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¿Amar o depender? - reseña crítica

¿Amar o depender? Reseña crítica
Sexo y relaciones

Este microlibro es un resumen / crítica original basada en el libro: 

Disponible para: Lectura online, lectura en nuestras apps para iPhone/Android y envío por PDF/EPUB/MOBI a Amazon Kindle.

ISBN: 9788408063711

Editorial: Zenith

También disponible en audiobook, descarga ahora:


Reseña crítica

El conocido psicólogo Walter Riso invita a reflexionar sobre cómo el apego se disfraza de amor y puede volver miserable la vida de muchas parejas. En su obra brinda perspectivas sobre la dependencia afectiva, cómo esta puede afectar de diferentes formas y lo que podemos hacer para evitarla o vencerla. Un libro que nos enseña que el amor no es desaparecer en el otro, sino integrarse respetuosamente. ¡Vamos allá! 

Entendiendo el apego afectivo

El apego afectivo es la renuncia del autorespeto, del amor propio y de nuestra esencia. “Depender de la persona que se ama es una manera de enterrarse en vida”. El autor asegura en la obra que este fenómeno es una rendición del individuo para preservar las pocas cosas buenas de una relación disfuncional. 

Tradicionalmente se cree que el amor verdadero debe ser adictivo, obediente y subordinado. No obstante, esta es una de las principales causas de la dependencia patológica interpersonal. Las parejas prefieren permanecer juntas en una relación sin sentido y dolorosa.

Riso compara a la persona dependiente con un adicto a las drogas, donde ambos saben que su adicción es dañina pero son incapaces de dejarla.  

Para comprender cómo funciona el apego afectivo el autor desglosa varios aspectos claves, los cuales mencionaremos a continuación.

El deseo no es apego

El deseo por sí solo no es apego. El problema del adicto no es únicamente que le guste la droga, sino su incapacidad de controlarse y dejarla. Lo negativo no es desear algo con todas las fuerzas, lo malo es hacerlo imprescindible para la vida.

El desapego no es indiferencia

Tiende a creerse que desapegarse en una relación es ser indiferente, que no te importe la otra persona, pero la verdad es que no es así. 

Desapegarse es una oda a la libertad, a la no posesividad y a la no adicción. La persona emancipada controla su temor al abandono y mantiene su identidad intacta, sin rozar el egoísmo.

Despegarse no es buscar un sustituto afectivo, más bien es la libertad de promover afecto sin opresión y distanciarse en lo perjudicial. 

El apego desgasta y enferma

Una característica para identificar el apego es que este genera un deterioro energético. La persona afectada está en una constante lucha por retener el motivo de su adicción. 

Pero no todos gastan de la misma forma los recursos disponibles con tal de mantener su fuente de gratificación. Hay dos claros patrones de comportamiento que destacan.

  • Los activo-dependientes: son adictos celosos e hipervigilantes, que pueden tener ataques de ira y agredir físicamente o llamar la atención de forma inadecuada (esto incluye intentos de suicidio). 
  • Los pasivo-dependientes: son adictos sumisos, tranquilos y obedientes para ser percibidos como llevaderos y no ser abandonados. Estos pueden recurrir a estrategias inesperadas y peligrosas. 

Enfermo, castrado, incapacitado, degradado, sometido, deprimido, estresado, asustado y cansado, es este el perfil de una persona adicta afectivamente. 

Inmadurez emocional

El apego afecta a quienes son emocionalmente, personas con una visión ingenua e intolerante ante la vida. Individuos con dificultades abismales para pararse ante el dolor, el fracaso y la incertidumbre.

Esta inmadurez produce incapacidad para controlarse y para valerse por sí mismo. 

Según Riso, la inmadurez emocional posee tres manifestaciones relacionadas al apego afectivo: bajos umbrales para el sufrimiento, baja tolerancia a la frustración y una ilusión de permanencia.

¿A qué cosas nos apegamos?

Para que el apego afectivo esté presente debe existir algo que lo justifique: evitar el dolor o mantener una fuente de satisfacción. Nadie se aferra al sufrimiento por el sufrimiento en sí.

“El filósofo busca iluminación; el monje flagelante, redención; el suicida, remedio”. En caso del adicto afectivo, puede deberse a una de las siguientes razones. 

