mena. A estas supo explotarlas con su equipo de trabajo pero necesitó poner mucho dinero para construir rieles para llevar los productos a destino.

Cuando tuvieron los rieles en funcionamiento, se lanzaron a los barcos para transportar su propia mena de forma diversificada.

Tuvieron que asesorarse con un competidor, así que para convencerlo lo emplearon. Le encargaron que supervisara la construcción de varios barcos a cambio de $3.000.000.

Con este panorama la organización nunca frenó su crecimiento. Minaban y transportaban ellos mismos, haciendo que el mercado se expandiera rápidamente.

Rockefeller supo elegir muy bien con quien rodearse. Nunca estuvo muy pendiente de los negocios paralelos porque designó a gente capaz y proactiva para realizar las tareas cotidianas.

La compañía minera duró hasta que la United States Steel Corporation compró la tierra, las minas de mena y los barcos. Más allá de que les iba bien, decidieron venderla por la insistencia que tuvo esa firma para poder seguir desarrollando su negocio.

Igualmente se vieron beneficiados porque el pago fue a cambio de acciones, que crecieron cuando la Steel Company se estableció.

El difícil arte de dar

Por último, el autor remarca la importancia de retribuir cosas a la comunidad. Se trata de un deber que encontraba mucho más interesante que invertir.

“Estoy absolutamente seguro de que la posesión de grandes cantidades de dinero no necesariamente trae consigo la felicidad”, decía Rockefeller.

Tal como explica, el placer no pasa por gastar sólo porque se dispone de dinero en las cuentas bancarias.

Tampoco lo es la caridad. John señala que la mejor filantropía que puede practicar un empresario es dar trabajo: “La inversión en esfuerzo, tiempo y dinero en la creación y promoción del empleo de las personas con una remuneración justa, a efectos de que desarrollen sus habilidades y prosperen mediante el empleo de sus propias habilidades.

De esta manera se promueve el bien común.

Las personas que lograron amasar una fortuna a finales del siglo XIX en Estados Unidos siguieron esta filosofía.

Aunque los más generosos son los pobres. Ellos dan servicios, no dinero como los ricos. Si una madre enferma, los hijos la cuidan. O si un hombre pierde el trabajo, sus vecinos le dan de comer a sus hijos.

También es necesario aclarar que en la ayuda la clave es saber ayudarse a uno mismo. “Lo único que puede verdaderamente beneficiar a un hombre en el largo plazo es aquello que él hace por sí mismo”, dijo. Si se reparte dinero sin esfuerzo, la persona no se beneficia.

Resumiendo, Rockefeller consideró que los motores que mueven a la civilización son estos:

  1. Progreso en los medios de subsistencia.
  2. Progreso en gobierno y leyes.
  3. Progreso en la literatura y el lenguaje.
  4. Progreso en la ciencia y la filosofía.
  5. Progreso en el arte.
  6. Progreso en moral y religión.

Notas finales

Escrito por el propio John Davison Rockefeller, esta autobiografía detalla de primera mano cómo fue su vida.

Repasa hechos de la infancia que lo marcaron y qué amistades lo catapultaron hasta ser uno de los hombres más ricos de la historia mundial.

Además la “Autobiografía de un titán: John D. Rockefeller y los secretos de su imperio” narra muy bien cómo se formó la Standard Oil Company.

Cuenta, entre otras cosas, que la mezcla de personalidades interesantes y una filosofía firme fueron las claves para el éxito en la industria del petróleo.

Asimismo, explica en qué otros negocios se animó a invertir, como la minería.

En el final deja un mensaje aplicable aún en nuestros días: la importancia de dar (y cómo hacerlo) para mejorar la sociedad.

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¿Quién escribió el libro?

John Davison Rockefeller (1839-1937, Estados Unidos) está considerado como el hombre más acaudalado de la historia mundial. Amasó su fortuna a través de la industria petroler... (Lea mas)

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