Apego a la seguridad o protección

El primer elemento descrito es el apego a la seguridad. Los adictos necesitan a alguien más fuerte a nivel psicológico que pueda hacerse cargo de ellos. 

La vida en la mente de estas personas es concebida como difícil y cruel, por lo que el motivo de apego es tener una pareja capaz de enfrentar la amenazadora realidad y brindarles la sensación de protección. En una relación así no se busca amor, ternura o sexo, lo importante es sobrevivir. 

La necesidad de estar a salvo es capaz de sobreponerse a otros aspectos importantes de una relación. 

El sujeto adicto a la seguridad o protección tiene baja autoeficacia, miedo al desamparo y apego a la fuente de seguridad interpersonal. 

Apego a la estabilidad o confiabilidad

Una compulsiva búsqueda de estabilidad en la relación está anclada a un miedo paralizante ante al abandono. Esto no significa que desear una relación estable sea apego, pero la obsesión ante una ruptura lo es. 

Aquellos apegados a la estabilidad o confiabilidad convierten estas características en una necesidad para reducir el miedo a una hipotética separación. A tal punto que son capaces de soportar o ignorar comportamientos tóxicos del otro. 

Estos sujetos son vulnerables ante una ruptura afectiva, le temen al abandono y son adictos a las señales de permanencia. 

Apego a las manifestaciones de afecto

En este tipo de apego no se busca evitar la ruptura, más bien sentirse amado. Son personas que prefieren una separación con amor en vez de un matrimonio sin afecto. 

No es lo mismo que te agrade ser amado a quedar adherido a las manifestaciones de afecto. La fuente de este problema reside en el poco amor propio que poseen. Son capaces de perdonar cualquier cosa en una pareja porque “nadie amaría a alguien como ellos”. 

Los apegados a las manifestaciones de afecto tienen baja autoestima y le temen al desamor. 

Apego a la admiración

El adicto a la admiración es una persona que tiene un concepto negativo de sí mismo, a tal punto de no reconocer sus talentos o virtudes. Esto hace que se maravillen al ver que alguien más los nota. 

La carencia no es de amor, pero sí de adulación y reconocimiento. Exaltar el ego de una persona que se cree poca cosa es como ofrecer un elixir afrodisíaco, que pocos querrán dejar. 

No importa si una relación no tiene futuro o si la vida de pareja es un sin sabor, mientras haya adulación el apego les mantendrá unidos. Los adictos a la admiración tienen un bajo autoconcepto y un miedo paralizante a la desaprobación o al desprecio. 

Previniendo el apego afectivo

La adicción puede evitarse bajo ciertas circunstancias y acciones, como la de iniciar un proceso de independencia personal. 

Para lograr evitar el apego se deben poner en práctica tres principios fundamentales, estos fomentan un estilo de vida donde la libertad psicológica es un pilar fundamental.

El principio de la exploración

El miedo a lo desconocido es algo capaz de generar apego. Alguien con inmadurez emocional no quiere arriesgarse porque el riesgo mismo le incomoda. Nunca pondrían en peligro su fuente de placer o seguridad.

Aferrarse al pasado, a las tradiciones o a una relación dañina les parece más aceptable que lidiar con el estado de lucha y el sufrimiento que ocurre tras una ruptura o durante el mismo proceso de desapego.

Para contrarrestar esto, el autor recomienda explorar opciones de placer que no estén ligadas al sujeto de apego. Descubrir nuevas cosas, aficiones, actividades o motivaciones. La felicidad no se encuentra en un solo punto, sino que está dispersa y siempre accesible.

Es posible amar a tu pareja profundamente y al mismo tiempo disfrutar de una película en soledad, de salir con tus amigos, de escuchar un audiolibro, de pintar, de devorar un helado, de ir a un museo o de conocer gente nueva. 

El principio de autonomía

Cuando la razón de apego es miedo al abandono, una de las formas de evitar sufrirlo es adquiriendo confianza en uno mismo y perdiendo el miedo a la soledad. 

Practicar un estilo de vida orientado a la libertad personal desarrolla en el individuo tres atributos psicoafectivos importantes: defensa de la territorialidad, un mejor uso de la soledad y autosuficiencia. 

Cada persona necesita su espacio personal para desarrollar sus metas y aficiones. Los adictos afectivos, por el contrario, se sobreponen a sus parejas hasta el punto de ser opresores u oprimidos. 

Aquel que tiene presente el principio de autonomía y defiende su territorio, no permite que el apego emocional cruce. 

Lo mismo sucede con la soledad, desde un punto de vista cognitivo esta favorece a la autoobservación y métodos más efectivos de relajación y meditación. Para desapegarse es necesario dejar de temerle. 

Cuando una persona es autosuficiente, tiene su espacio y no teme a estar solo, su vida gira en torno a la libertad. Y un individuo libre difícilmente se apegue o se mantenga en una relación cuesta arriba. 

El principio del sentido de la vida

¿Nunca has pensado que estamos vivos por una razón? De tan pocas posibilidades de existir, tú tienes la oportunidad. 

Todos poseemos talentos naturales con los cuales llegar a grandes cosas. La autorrealización está en la palma de tu mano, y si el apego a una relación que no funciona te aleja de ello, ¿no vale la pena cambiar?

¿Es necesario mantener una adicción afectiva cuando hay tantas emociones, sensaciones y metas a tu alcance? “Exaltar la vida interior ayuda a desprenderse de los lastres del apego”, expresa Walter Riso. 

Las cosas mundanas, como la adicción afectiva, pasan a un segundo plano cuando hay una visión más completa y profunda de la vida. El sufrimiento es visto como algo natural; no se soporta más el dolor, sino que este se diluye.

Venciendo el apego afectivo

Mantenerse en una relación afectiva enfermiza de la cual no se puede o no se quiere escapar, termina por ser una tortura pseudoamorosa que afecta la salud mental y física. Todo el sistema psicológico se adormece y comienza a trabajar al servicio de la adicción, haciéndola más fuerte e imposible de frenar. 

El autor asegura que además de prevenir el apego, este se puede vencer siempre y cuando el adicto busque hacerlo. Estos son los principios que ponen al apego en jaque-mate. 

El principio del realismo afectivo

Un adicto afectivo es capaz de idealizar, sesgar, negar, justificar, olvidar, ilusionarse y hasta decir mentiras con tal de mantener a la persona que dice amar. Si buscas vencer al apego lo primero que debes hacer es ver la relación tal y como es. 

No significa ser críticos destructivos de nuestra pareja, pero sí analizar con honestidad y crudeza el vínculo que tenemos. Se debe partir de lo que es verdad en nuestra vida amorosa y no de lo que nos gustaría que fuese. 

El principio del autorrespeto y la dignidad personal

Uno de los principales problemas en una persona que sufre de apego es que su autoestima y autoapreciación es baja, no posee dignidad. Es capaz de cambiar todo de sí para alegrar al otro. 

Para erradicar la adicción afectiva es necesario amarse a sí mismo, a tus capacidades, habilidades, a tu esencia. Reconocer que tú, como cualquier otra persona, merece lo mejor. 

En una relación se debe convivir con un equilibrio del dar y recibir, de lo contrario está destinada a fracasar. Si alguien te lastima, física o emocionalmente, no te merece.  

El principio del autocontrol consistente

Cuando se trata de una situación de apego emocional lo mejor es alejarse de aquello a lo que somos adictos y poner todo nuestro esfuerzo en el autocontrol. 

Entre más droga recibe un adicto, más dependencia crea. Al punto de no haber límites. Si tener a la causa de tu apego cerca te impide salir de la situación tóxica, lo mejor es cortar todo contacto. 

Una gran forma de promover el autocontrol es buscando amigos que estén completamente de tu parte y que te digan lo que necesitas escuchar para no regresar al pasado jamás. 

Notas finales

“¿Amar o depender?” nos enseña que a pesar de que en la sociedad se diga que el amor es hasta la muerte y que nuestro apego a la pareja es un concepto romántico, no es más que una situación trágica donde el adicto es capaz de perder su esencia con tal de retener una ilusión que solo enferma su cuerpo y su mente. 

Pero también muestra que amar sin apego es amar sin miedos, es amor propio, autorrespeto, autocontrol, es mantener una actitud realista frente a una relación de pareja y hasta la exploración de nuestra propia existencia. Este es el momento de amar a tu pareja plenamente y sin angustias. 

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¿Quién escribió el libro?

Es doctor en Psicología, especializado en terapia cognitiva y bioética, y con una trayectoria como psicólogo clínico de más de 30 años. Su nombre es conocido alrededor del mundo debido a la... (Lea mas)